¡Hola Meloni!, ¿chau Bolsonaro? y por aquí..., jueces se necesitan

Si Lula puede cumplir con lo que señalan las encuestas, Italia y Brasil pasarán a ser en poco tiempo más dos paradigmas simultáneos de los regresos de las derechas y las izquierdas al poder, bajo el tono populista de los tiempos. Aun sin esperar a ver cómo funcionan los nuevos gobiernos, ambos deberían ser también dos espejos en los que debería mirarse la Argentina, no para copiar políticas, porque quienes llegan a cada gobierno las van a determinar en función de lo que crean apropiado para cada sociedad, sino en cuanto a que los dos países supieron combatir sus males con las leyes en la mano, tarea esencial que el seudodisruptivo espíritu de los argentinos ha tirado por la borda.

Más que políticos, a esta altura de sus males, por estas tierras se necesitan jueces y fiscales insobornables que pongan lo que pusieron quienes combatieron a las Brigadas Rojas, la Propaganda Due, las mafias o la corrupción política y empresarial, como en Italia o en el Lava Jato brasileño. La película "Argentina 1985" muestra cómo también aquí cuando se quiso, se pudo y cómo, luego de ese hito, todo fue un tobogán hacia la actual anomia. En estos días de permanentes transgresiones a las leyes, la sociedad hubiese necesitado ver a más de un funcionario judicial con una papeleta en la mano frente a las escuelas tomadas por alumnos que sirven a proyectos políticos, los bloqueos de las plantas de neumáticos, los acampes en las calles, los predios intrusados en Villa Mascardi o aún cuando se llegó al asalto de un piso completo del ministerio de Trabajo, todo por fuera de lo permitido. Símbolo de la anarquía fueron los barras-brava de Talleres de Córdoba despejando con violencia un piquete instalado en una Ruta Nacional en Santa Fe que nadie desactivaba.

Ya hace mucho que los políticos le tienen miedo a la palabra "represión" y se han entregado al no hacer; mucho más, si no hay quienes los conminen al cumplimiento de la Ley. El actual Gobierno se la pasa atacando al Poder Judicial, desmereciéndolo y acusando a los jueces de ser cómplices de las estructuras, sólo porque sus fallos no le sientan al poder. Lamentablemente, todo esto es parte de la Argentina degradada de estos nuevos años '20 modelo siglo XXI, que no tienen el glamour del siglo pasado pero sí la presencia de notorias miserabilidades a cada paso. Un lugar donde los supuestos custodios de las leyes y de la Constitución, asustados por mucho menos que en aquellos casos tan pesados de Italia y de Brasil, brillan por su ausencia, mientras que en esa omisión, se han convertido en cómplices necesarios de la decadencia.

También en la política local han vuelto a instalarse con fuerza esos dos mismos conceptos que ya parecían gastados, el de las izquierdas y el de las derechas, que son los que hoy le dan marco a los reacomodamientos internos de quienes van a pelear por las candidaturas en 2023 y sirven para ver mejor la ubicación de los contendientes (papel, lápiz y flechas se recomiendan). Ya se verá luego en la cancha si finalmente hay correspondencia entre lo que profesa cada uno y lo que podrían llegar a hacer quienes gobiernen para restaurar la confianza y frenar la inflación por ejemplo, sin seguridad de que los vientos que mueven tan fácilmente a la Justicia o a la sociedad de hoy les permitan acompañar a pleno cualquier proceso de cambio.

