

En distintas avenidas de la Ciudad de Buenos Aires se encuentran unos particulares sillones de hormigón que, a simple vista, parecen antiguos muebles abandonados en plena vereda.
Sin embargo, detrás de estas piezas hay un proyecto de diseño que buscó transformar un objeto cotidiano en parte del paisaje.
Se trata del Banco Buenos Aires, una creación del colectivo argentino Grupo Bondi que combina diseño, humor y una referencia directa a una escena típica de las calles: los muebles viejos que durante años aparecieron tirados en las veredas cuando sus dueños decidían descartarlos.
La historia detrás de los bancos de hormigón que parecen sillones
Según trascendió, idea nació a partir de una imagen muy reconocible del paisaje urbano porteño: un sillón viejo abandonado en la calle. Grupo Bondi tomó esa escena y decidió llevarla hacia el diseño.
Desde lejos, el objeto puede confundirse con un sillón convencional; al acercarse, se descubre que está realizado en hormigón y que fue diseñado para funcionar como banco público.
El concepto también recupera elementos propios de los muebles tradicionales. La superficie reproduce las formas características del capitoné, una técnica decorativa históricamente asociada a sillones y sofás, pero en este caso trasladada a un material completamente diferente.
La contradicción es parte central de la propuesta: un mueble que parece delicado, elegante y pensado para permanecer dentro de una casa aparece convertido en una estructura de hormigón expuesta al tránsito, la lluvia y el movimiento cotidiano de la Ciudad de Buenos Aires.
¿Para qué sirven los sillones de hormigón que están en la Ciudad de Buenos Aires?
Esos bancos de hormigón que se ven en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires no son adornos ni restos de obra: forman parte del mobiliario urbano y están pensados para que los peatones puedan sentarse y descansar.

¿Por qué son de hormigón?
La elección del material tiene una razón práctica. Por estar en la calle, los bancos necesitan soportar lluvia, cambios de temperatura y uso permanente, además de requerir poco mantenimiento. El hormigón también aporta mucho peso: uno de estos bancos ronda los 150 kilos, lo que dificulta que pueda ser trasladado o robado.
Cómo están hechos y qué tienen de particular
A pesar de su apariencia de sillón tapizado, el banco está fabricado en hormigón. Para reproducir las formas características del diseño se utilizaron moldes flexibles capaces de generar las curvas y detalles de la pieza.
Uno de los elementos más particulares son los agujeros de aluminio anodizado incorporados en la estructura. No están allí únicamente por una cuestión estética: también permiten facilitar el drenaje del agua cuando llueve.
Las patas, en tanto, están realizadas en hierro fundido, otro material elegido para soportar las condiciones propias del espacio público.
El contraste entre materiales es fundamental para entender la obra. El capitoné remite a los sillones clásicos y a los muebles de interiores, mientras que el hormigón, el aluminio y el hierro remiten a una construcción resistente y preparada para permanecer en la calle.














