OPINIÓN

Alberto acata la gestión sanitaria de Kicillof

En 1989 en China comenzó un movimiento de protesta liderado por estudiantes, al que luego se sumaron trabajadores e intelectuales. Los jóvenes chinos al grito de libertad y democracia acamparon durante días en la Plaza de Tiananmén. La noche del 3 de junio de aquel año, los tanques del Ejército Popular de Liberación se dirigieron hacia la Puerta de la paz Celestial. Antes del amanecer los blindados aplastaron la incipiente Primavera de Pekín. Cientos de jóvenes fueron masacrados. La Ciudad Prohibida se erigía como testigo eterno.

Los movimientos estudiantiles han sido en la historia un elemento muy poderoso de transformación. En la Argentina hoy emerge un nuevo sujeto político. La familia, aquella que representa los intereses de sus hijos: los estudiantes.

Padres y alumnos se convirtieron en un actor de poder. Protagonizaron las protestas contra el cierre de escuelas impuesto por el gobierno nacional. Primero en los balcones, luego en las plazas, más tarde en la Residencia de Olivos, también en la Casa Rosada.

Alberto Fernández tomó la medida sin consensuar con el jefe de Gobierno porteño. Creyó que era un gesto de autoridad. Faltó que golpeara su puño sobre la mesa. Un error político imperdonable. Le regaló a Larreta una bandera inestimable: la de la educación y la libertad. El espacio opositor ahora corre al Presidente por izquierda. Intolerable para el ideario del Instituto Patria.

Este viernes vence el DNU que impone las normas de cierre. Nadie duda de que será reemplazado por otro más restrictivo. La Ciudad convalidará las medidas que se adopten, pero no entregará la bandera educativa por ahora. Del otro lado de la General Paz, braman contra "el Pelado" por su intransigencia en este tema. Les resulta intolerable haberle entregado el discurso "progresista" a la derecha.

La política sanitaria, desde que se fue Ginés González García no la maneja el ministerio de Salud de la Nación. Lo hace el tándem Gollán- Kreplak, junto con el gobernador Axel Kicillof y la supervisión de Cristina Kirchner.

Un ejemplo es el reparto de vacunas. Las dosis se distribuyen entre los distritos según su densidad poblacional. Primer error nunca subsanado. Hay sitios que pueden tener en su conformación social más cantidad de población de riesgo que otros. Tal es el caso de Ciudad de Buenos Aires, con mayor cantidad de adultos mayores y personal de salud.

Por cantidad de habitantes a la Capital le otorgan el 7% de cada lote que llega. Durante la gestión de Ginés, se rearmaba la distribución para llegar al 10% y compensar la deficiencia en el reparto, sin necesidad de modificar ninguna norma. Con la sola espalda y juego propio, el ex Ministro lo resolvía.

Desde que asumió Carla Vizzotti eso ya no sucede. Su gestión está intervenida. Auditada constantemente por sus pares de la provincia de Buenos Aires que considerarían una traición imperdonable entregar una vacuna de más al enemigo.

El AMBA es un sujeto jurídico inexistente, sin embargo se ha convertido en una herramienta política muy conveniente para Axel Kicillof. La provincia de Buenos Aires, con su compleja conformación social, especialmente en el conurbano es incontrolable ¿Cómo confinar a aquellos que salen para garantizarse el sustento diario?

Cristina controla su principal bastión electoral, el único que puede garantizarle su continuidad en el poder. Teme el colapso sanitario y también la eventual sublevación a medidas extremas de confinamiento.

Sergio Berni, "su soldado", lo sabe. El ministro de Seguridad bonaerense ya instruyó a sus subordinados para que sólo persuadan. En lenguaje llano "hacer la vista gorda". Eso se evidencia en las populosas ferias del conurbano y atestados medios de transporte cotidianamente.

El discurso unificado es hablar de la Capital Federal como el distrito desde el cual se irradia el virus. Un error conceptual que convalida hoy la comunidad científica. En marzo del año pasado cuando la pandemia comenzaba podía hablarse en esos términos. Hoy ya con circulación comunitaria en todo el país, eso no sucede, salvo que hablemos de alguna cepa nueva. Los datos científicos ya no importan.

La administración sanitaria la maneja Axel Kicillof, primero el relato, luego la gestión. Alberto Fernández acata.

El Presidente lo entendió rápido. No se puede hacer más peronismo en la Capital, hay que hacer kirchnerismo. Es decir, pasar a la contraofensiva. Se despertaron rápido, luego de algunas semanas de permanecer aturdidos. Primero fue Santiago Cafiero diciendo que nunca estuvo vedado para gobernadores o intendentes acceder a la compra de vacunas, el mensaje era para la Ciudad de Buenos Aires.

Luego el anuncio de Alberto Fernández de obturar la presencialidad escolar sin consensuar con Larreta. Más tarde convalidar la judicialización de la medida y unificar el discurso con Kicillof, Gollán y Kreplak.

La semana pasada en un acto en Santa Fe, el Presidente afirmó: "Todo empezó en la Ciudad, se extendió al área metropolitana de Buenos Aires y de allí al resto del país". La ofensiva siguió con el aporte de Luana Volnovich quien envió listas desactualizadas de afiliados de PAMI y mostró vacunatorios vacíos en la Capital luego de que le dieran turnos a personas ya fallecidas, entre otras irregularidades. Y el último viernes una "espontánea" movilización en la sede de Uspallata le reclamaba a Larreta mayor conectividad en la ciudad.

La dirigencia muestra sus mezquindades, el problema ya no es su falta de grandeza. Es más tangible. Le pedimos camas en los hospitales y vacunas para nuestra población de riesgo.

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