Más allá del condimento de la desilusión ciudadana que todos omiten y que reemplazan por nuevos fuegos artificiales, el reacomodamiento por alas está generando cuatro notorios bloques (la izquierda, el kirchnerismo, Juntos por el Cambio y los liberales) a su vez muy transversales todos, con posibles uniones en todos los sentidos, ya que dentro de cada una de las coaliciones se notan afinidades entre socios que podrían dar lugar a nuevos sub-bloques, aun asumiendo que desde ahora hasta las elecciones no va a haber desprendimientos por rupturas. Un primer panorama sobre cómo podría quedar el tablero puede ser el que sigue, haciendo la salvedad que, aunque también hay alas diversas en su conformación actual, el tradicional verticalismo peronista es siempre un obstáculo para delinear varios polos de poder:

La izquierda: en el espectro, es la manifestación porcentualmente menor, pero la situación económica le ha permitido mostrarse a los dirigentes políticos, sindicales y barriales en el copamiento de la calle, más allá de que las encuestas los dan en alza, sobre todo en el Conurbano y a expensas del kirchnerismo. La Unidad Piquetera y el protagonismo del gremio del Neumático, ambas situaciones con consignas radicalizadas que buscan atender a quienes más sufren la situación económica, fueron en estos días un elemento de visualización clave dirigido a los más desesperanzados, quienes casi siempre han votado al peronismo, ofensiva que ha terminado de poner en guardia a la vicepresidenta y a los caciques sindicales.

El Frente de Todos: alguna vez, Cristina Kirchner dijo: "a mi izquierda la pared", una frase que, como tantas otras no es verídica, ya que el peronismo ha representado siempre una vertiente más bien conservadora, teñida de progresismo con Néstor Kirchner y francamente populista en los dos gobiernos de la actual vicepresidenta. La interna del oficialismo está que arde y en ese juego de "tres para perder", el ministro de Economía, el Jefe del Estado y su vice observan cómo les corre el reloj rumbo a las elecciones del año próximo, mientras se profundiza el deterioro político porque, además, lo económico y lo social siguen en terapia intensiva.

Aquellos dichos de Cristina tampoco son hoy tan así porque es justamente por izquierda que se le están fugando muchos votos al peronismo, cosa que su sentido de supervivencia política le ha indicado. Los índices de pobreza e indigencia le sirvieron para ponerse en escena para que, como gran redentora de pobres, ella pida el 28/9 algo que ya estaba contemplado en el DNU 576/22 del 5/9 que puso en vigencia del dólar-soja: "una prestación monetaria extraordinaria no contributiva y de alcance nacional que asegure una adecuada alimentación para las personas en situación de extrema vulnerabilidad". La vicepresidenta pareció hacerse la enojada con Sergio Massa, pero lo cierto es que buscó quedar bien con esos votantes que puede estar perdiendo al reclamarle a Economía algo que ya estaba previsto. "Diseñar un instrumento que refuerce la seguridad alimentaria en materia de indigencia" fue su frase en Twitter. Oportunismo puro.

Esos mensajes indujeron a pensar que Cristina le había empezado a poner límites a Massa, quien se ubica en un ala más pragmática que liberal, pero ciertamente bastante corrido a la derecha del Instituto Patria. Con su misión de hacer un ajuste que se note lo menos posible y mientras Alberto Fernández cumple casi una función similar a la que tienen los presidentes de regímenes parlamentarios y ha quedado por ahora en una más que desdibujada posición, el ministro de Economía hace equilibrios entre el establishment, su preferencia por los Estados Unidos y la vicepresidenta, mientras busca quedar bien con todos, su especialidad.

Massa y su número dos, Gabriel Rubinstein, han dado una señal muy fuerte contra el Credo oficial que le echa la culpa de los aumentos de precios a los empresarios ya que, mientras Cristina acusaba a las alimenticias de haber "aumentado muy fuertemente sus márgenes de rentabilidad", en línea con lo que pregona la izquierda, el viceministro le contestó: "La culpa del desorden cambiario, las altísimas brechas, la obligación a financiarse a 180 días para importar, cupos, etc., etc., no la tienen las empresas. Es nuestra responsabilidad (gobierno) que todo esto mejore" dijo contra el sesgo kicillofeano que impregna a la vicepresidenta.

