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Finalmente se confirmó lo que hacía meses se venía especulando: León XIV llegará a la Argentina en noviembre. El flamante Papa estará en el país entre el 8 y el 11, con escalas en Buenos Aires, Córdoba y Luján. Será la primera visita de un Pontífice en casi cuatro décadas: la última tuvo lugar en abril de 1987 y con un protagonista singular: Juan Pablo II.

Al polaco Karol Wojtyła se lo conoció como el “Papa peregrino” porque recorrió el mundo como ningún otro pontífice antes. Visitó 129 países durante sus 26 años de pontificado, llevando la palabra de la Iglesia a rincones que sus predecesores jamás habían pisado, desde África hasta Oceanía.

Aquella vocación viajera tuvo en la Argentina uno de sus capítulos más intensos. La gira de 1987 dejó cifras que todavía impresionan: 26 discursos pronunciados en apenas seis días, cerca de cuatro millones de personas que lo vieron en persona y un récord de 10 ciudades visitadas en una sola gira.

Ese registro solo sería superado en 1991, cuando Juan Pablo II visitó su Polonia natal. Para un país que en ese momento buscaba reconstruir su tejido social tras la última dictadura militar, la magnitud del recorrido tuvo un peso simbólico que excedió lo estrictamente religioso.

De arranque, un gesto que quedaría grabado en la memoria colectiva

El avión papal aterrizó en el Aeroparque Jorge Newbery el 6 de abril de 1987, a las cuatro de la tarde. Apenas descendió, el Papa besó el suelo argentino, un gesto que se convirtió en una de las imágenes más recordadas de la visita, y que repetiría en cada país que pisaba por primera vez.

Télam

Lo esperaba el entonces presidente Raúl Alfonsín, quien lo recibió en la Casa Rosada y le obsequió un rosario de plata y rodocrosita, la piedra nacional. Desde el histórico balcón, ambos saludaron a una Plaza de Mayo colmada, en una escena que marcaría el tono de los días siguientes.

A partir de ahí comenzó una verdadera maratón logística. En solo seis días, Juan Pablo II recorrió Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario, además de sobrevolar Luján y cerrar su periplo con un acto multitudinario en la mismísima avenida 9 de Julio.

Hubo jornadas en las que el Pontífice atravesó hasta cuatro provincias en menos de 13 horas, casi sin descanso. Cada parada tuvo un sentido pastoral propio: habló al mundo rural en Bahía Blanca, ponderó la labor de los misioneros en Viedma y rezó por la paz en Mendoza.

La Gaceta (Tucumán)

En Tucumán evocó el rol histórico de la provincia en la gesta de la Independencia. En Salta recibió el tradicional poncho rojo y negro de manos del gobernador Roberto Romero, un obsequio que terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos más recordados de toda la gira papal.

En Corrientes, un temporal amenazó con suspender los actos previstos, pero miles de fieles permanecieron bajo la lluvia esperando su llegada. Finalmente el Papa pudo arribar y les dedicó una bendición especial a quienes resistieron el mal clima, en otro de los momentos más celebrados por la prensa de la época.

El sábado 11 de abril, Juan Pablo II voló desde Buenos Aires hasta Rosario, donde celebró una misa frente al río Paraná ante más de trescientas mil personas reunidas junto al Monumento a la Bandera. Su homilía estuvo dedicada esa vez a la misión de los laicos dentro de la Iglesia.

Télam

Sobrevuelo fuera de agenda y cierre en la avenida más ancha del mundo

Fue en el vuelo de regreso hacia Buenos Aires cuando ocurrió uno de los episodios más recordados de toda la visita. Monseñor Eduardo Martínez Somalo se acercó a la cabina para transmitirle al comandante Alberto Vianna un pedido expreso del propio Pontífice: quería sobrevolar la Basílica de Luján.

El piloto solicitó autorización para descender por debajo de los trescientos metros de altura y así completar el pedido papal. Mientras el avión sobrevolaba el santuario mariano, Juan Pablo II reunió a los cardenales que lo acompañaban y rezó el Rosario junto a ellos, mirando desde el aire el principal templo mariano del país.

El cierre de la gira llegó al día siguiente, el domingo 12 de abril, cuando cerca de un millón de personas colmaron la avenida 9 de Julio. Allí se celebró la misa del Domingo de Ramos junto a la Segunda Jornada Mundial de la Juventud, la primera realizada fuera de Roma.

Télam

En el altar montado sobre la avenida más ancha del mundo se colocó la imagen original de la Virgen de Luján, que un grupo de jóvenes había trasladado en procesión desde la Basílica. El presidente Alfonsín presenció la ceremonia, y Juan Pablo II entregó cinco crucifijos representando a los cinco continentes.

Antes de rezar el Ángelus, el Pontífice consagró nuevamente a la Argentina bajo la advocación de la Virgen de Luján. Luego se trasladó hasta la sede de la Conferencia Episcopal Argentina, en la calle Suipacha, donde inauguró el nuevo edificio y compartió un almuerzo con los obispos del país.

La gira dejó, además, anécdotas que humanizaron al Pontífice ante los argentinos. En Córdoba, por ejemplo, había previsto un saludo breve a un grupo de enfermos, pero decidió recorrer los pasillos uno por uno. De noche, desde el balcón del Arzobispado, bromeó con la multitud que seguía cantando pasada la medianoche.

Aquella semana de abril de 1987 quedó grabada como un momento de comunión nacional, en un país que todavía procesaba las heridas de la dictadura y la guerra de Malvinas. La imagen de millones de argentinos reunidos en torno a la figura papal transmitió, al menos por unos días, una sensación de unidad poco frecuente en la época.

Sin embargo, esa algarabía tuvo una vida muy breve. Apenas tres días después de la partida del Papa, el 15 de abril de 1987, estalló el primer levantamiento militar “carapintada”, liderado por el teniente coronel Aldo Rico en el cuartel de Campo de Mayo.

El movimiento insurreccional puso en jaque al gobierno de Raúl Alfonsín durante la Semana Santa de ese año y desembocó en una negociación tensa que el propio presidente resolvió con su célebre discurso desde el balcón de la Casa Rosada. La foto de la unidad nacional que había dejado la visita papal quedó rápidamente eclipsada por una nueva crisis institucional.

Hoy, casi cuatro décadas después, la Argentina se prepara para recibir a otro Pontífice. León XIV llegará en noviembre, en medio de un contexto político y social muy distinto, pero con la memoria de aquella gira histórica de 1987 como referencia obligada de lo que puede significar, para el país, la visita de un Papa.