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Agustín Gore se instaló en San Javier y, junto a su amigo Gustavo Mutio, convirtió una técnica milenaria en un proyecto que combina barro, tecnología e impresión 3D.

Así nació Barrobot, una de las pocas iniciativas en el mundo que utiliza una impresora 3D de gran escala para construir estructuras con tierra, paja, arena y otros materiales naturales.

La historia fue compartida a través de un video del canal de YouTube @CrónicasdelCambio-DMR, donde Agustín explicó cómo funciona el proyecto y cuál es el objetivo detrás de una máquina de aproximadamente cuatro metros de altura.

Por ahora, el sistema se utiliza principalmente para levantar domos y estructuras experimentales, pero sus creadores apuntan a llevar la tecnología hacia la construcción de viviendas de hasta 80 metros cuadrados.

La idea es aprovechar las posibilidades del barro para crear casas más accesibles, reutilizables y sustentables.

Barro, paja y excremento de caballo: la particular mezcla que alimenta a la impresora 3D

“Acá empieza la magia”, cuenta mientras explica cómo prepara el material que utiliza Barrobot. La mezcla combina paja, arcilla, arena, agua y excremento de caballo, un componente que, según explicó, ayuda a plastificar el barro y mejorar sus propiedades para que pueda ser utilizado por la máquina.

La estructura resultante no depende de materiales industriales como el hormigón. Toda la construcción busca mantenerse dentro de una lógica de materiales naturales y reutilizables.

Toda la estructura va a ser arena, tierra y paja”, explicó el creador del proyecto.

Uno de los puntos que más destacan sus impulsores es precisamente la posibilidad de reciclar el material. A diferencia de una obra tradicional, donde buena parte de los desperdicios terminan descartados, el barro puede volver a ser parte del proceso.

Como el barro es reciclable, imprimimos todo de corrido y cuando queremos hacer las aberturas las recortamos después y ese material lo reciclamos”, explicó.

De esta manera, el mismo material puede utilizarse, retirarse y volver a incorporarse a la mezcla.

Una impresora de cuatro metros que construye capa por capa y permite cambiar el diseño

Barrobot nació después de la pandemia y fue desarrollado prácticamente desde cero por Agustín Gore y Gustavo Mutio en San Javier, Córdoba. “Lo hicimos a pulmón”, confeso.

La máquina funciona bajo un principio similar que el de una impresora 3D convencional, aunque llevada a una escala arquitectónica. Su estructura metálica tiene aproximadamente cuatro metros de altura y utiliza tecnología CNC y servomotores para controlar los movimientos en los ejes X, Y y Z.

El proceso comienza con un diseño digital. El software envía las instrucciones a la máquina y la impresora deposita sucesivas capas de barro hasta formar las paredes y la estructura.

Una de las ventajas que encuentran sus creadores es que el sistema permite modificar la construcción durante el proceso. También pueden dejar previstas instalaciones o intervenir posteriormente sobre las paredes sin tener que descartar todo el material.

La máquina todavía está en una etapa de desarrollo y los primeros trabajos se concentraron en domos con forma de cúpula, una decisión que también estuvo vinculada a las limitaciones presupuestarias de los comienzos.

Según detalló, llevan aproximadamente 100 horas netas de impresión para completar cada domo, aunque el tiempo total de una construcción depende también de otras etapas del proceso.

El verdadero objetivo de Barrobot: convertir una técnica ancestral en una solución habitacional

El proyecto va mucho más allá de la construcción de casas de barro. El objetivo es automatizar una de las técnicas constructivas más antiguas y, al mismo tiempo, explorar una alternativa frente al creciente problema habitacional.

Una de las principales ventajas que destacan sus creadores es la versatilidad del barro. Este material permite desarrollar formas y diseños difíciles de conseguir con los métodos de construcción tradicionales. Con la incorporación de la impresión 3D, esa característica puede aprovecharse para levantar estructuras curvas de manera automatizada y con mayor precisión.

Actualmente, la máquina ya puede utilizarse para desarrollar estructuras de aproximadamente 80 metros cuadrados, aunque el proyecto todavía se encuentra en una etapa de expansión.

La intención es perfeccionar el sistema para que, en un futuro cercano, Barrobot pueda estar preparado para construir viviendas completas y llevar esta tecnología más allá de las construcciones rurales.

El desarrollo combina así tecnología, materiales naturales y una búsqueda concreta: encontrar nuevas alternativas para construir viviendas que sean más accesibles y, al mismo tiempo, tengan un menor impacto ambiental.

En ese sentido, la impresión 3D aparece como una herramienta para recuperar una técnica tradicional y adaptarla a las necesidades actuales. La meta, según explicó Agustín, es clara: “resolver el gran problema habitacional que tenemos de manera ecológica”.