Durante más de una década, la agenda de sustentabilidad creció fuertemente alrededor del mundo. Con cada vez más estándares, más certificaciones, más herramientas y más expectativas los objetivos eran cada vez más altos. Pero ese mismo crecimiento llevó en sí el origen de su propia fragilidad. Hoy, académicos y referentes del sector describen un momento de transición que no implica el fin de los temas de fondo, sino el agotamiento de un modelo de expansión que fue más rápido que la capacidad real para asimilarlo.
Sebastián Bigorito, director ejecutivo del Consejo Empresario para el Desarrollo Sostenible, describió: “En los últimos 15 años hubo un ciclo de crecimiento de esta agenda en el cual hubo un desarrollo de herramientas, instrumentos, estándares y certificaciones que fue un crecimiento armónico, hasta que hubo más superposición, más oferta que demanda”.
Ese desacople, sumado a lo que Bigorito llama una “inflación narrativa”, generó un sobrepeso sobre la propia agenda. “Esa inflación narrativa no jugó a favor, pero explicó un clima de época”, señaló. Cuando llegó el shock geopolítico, la estructura ya estaba debilitada: “No es que creó el fin de una agenda; aceleró el fin de un ciclo expansivo”, afirmó.
Gabriel Berger, profesor de la Escuela de Negocios y director del CIS de la Universidad de San Andrés, aportó otra dimensión del problema. “Algunos quizás empujaron el concepto de sustentabilidad muy lejos; lo sobredimensionaron y le pusieron una exigencia difícil de cumplir”, señaló. Para Berger, los cambios geopolíticos y la polarización global contribuyeron a replantear los términos del debate, pero los temas centrales no desaparecen: “Es una agenda que no desaparece, pero está en un proceso de reequilibrio”, afirmó. El retroceso visible en temas como diversidad, equidad e inclusión responde, según el académico, a un efecto dominó de procesos políticos, más que a un rechazo genuino a los valores que los sostienen.
La pelea por un lugar dentro de las organizaciones
Jaqueline Pels, fundadora y directora del Espacio de Negocios Inclusivos (ENI) de la Universidad Di Tella, detalló cuál sería la solución a este gran cambio que se esta dando en la materia. Explicó que el problema no es la agenda en sí, sino el lugar que ocupa dentro de las organizaciones. “En la medida en que lo pensamos como agenda, siempre vamos a tener un problema. Si lo podemos pensar como corazón del negocio, se resuelven muchísimas cosas”, planteó.
Para Pels, cuando la sustentabilidad deja de ser un compromiso externo y pasa a ser una oportunidad de negocios, el debate cambia de naturaleza. “Tenemos datos de que una de cada dos personas en el planeta está de alguna manera excluida de productos y servicios. Entonces, si se desarrollan productos y servicios para incluir a la gente, ya no es agenda. Es negocio”, afirmó, y citó como ejemplos los celulares y los códigos QR, tecnologías que generaron inclusión financiera y comunicacional sin que nadie las pensara como instrumentos sustentables.










