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El proyecto integrado por BHP y Lundin Mining estima desembolsar más de u$s 7100 millones solamente en su primera etapa.
La iniciativa que reúne los depósitos Josemaría y Filo del Sol podría producir cobre, oro y plata durante más de siete décadas, aunque el desarrollo completo se ejecutará de manera gradual.

El tamaño del proyecto podría modificar la escala de la actividad durante las próximas décadas. Vicuña proyecta una inversión inicial superior a u$s 7100 millones y desembolsos acumulados cercanos a los u$s 18.000 millones para completar sus tres etapas de desarrollo.
El número ubica a la iniciativa entre las mayores inversiones productivas previstas para la Argentina. Sin embargo, no se trata de un desembolso inmediato ni de una única obra concentrada en el tiempo.
En términos macroeconómicos, el atractivo central de Vicuña reside en su potencial exportador. La producción promedio proyectada de 395.000 toneladas anuales de cobre durante los primeros 25 años convertiría al complejo en una fuente relevante de divisas.
La Argentina cuenta actualmente con producción limitada de cobre, pese a disponer de recursos de gran escala en la Cordillera.
La puesta en marcha de proyectos como Vicuña podría modificar esa situación y sumar un nuevo complejo exportador junto con el petróleo, el gas, el agro y el litio.
El cobre, además, ocupa un lugar creciente en las inversiones vinculadas con redes eléctricas, energías renovables, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento.

El precio internacional del cobre, la evolución de los costos, el acceso al financiamiento y la estabilidad del marco regulatorio serán variables determinantes.
También lo será la capacidad de desarrollar la infraestructura necesaria sin generar cuellos de botella en energía, agua, logística y transporte.
Las etapas
El esquema planteado por las compañías divide el desarrollo en etapas y busca acompasar la construcción de infraestructura, la incorporación de trabajadores y la contratación de proveedores con la evolución operativa del yacimiento.
La magnitud del proyecto se explica por los recursos minerales existentes en el distrito. Está entre la provincia de San Juan y la Región de Atacama, en Chile. Vicuña surge de la integración de Josemaría y Filo del Sol. Al ser dos depósitos que las compañías consideran complementarios.Al ser desarrollados en conjunto, permiten compartir infraestructura y extender el horizonte productivo.
Según la empresa, durante sus primeros 25 años de operación, tendría capacidad para producir un promedio anual de 395.000 toneladas de cobre, 711.000 onzas de oro y 22,2 millones de onzas de plata.
Son volúmenes que colocan al cobre en el centro del proyecto.
El principal activo de Vicuña no es solamente el tamaño de un depósito puntual, sino la posibilidad de desarrollar sucesivamente diferentes cuerpos minerales durante varias décadas. Esa característica es la que sostiene la proyección de una inversión cercana a los u$s 18.000 millones para el desarrollo integral.

La primera etapa estará concentrada en Josemaría. Allí se destinará la inversión inicial superior a u$s 7100 millones y se construirá buena parte de la infraestructura que permitirá poner en marcha el complejo.
Una segunda fase estará vinculada con los óxidos de Filo del Sol, mientras que la tercera se enfocará en los recursos sulfurados y en las obras adicionales necesarias para ampliar la operación.
La empresa busca evitar que toda la inversión deba realizarse antes de obtener producción. El desarrollo escalonado permitiría poner en funcionamiento un primer núcleo operativo y, posteriormente, incorporar nuevos recursos y capacidad de procesamiento.
Ese formato también reduce el riesgo de ejecutar de una sola vez un megaproyecto de u$s 18.000 millones en una zona cordillerana, con necesidades significativas de energía, transporte, caminos, logística y servicios.
La incorporación de Vicuña al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones representa un paso relevante para el esquema financiero. Le otorga al proyecto un marco fiscal, aduanero y cambiario pensado para inversiones de gran escala y con una extensa maduración.
El verdadero impacto económico, sin embargo, dependerá del ritmo efectivo de ejecución.
Los trabajos
Vicuña ya comenzó algunos trabajos preparatorios correspondientes a la primera etapa. Durante los últimos meses, la compañía incorporó una flota propia de camiones fuera de ruta con capacidad de 40 toneladas.
Los equipos están destinados a realizar los primeros movimientos de suelo, preparar el terreno donde se instalaría la futura planta concentradora y mejorar los caminos internos del proyecto.

La llegada de la flota permitió iniciar una operación continua durante las 24 horas. Aunque todavía se trata de tareas preliminares, el movimiento marca el paso desde una etapa concentrada principalmente en estudios y exploración hacia otra con mayor actividad física en el terreno.
La futura planta concentradora será uno de los componentes centrales del complejo. Allí se procesará el mineral extraído para obtener concentrados con contenido de cobre y otros metales, antes de su comercialización o tratamiento posterior.
La energía aparece entre los principales requerimientos. En ese sentido, Vicuña obtuvo un aval del regulador del Estado nacional.
La compañía aseguró que la infraestructura será financiada íntegramente por el proyecto y que los costos no serán trasladados a los usuarios del sistema eléctrico.
La inversión proyectada también comenzará a reflejarse en la contratación de bienes y servicios. Actualmente, Vicuña trabaja con una red de 245 proveedores: 45 corresponden a bienes y 200 a servicios.
San Juan concentra 150 de esas empresas, equivalentes al 61% de la red. Otro 35,1% corresponde a compañías del resto de la Argentina y solamente un 3,7% son proveedores internacionales.

Los megaproyectos mineros suelen requerir equipos y tecnologías que no siempre se fabrican en el país. Por eso, uno de los principales desafíos será ampliar la capacidad de las empresas argentinas para competir en segmentos de mayor valor agregado, más allá de los servicios tradicionales de logística, transporte, mantenimiento y construcción.
El desarrollo por etapas puede favorecer ese proceso. Al distribuir la demanda durante varios años, permite que los proveedores acompañen el crecimiento del proyecto.
Por esa razón, las cifras de inversión deben leerse como estimaciones asociadas al desarrollo integral previsto y no como capital ya ejecutado.
Empleo
El proyecto emplea actualmente a 2743 personas a nivel global. De ese total, 2580 trabajan en la operación argentina.
La estructura está compuesta por 617 empleados directos y 1963 trabajadores contratados a través de otras empresas.
La construcción suele concentrar el mayor número de trabajadores, mientras que la operación posterior requiere una dotación menor, pero más estable y con mayor especialización técnica.

Más del 15% de la primera dotación de operadores son mujeres. El porcentaje todavía es minoritario, pero representa una incorporación gradual a tareas operativas históricamente dominadas por hombres.
La posibilidad de producir durante más de siete décadas transforma al proyecto en una iniciativa de largo plazo, menos vinculada con un único ciclo de precios.
Si las tres etapas se ejecutan, el efecto podría extenderse durante varias generaciones, tanto por la duración de la operación como por la infraestructura y las capacidades empresariales que quedarían instaladas.
El desafío pasa ahora por convertir ese potencial geológico en un proyecto económica, técnica y ambientalmente ejecutable.
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