Enfoque

El PJ se suma a la ecuación Fernández+Fernández

La gran incógnita en las semanas previas a las elecciones era qué porcentaje de votantes perdería la coalición gobernante luego de casi dos años de gestión signados por la pandemia y una crítica situación económica . ¿Seguiría siendo la coalición electoral exitosa que dio lugar al Frente de Todos? ¿Se convertiría en Unidad Ciudadana, la fuerza que liderada por Cristina Fernández de Kirchner perdió las elecciones legislativas de 2017?

Si bien no podemos hablar aún de un resultado definitivo, la primera etapa de este año electoral ha sido categórica. El Frente de Todos fue menos aún que Unidad Ciudadana y eso generó un terremoto político del que todavía no se conocen todas sus consecuencias, pero que causó cambios profundos en el gabinete presidencial y en el del gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Los cambios de gabinete deben ser entendidos como un giro significativo en la coalición de gobierno. La ecuación Fernández+Fernández representaba el cálculo electoral con el que el kirchnerismo lograba seducir a sectores moderados y desencantados con la política económica de Macri. La nueva aritmética del poder se expresa ahora Fernández+Fernández+Peronismo territorial. Ya no se busca seducir al electorado escéptico sino una solución al problema de la gobernabilidad de la coalición en el poder.

Esta nueva relación de fuerzas representa un cambio inédito desde la aparición del kirchnerismo en la escena nacional. Nunca antes las relaciones fueron tan simétricas entre este espacio político y los líderes territoriales del peronismo, aunque aún están por verse los resultados de esta nueva particular cohabitación entre Cristina Kirchner y el peronismo federal.

Mas allá de los fuertes debates internos en la fuerza gobernante, las razones del resultado son múltiples. La situación económica atravesada principalmente por la cuestión inflacionaria es sin duda uno de los principales factores explicativos según aparece en todas las encuestas. Probablemente, también haya influido una evaluación social crítica de algunos aspectos sobre como se enfrentó la pandemia, especialmente en lo que refiere a la duración de la cuarentena y sobre todo a la falta de presencialidad en las escuelas. Otros errores forzados, y no tanto, culminaron de macerar un clima pre electoral que hacía poco probable un triunfo oficialista. Desde diciembre del 2020 un número creciente de ciudadanos le asignaba al Presidente Fernández la responsabilidad sobre la situación económica, quedando cada vez más lejos la chance de asignar culpas a la herencia recibida. De ahí a la derrota había un paso nada mas.

Lo cierto es que también los votantes participaron menos de los que lo hicieron en elecciones pasadas, y no menos cierto es que muchos de los no concurrentes fueron votantes del Frente de Todos en 2019. Un estudio señala que en provincia de Buenos Aires el oficialismo perdió aproximadamente un millón y medio de votos, de los cuales novecientos mil directamente no concurrieron a votar.

Es un error conceptual considerar a los no concurrentes a las PASO como votantes del Frente de Todos. En varias oportunidades en los últimos 12 años el peronismo, en su versión post-2003, obtuvo números que se ubicaron entre el 30% y el 40% en elecciones legislativas e incluso en elecciones presidenciales (2015 por caso, cuando obtuvo 37%). Como nos muestran las últimas elecciones en Alemania, la poderosa socialdemocracia de aquel país o la coalición demócrata-social cristiana han descendido en el porcentaje de votantes que les son fieles. Estas fuerzas obtenían el 80% de los sufragios en la década del 90' y hoy apenas suman el 50% entre ambas. En España sucede algo similar con el PSOE y el PP. No se trata de un fenómeno local la pérdida de peso de los bipartidismos tradicionales, aunque es cierto que el peronismo se ha demostrado más sólido que el radicalismo al momento de retener votantes, al menos hasta ahora.

Para ser realistas hay que recordar que solo en tres oportunidades, votantes que se habían alejado del espacio kirchnerista se volvieron a acercar. Luego de la derrota del año 2009 frente a Francisco De Narváez vino un año extraordinario en términos económicos y el fallecimiento de Néstor Kirchner. Bajo esas condiciones, en 2011 la Presidenta se reeligió con el 54% de los votos. La segunda oportunidad fue en el ballottage de 2015, en el que si bien no alcanzó para que Daniel Scioli se impusiera a Mauricio Macri, el resultado fue más estrecho de lo esperado. Sin dudas el miedo a lo que Macri pudiera representar operó como factor aglutinador. La tercera oportunidad fue en 2019, en el que el factor aglutinador fue que Macri no siguiera en el Gobierno.

Acorde a los nuevos tiempos, un gabinete hiperactivo liderado por Juan Manzur trabaja para tratar de revertir el resultado electoral. Los esfuerzos irán desde el contacto personalizado, las redes sociales, y por supuesto un paquete de incentivos que incluyen aumentos salariales, excepciones de ganancias, mejoras en subsidios y planes.

Sin embargo, si el Gobierno no construye un vector que sea el eje convocante que movilice emocionalmente al votante, entonces el esfuerzo de la elección va a descansar en lo que cada gobernador o intendente pueda realizar de manera individual. Es difícil pensar que solo por ese camino se pueda dar vuelta el resultado de septiembre.

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