

La guerra entre Estados Unidos e Irán entró en una nueva fase y amplió el radio de impacto. Israel lanzó ataques sobre el Líbano en respuesta a acciones de Hezbolá, mientras Teherán mantiene una ofensiva con misiles y drones contra países del Golfo que alojan bases militares norteamericanas.
En paralelo, se produjo un incidente que dejó en evidencia el nivel de tensión regional: Kuwait derribó por error tres cazas estadounidenses F-15E durante un ataque iraní. Los seis tripulantes lograron eyectarse y fueron rescatados con vida, según informó el Comando Central de EE.UU.
Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump advirtió que la operación podría extenderse durante varias semanas. El escenario se volvió aún más incierto tras la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamaneí, en los primeros días de la ofensiva conjunta entre Washington e Israel.
El impacto ya se traslada a la economía global. El tránsito por el Estrecho de Ormuz, clave porque por allí pasa cerca del 20% del petróleo mundial, quedó prácticamente paralizado, lo que impulsó una fuerte suba del crudo y alteró el comercio energético.
Con más de 1.200 objetivos atacados en Irán y seis militares estadounidenses muertos en represalias, la escalada también abre un frente interno en Estados Unidos. El aumento del precio del combustible y el bajo respaldo social a la ofensiva empiezan a sumar presión política en un año electoral.
En los mercados internacionales, la escalada ya se traduce en alta volatilidad. El petróleo registra fuertes subas ante el riesgo de interrupciones en el suministro desde el Golfo, mientras inversores migran hacia activos considerados refugio, como el oro y los bonos del Tesoro estadounidense. Las bolsas operan con caídas en Asia y Europa, en un clima de cautela ante la posibilidad de que el conflicto derive en una guerra regional de mayor escala.















