La irrupción de la inteligencia artificial en las aulas ya no es un debate a futuro, sino una realidad que ya convive en el día a dia de la mayoría de los centros educativos del mundo. En el marco del AI Summit 2026 organizado la semana pasada por El Cronista y revista Apertura, referentes del ámbito educativo coincidieron en que el sistema enfrenta un cambio de paradigma radical donde la velocidad de adopción tecnológica obliga a repensar qué significa aprender.
Según Diego López Yse, creador del Proyecto Eleva en la UTN, “dos de cada tres chicos ya usan herramientas de IA solo para tareas escolares”. El golpe de realidad exige que el sistema no espere soluciones externas, sino que tome las riendas de la transformación.
El riesgo de delegar el pensamiento
Para Pablo Aristizábal, CEO de FlexFlix, el riesgo central reside en la “atrofia cognitiva” que puede generar la delegación absoluta del pensamiento en la máquina. “IA no tiene que ser inteligencia artificial, sino que tiene que ser inteligencia aumentada“, dijo el empresario.
Si pasamos de que sea nuestro copiloto a que sea el piloto, matamos el concepto de aprender a ser porque dejo de pensar, advirtió. Aristizábal subrayó la urgencia de construir una “soberanía cognitiva” que permita a los alumnos usar la tecnología sin perder su capacidad biológica de razonar.
Aprender de los errores de las redes sociales
Por su parte, Daniela Buján, cofundadora de Auroria, trazó un paralelismo con el impacto histórico de las redes sociales. “Tenemos hoy el manual del desastre; no podemos repetir la historia de esperar a ver qué pasa en diez años. La evidencia muestra que los chicos que usan IA delegando el pensamiento tienen una actividad cerebral de hasta un 55% menos“, señaló. Buján defendió el uso de “modos socráticos” en las herramientas educativas, donde la IA no entregue la respuesta servida, sino que actúe como un asistente que guía el proceso de aprendizaje.
Un nuevo rol para docentes y alumnos
Desde la UTN, López Yse destacó que el contacto con la información ahora está mediado por sistemas que sintetizan todo en una misma interfaz. “Ya no relacionamos fuentes; ahora nos habla un sistema. Sin formación, la capacidad de cuestionar se ve reducida abismalmente“, explicó.
Los panelistas concluyeron que el docente debe transformarse en un “orquestador” que diseñe “clases generativas curriculares”. El éxito de este paradigma dependerá de generar una “buena fricción” cognitiva: un desafío pedagógico donde la tecnología potencie el conocimiento humano en lugar de sustituirlo por una respuesta automatizada.










