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El ajo es uno de los ingredientes más utilizados en la cocina y también es objeto de investigaciones por sus posibles beneficios para la salud cardiovascular.

Una revisión científica reciente encontró que su consumo puede contribuir a mejorar los niveles de colesterol y reducir la presión arterial, dos factores relacionados con el riesgo de enfermedades del corazón.

El trabajo, publicado en la revista Nutrition Reviews, reunió los resultados de 108 ensayos clínicos aleatorizados con un total de 7137 participantes adultos.

El ajo puede ayudar a reducir el colesterol LDL

Uno de los principales hallazgos de la revisión fue una disminución del colesterol total y del colesterol LDL, conocido como colesterol “malo” por su relación con la acumulación de placas en las arterias.

Al reunir los resultados de los ensayos clínicos, los investigadores observaron una reducción promedio de 5,90 miligramos por decilitro en el colesterol LDL y de 10,21 miligramos por decilitro en el colesterol total en los grupos que recibieron intervenciones con ajo, en comparación con los grupos de referencia.

El análisis también registró una disminución de los triglicéridos y un aumento moderado del colesterol HDL, conocido como colesterol “bueno”.

Estos resultados sugieren que el ajo podría contribuir a mejorar el perfil lipídico, aunque la magnitud del efecto puede variar según las características de los participantes, la intervención utilizada y la duración del tratamiento.

El ajo es objeto de investigaciones por sus posibles beneficios para la salud cardiovascular. Un análisis de 108 ensayos clínicos encontró reducciones promedio del colesterol LDL y del colesterol total.
El ajo es objeto de investigaciones por sus posibles beneficios para la salud cardiovascular. Un análisis de 108 ensayos clínicos encontró reducciones promedio del colesterol LDL y del colesterol total.Fuente: ShutterstockShutterstock

Qué efecto puede tener el ajo sobre la presión arterial

La revisión también encontró una reducción de la presión arterial sistólica y diastólica entre los participantes que recibieron intervenciones con ajo.

En promedio, la presión sistólica disminuyó 3,71 milímetros de mercurio (mmHg), mientras que la diastólica bajó 1,97 mmHg.

Se trata de cambios modestos que pueden ser relevantes dentro de una estrategia integral de cuidado cardiovascular, especialmente en personas con factores de riesgo.

Sin embargo, estos resultados no permiten afirmar que el ajo pueda reemplazar los tratamientos indicados para la hipertensión. Tampoco garantizan que una persona que lo incorpore a su alimentación experimente una disminución similar de la presión arterial.

El estudio también encontró cambios en la glucosa y la inflamación

Los beneficios potenciales identificados en la revisión no se limitaron al colesterol y la presión arterial. Los investigadores también observaron variaciones favorables en algunos indicadores relacionados con el metabolismo de la glucosa y la inflamación.

Entre los resultados se encontró una reducción promedio de 2,77 mg/dL en la glucosa en ayunas y de determinados marcadores inflamatorios, como la proteína C reactiva.

Además, el análisis registró cambios en indicadores relacionados con la resistencia a la insulina y el estrés oxidativo, procesos que intervienen en distintas funciones del organismo.

Los resultados también mostraron una disminución moderada de la presión arterial.
Los resultados también mostraron una disminución moderada de la presión arterial.

Cómo incorporar ajo a la alimentación y qué precauciones tener

El ajo puede incorporarse a una alimentación variada en preparaciones como verduras, salsas, sopas y aderezos. Su uso como ingrediente culinario permite sumar sabor a las comidas, pero no existe una cantidad diaria de ajo crudo establecida por este estudio que garantice los beneficios observados.

Es importante distinguir entre el ajo utilizado para cocinar, los preparados de ajo y los suplementos concentrados. Las dosis y las formas de administración pueden ser diferentes, por lo que los resultados de los ensayos clínicos no deben trasladarse automáticamente al consumo cotidiano.

También conviene tener precaución con los suplementos, ya que pueden causar molestias digestivas y aumentar el riesgo de sangrado, especialmente en personas que toman medicamentos anticoagulantes o antiagregantes.

En caso de tener colesterol elevado o hipertensión, el ajo puede formar parte de una alimentación saludable, pero no reemplaza los controles médicos ni los medicamentos recetados.