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Hay un mito instalado en la Argentina que genera confusión y hasta miedo entre los conductores mayores: la idea de que, llegada cierta edad -65, 70 o 75 años-, el Estado te quita automáticamente la licencia de conducir.
La realidad es muy distinta. En el país no existe ninguna ley que establezca un límite máximo de edad. Lo que sí existe —y esto es lo que muchos desconocen— es un sistema de controles médicos y psicofísicos que se vuelve más frecuente y más exigente a medida que pasan los años.
A qué edad puedes perder tu licencia de conducir en Argentina
La Ley Nacional de Tránsito (Ley 24.449) y sus adhesiones provinciales no fijan ninguna edad máxima para obtener o renovar la licencia de conducir en Argentina.
Cualquier persona, tenga 60, 70 o 90 años, puede seguir al volante siempre que demuestre estar en condiciones físicas y mentales para hacerlo. Lo que cambia con la edad no es el derecho a conducir, sino la frecuencia con la que el conductor debe demostrar que está en condiciones de hacerlo.
Hasta los 60 años, las licencias de conducir se renuevan en plazos de entre 3 y 5 años según la jurisdicción. A partir de esa franja, los intervalos se acortan: en muchos distritos, los mayores de 60 renuevan cada 3 años, los mayores de 70 cada 2 años, y en algunos casos anualmente. El objetivo es monitorear de cerca la evolución del estado de salud, no penalizar la edad en sí misma.

Qué evalúan los exámenes que pueden dejarte sin licencia de conducir
El examen psicofísico es el verdadero filtro. No alcanza con estar “bien” en términos generales: hay parámetros específicos que los médicos evaluadores revisan en cada renovación. Entre los más relevantes figuran la agudeza visual (incluyendo visión periférica y sensibilidad al contraste), la capacidad de reacción ante estímulos, el estado de los reflejos, la presión arterial y el equilibrio.
También se evalúan funciones cognitivas básicas: atención, memoria de corto plazo y capacidad de tomar decisiones bajo presión.
Enfermedades como la diabetes no controlada, la epilepsia activa, el parkinson avanzado o ciertas demencias pueden ser causales de no aptitud. Sin embargo, el diagnóstico solo no basta: lo determinante es el grado de afectación funcional que produce. Una persona con diabetes bien controlada, por ejemplo, puede perfectamente aprobar sin inconvenientes.
Qué pasa si no aprobás: el proceso no es inmediato ni definitivo
No aprobar el examen psicofísico no implica necesariamente perder la licencia de conducir de por vida. El sistema prevé instancias de revisión. En primer lugar, el conductor puede ser derivado a especialistas para un diagnóstico más preciso o para iniciar un tratamiento que mejore la condición que generó la no aptitud. Una vez tratada o controlada esa condición, puede solicitar una nueva evaluación.
Solo en los casos en que la condición médica sea irreversible y comprometa de manera objetiva la seguridad vial —tanto del conductor como de terceros— la inhabilitación se vuelve permanente.
En ese escenario, la decisión no la toma un empleado administrativo: la respalda un dictamen médico. Por eso, la clave para cualquier conductor mayor no es temer la edad, sino mantener controles médicos regulares, tratar las enfermedades crónicas con adherencia y llegar a cada renovación en las mejores condiciones posibles.














