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En los últimos años, el interés de los compradores comenzó a desplazarse desde las propiedades amplias hacia opciones más pequeñas, funcionales y accesibles. La tendencia se refleja tanto en los nuevos desarrollos de departamentos de pocos metros cuadrados, pero con amenities y espacios comunes, como en casas compactas pensadas para aprovechar al máximo cada ambiente.
En este nuevo escenario aparecen las tiny houses, viviendas de dimensiones reducidas que buscan resolver las necesidades básicas de una persona o una pareja en una superficie pequeña. El concepto, que también puede aplicarse a casas de fin de semana o unidades destinadas al alquiler temporario, empieza a encontrar un lugar dentro del mercado inmobiliario argentino.
Pero el fenómeno va más allá de una cuestión de tamaño. “Las viviendas más chicas están creciendo porque hay dos fuerzas que se encontraron: por un lado, cada vez es más difícil acceder a muchos metros cuadrados y, por otro, también está cambiando la forma en que vivimos”, explicó Juan Manuel Tapiola, CEO de Spazios, en diálogo con El Cronista.
Por qué ya no importan los metros cuadrados
Según Tapiola, uno de los factores que explican el cambio es la transformación de los hogares. Hay más personas que viven solas, parejas sin hijos y personas que vuelven a vivir solas después de una separación. A esto se suma una mayor valoración de la flexibilidad y de espacios que puedan adaptarse a distintas necesidades.

Al mismo tiempo, acceder a una propiedad grande se volvió más difícil para una parte de los compradores. El aumento de los costos de construcción y del valor del metro cuadrado obliga a buscar alternativas que permitan reducir el desembolso inicial.
En este contexto, una vivienda de pocos metros puede convertirse en una excelente opción. “Para mucha gente, una propiedad de 20 metros cuadrados (o menos) bien resuelta puede ser mucho más interesante que esperar años para poder acceder a una vivienda más grande”, sostiene el especialista.
La tendencia también se refleja en los nuevos edificios. Los llamados “departamentos ampliados” buscan compensar una menor cantidad de metros privados con amenities y espacios comunes que extienden las posibilidades de uso. Así, una unidad pequeña puede sumar parrillas, SUM, espacios de trabajo, gimnasios, jardines y otros servicios sin necesidad de incorporarlos dentro del departamento.
Según Tapiola, estos espacios permiten “disfrutar de algo parecido a una propiedad grande, pero sin los costos y el mantenimiento de esto”.
Qué son las tiny houses y qué impulsa su demanda
Las tiny houses son viviendas pequeñas diseñadas para maximizar cada metro disponible. Aunque no existe una medida única, suelen caracterizarse por ofrecer una superficie compacta que integra todos los espacios esenciales de una vivienda tradicional mediante soluciones inteligentes de diseño.
Su crecimiento está impulsado por distintos perfiles de compradores. Entre ellos aparecen jóvenes que buscan independizarse, personas que viven solas, parejas sin hijos e inversores interesados en ingresar al mercado.
“Lo interesante es que todos tienen algo en común: buscan conseguir el mejor uso posible de los metros que pueden pagar”, destacó Tapiola.

Además, el especialista remarcó que estas viviendas cuentan con una ventaja adicional vinculada a su construcción. Los sistemas industrializados y modulares permiten reducir los tiempos de obra y, en algunos casos, también los costos de desarrollo.
Por ese motivo, las tiny houses comenzaron a ganar presencia en proyectos turísticos, complejos de fin de semana y emprendimientos destinados a la renta temporaria.
“El mercado está pasando de vender solamente metros cuadrados a vender una determinada forma de vivir. Y eso explica por qué una unidad pequeña puede ser atractiva si está bien pensada y tiene un ticket de entrada accesible”, sostuvo.
Tiny houses: ¿moda pasajera o tendencia que llegó para quedarse?
Aunque las tiny houses todavía aparecen como una propuesta relativamente nueva dentro del mercado inmobiliario, Tapiola considera que el fenómeno responde a un cambio más profundo y no solamente a una moda.
“No lo veo como una moda pasajera, aunque tampoco creo que las tiny houses vayan a reemplazar a la vivienda tradicional”, afirmó.
A su entender, lo que sí parece consolidarse es una tendencia más amplia hacia viviendas más eficientes, accesibles y flexibles, impulsada tanto por restricciones económicas como por cambios demográficos y culturales.

En ese sentido, el futuro de las viviendas compactas dependerá de una variable clave: su capacidad para ofrecer un precio de entrada accesible sin resignar calidad, ubicación y funcionalidad.
“La señal que va a determinar su evolución es muy sencilla: si estos productos consiguen combinar un ticket de entrada accesible con buena calidad, ubicación, funcionalidad y una alternativa de salida para el inversor, van a seguir creciendo”, indicó.
También señaló que será importante seguir de cerca el avance de la construcción industrializada, los marcos regulatorios y las opciones de financiamiento disponibles para este tipo de desarrollos.
Aun así, para Tapiola el verdadero cambio es más profundo que el crecimiento de las viviendas compactas en sí mismas. “Necesitamos inventar propiedades que permitan que más personas puedan convertirse en dueñas”, concluye Tapiola. “La vivienda compacta es una de las respuestas que está encontrando el mercado a ese desafío”.

Por Rosario Sabato
Redactora
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