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En México, el 92% de los empleados reportó haber experimentado síntomas de burnout durante el último año, según el estudio Panorama del bienestar en las empresas 2026 de Wellhub. La cifra confirma que el desgaste emocional ya afecta a la mayoría de la fuerza laboral mexicana. Sin embargo, la respuesta más frecuente sigue siendo la misma: pedirle al trabajador que sea más resiliente, que medite, que se tome unos días libres.

Esa lógica es exactamente lo que Christina Maslach, profesora emérita de Psicología de la Universidad de California, Berkeley, lleva décadas cuestionando. Su metáfora es directa: un pepino no se convierte en pepinillo por sí solo. Lo transforma el entorno en el que está sumergido. La investigadora, autora del instrumento de medición del burnout más utilizado en el mundo, sostiene que la pregunta correcta no es qué le pasa al trabajador, sino qué tipo de entorno lo rodea.

Por qué el entorno laboral transforma a las personas, según Christina Maslach

Maslach define el burnout como un fenómeno ocupacional que resulta del estrés laboral crónico no gestionado. Se caracteriza por tres tipos de síntomas: agotamiento de energía, desapego o cinismo hacia el trabajo, y una sensación real o percibida de menor eficacia profesional.

Su investigación más reciente apunta a que el burnout tiene tanto que ver con las condiciones del trabajo como con los factores personales. Cuando hay un desajuste entre una persona y su puesto, el riesgo aumenta. Es, en definitiva, un problema de relación entre el trabajador y el lugar de trabajo. Maslach y su coautor Michael Leiter identifican seis formas de desajuste: sobrecarga de trabajo, falta de control, ausencia de recompensa, deterioro de la comunidad, falta de equidad y conflicto de valores.

El pepinillo no eligió la salmuera. Maslach lo usa para explicar por qué culpar al empleado agotado es hacerle la pregunta al revés.
El pepinillo no eligió la salmuera. Maslach lo usa para explicar por qué culpar al empleado agotado es hacerle la pregunta al revés.Fuente: ShutterstockShutterstock

¿Por qué seguimos culpando al empleado en vez de mirar a la empresa?

A pesar de décadas de investigación, la tendencia sigue siendo medicalizar el burnout como una enfermedad o un defecto individual. El mensaje implícito es: “¿Qué te pasa? Tienes que arreglarlo tú.” Y no se presta suficiente atención a los factores de estrés laboral crónicos del entorno.

En The Burnout Challenge (Harvard University Press, 2022), Maslach y Leiter argumentan que las soluciones al agotamiento profesional suelen culpabilizar a la víctima. El burnout es una señal de que el lugar de trabajo falla, no el trabajador. La propuesta del libro es concreta: medir bien, escuchar a los equipos y rediseñar el trabajo con criterio.

Qué dicen los datos en México: un problema estructural sin respuesta estructural

México es uno de los países con mayor prevalencia del síndrome de burnout a nivel global. El 75% de los trabajadores sufre fatiga por estrés laboral agudo y el 27% enfrenta estrés crónico, según datos de OCC Mundial 2024 y la Organización Mundial de la Salud. El costo del burnout, junto con el ausentismo y la baja productividad que genera, podría representar pérdidas de hasta 16 mil millones de pesos al año para las empresas mexicanas.

Solo tres de cada 10 empresas en México gestionan activamente la salud mental laboral, según el informe regional de Mercer Marsh Benefits 2025. El 70% no cuenta con políticas claras contra la violencia o el estrés en el trabajo, y nueve de cada 10 no dispone de protocolos para la reincorporación de trabajadores con antecedentes de trastornos psicológicos. El pepino lleva años en la salmuera. La pregunta que plantea Maslach sigue sin respuesta: ¿quién cambió el entorno?