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Lo que comenzó como la presencia de unos pocos animales en una estancia de Jáuregui terminó convirtiéndose en uno de los casos más conocidos de especies exóticas invasoras de la Argentina.

La ardilla de vientre rojo (Callosciurus erythraeus) tiene su principal foco histórico en el partido de Luján y desde allí se expandió hacia otras localidades, lo que continúa generando preocupación y ocupación al día de hoy.

Investigaciones citadas por organismos oficiales estiman una población superior a 100.000 ejemplares y una superficie invadida de unos 2.186 kilómetros cuadrados. Ante este escenario, desde el Gobierno Nacional mantienen vigente una serie de advertencias sobre los distintos problemas que podrían ocasionar.

Ardilla de vientre rojo: cómo comenzó la invasión en Luján

El origen se remonta a 1970, cuando fueron introducidas cinco parejas de ardillas en una estancia de Jáuregui, en el partido de Luján. Los ejemplares llegaron desde Europa con fines ornamentales y fueron mantenidos en cautiverio.

Entre 1970 y 1973 se produjeron escapes y liberaciones de algunos animales. Hasta cinco individuos habrían sido suficientes para iniciar la población silvestre que posteriormente se estableció en la zona.

El origen de la expansión de la ardilla roja en Argentina se remonta a 1970, cuando fueron introducidas cinco parejas de ardillas en una estancia de Jáuregui, en el partido de Luján. (Foto: Shutterstock)
El origen de la expansión de la ardilla roja en Argentina se remonta a 1970, cuando fueron introducidas cinco parejas de ardillas en una estancia de Jáuregui, en el partido de Luján. (Foto: Shutterstock)Fuente: ShutterstockShutterstock

Por eso, Luján es considerado el principal foco de invasión de esta especie en Argentina, aunque actualmente su presencia ya no está limitada a ese partido. La expansión también puede producirse cuando las personas capturan, trasladan o liberan ejemplares en nuevos lugares.

La plaga se expandió y ya afecta a otras zonas

De acuerdo con la información oficial disponible, la ardilla de vientre rojo se encuentra en al menos 15 partidos de la provincia de Buenos Aires, además de registrarse en parques de la Ciudad de Buenos Aires y en sectores de Córdoba y Santa Fe.

La cifra estimativa supera los 100.000 ejemplares y los 2.186 kilómetros cuadrados corresponden a distintos estudios del Grupo de Ecología de Mamíferos Introducidos de la Universidad Nacional de Luján, citados por el Gobierno nacional.

Sin embargo, el problema continúa siendo investigado. La UNLu mantiene actualmente proyectos sobre la distribución, abundancia y monitoreo participativo de la especie, además de trabajos destinados a analizar su presencia y posibles estrategias de manejo en la provincia de Buenos Aires.

Qué daños puede provocar la ardilla de vientre rojo

La preocupación no se debe solamente a la cantidad de animales, sino también a los diferentes tipos de impactos que fueron documentados.

Entre los principales daños señalados por organismos oficiales se encuentran:

  • Producción: consume frutos y semillas destinados al consumo humano y puede descortezar árboles, afectando su crecimiento y la calidad de la madera.
  • Infraestructura: puede romper mangueras y sistemas de riego, además de cables eléctricos, telefónicos y de televisión y componentes de transformadores.
  • Biodiversidad: puede actuar como predador o competidor de especies silvestres y afectar a determinadas poblaciones de aves.
  • Salud: como otros roedores silvestres, puede transportar parásitos y existe preocupación por enfermedades zoonóticas, entre ellas la leptospirosis.

En el caso de los cultivos, una investigación publicada en 2026 analizó específicamente los daños provocados por la ardilla de vientre rojo y la cotorra en plantaciones de nuez pecán de Mercedes y Lobos, en la provincia de Buenos Aires. El estudio evaluó los perjuicios durante distintas etapas del desarrollo y cosecha del fruto.

El riesgo para Luján y las zonas donde todavía no llegó

Uno de los principales desafíos consiste en evitar que los ejemplares sean trasladados voluntariamente hacia nuevos ambientes.

Las investigaciones sobre la especie remarcan que su atractivo como animal puede favorecer la captura, el transporte y la posterior liberación, generando nuevos focos de invasión.