Justamente, para que Cristina pueda mantenerse como senadora por la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof parece que ser por ahora el elegido para ir en busca de la reelección allí porque es el que más mide, pese a que los intendentes peronistas no se cansan de cuestionarlo. Es demasiado ideológico para ellos y no entiende muy bien el sistema caudillesco de los municipios, ya que él prefiere formas asamblearias. Los feudos de la Tercera Sección Electoral, castigados por su inacción ante la pobreza, la droga y la inseguridad sobre todo, hoy registran una fuerte presencia de punteros de la izquierda, mientras que, desde el otro lado, las encuestas dicen que, tal como sucedió en 2021 en los barrios pobres del Sur de la CABA, le han aparecido al FdeT muchos votantes libertarios que amenazan con quitarle la hegemonía al peronismo, algo que los jefes comunales piensan compensar con "el aparato".

En cuanto a la tercera pata del Movimiento, la sindical, se la observa irremediablemente desunida. La CGT orgánica se muestra a veces cerca del Presidente pero está divorciada por siempre de Cristina y no puede garantizar siquiera presencia en las calles el 17 de octubre. Los amenazantes dichos de Pablo Moyano (que va y viene con el kirchnerismo) han sido muy elocuentes para mostrarse más duro que la izquierda: "si las empresas no hacen una propuesta seria, la paritaria de Neumáticos será un poroto frente a la de Camioneros".

Otro factor de poder dentro del peronismo son los gobernadores, quienes pueden incidir en la elección general siempre y cuando no se los moleste demasiado en sus distritos y reciban fondos suficientes de la Nación, aunque surgidos de interminables apretadas. Hasta ahora, las provincias en general temen que las elecciones unificadas les resten votos para cuidar el pago chico, algo similar a lo que ocurre con los intendentes bonaerenses. Si pudieran, desdoblarían los comicios. La suspensión de las PASO es otro cantar y allí no tendrían problemas en hacerle levantar la mano a diputados y a senadores propios para que la voten, ya que eliminar las Primarias perjudica especialmente a la oposición.

Juntos por el Cambio: con una conformación más horizontal, si las candidaturas no se pueden dirimir en internas abiertas, la coalición opositora se expone a fracturas que beneficiarían al oficialismo. La gran novedad en este conglomerado es que, más allá de los partidos de origen, los sectores de centro-izquierda que dicen ser más dialoguistas (Horacio Rodríguez Larreta, Gerardo Morales, Martín Lousteau, entre otros y seguramente el grueso de la Coalición Cívica, junto a algunos dirigentes del peronismo más tradicional hoy dentro del PRO), tienen más afinidades verticales entre sí que las que pueden darse dentro de sus mismos partidos.

Otro tanto ocurre, con los sectores que se dicen republicanos, volcados hacia posturas más liberales del PRO y de la UCR, quienes podrían buscar unirse en torno a políticas más duras. Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo, Miguel Pichetto y Ricardo López Murphy son casi cuatro aliados naturales de esa espectro, quienes podrían contar con la bendición de Mauricio Macri, aunque éste dijo que para "jugar" quiere ver primero qué sector garantiza el cambio. De modo más que ambiguo, el ex presidente de momento está tanteando para ver si se suma o no como candidato o si finalmente va a salir a apoyar al que más lo conforme.

Los liberales: el polo más a la derecha los tiene a José Luis Espert y sobre todo a Javier Milei como referentes, el segundo con posturas más disruptivas de combate a la "casta" que han calado muy hondo en muchos votantes. Espert está en el borde izquierdo del espacio y se encabalga horizontalmente con el borde derecho de Juntos por lo cual no sería extraño que haya acercamientos para unir fuerzas, mientras que el fenómeno del libertario la ha dado un espacio mucho más amplio que hoy lo pone, según algunos encuestadores, en ayuda del FdeT ya que su presencia en la torta le resta votos a JxC. En cuanto a sus políticas, hasta ahora son un misterio, ya que el economista ha tirado varios caminos a abordar, aunque muchos de ellos son de casi imposible concreción.

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