

La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, pero sus efectos no se limitan al corazón. Con el paso del tiempo, una presión elevada también puede afectar los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro y favorecer alteraciones relacionadas con la memoria y otras funciones cognitivas.
En ese contexto, el médico cardiólogo Mariano Napoli Llobera explica a través de su cuenta de Instagram (@cardiologia.mn): “La presión alta no solo daña el corazón, también puede afectar al cerebro”. Para respaldar esta afirmación, cita un estudio cuyos resultados fueron presentados en el Congreso Europeo de Cardiología (ESC) y que fue publicado en la revista científica Nature Medicine.cardiologia.mn
Los resultados muestran que controlar la presión arterial de manera intensiva podría tener un papel importante no solo en la prevención de enfermedades cardiovasculares, sino también en el cuidado de la salud cerebral, particularmente frente al riesgo de demencia.
Qué encontró el estudio sobre la presión arterial y la demencia
El estudio citado por Llobera analizó la relación entre el control de la presión arterial y la salud cognitiva a través del China Rural Hypertension Control Program (CRHCP), cuyos resultados fueron presentados en el Congreso Europeo de Cardiología (ESC) 2026. El trabajo, publicado en la revista científica Nature Medicine, incluyó a 33.995 personas con hipertensión en China y las siguió durante siete años.
Los investigadores compararon la atención habitual con una estrategia intensiva para controlar la presión arterial. El objetivo era alcanzar valores inferiores a 130/80 mmHg mediante el uso y ajuste de medicación antihipertensiva, controles frecuentes y seguimiento de la presión arterial. La intervención se realizó durante cuatro años y luego los participantes fueron observados durante otros tres.
Después de siete años, las personas que recibieron el control intensivo presentaron un 15% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes recibieron la atención habitual. Además, tuvieron un 13% menos de riesgo de presentar deterioro cognitivo sin demencia.

La importancia de controlar la presión para prevenir la demencia y el deterioro cognitivo
Los resultados aportan evidencia sobre una cuestión que durante los últimos años cobró cada vez mayor importancia: la hipertensión no solo representa un riesgo para el corazón y los vasos sanguíneos, sino que también puede tener consecuencias sobre el cerebro.
En ese sentido, Napoli Llobera destacó la importancia de mantener la presión arterial bajo control. “Controlarla podría ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia”, señaló.
El estudio no significa que controlar la presión elimine el riesgo de desarrollar demencia, pero sí encontró una asociación significativa entre una estrategia intensiva para reducir la presión arterial y una menor incidencia de demencia y deterioro cognitivo.
Los investigadores señalaron que estos resultados respaldan la incorporación de un manejo estructurado de la presión arterial a la atención primaria como una posible estrategia de prevención.

La hipertensión también aumenta el riesgo de ACV
La presión arterial elevada también representa uno de los principales factores de riesgo de accidente cerebrovascular (ACV).
Un metaanálisis que reunió 24 estudios y cerca de 1,8 millones de personas encontró que la hipertensión se asociaba con aproximadamente el doble de riesgo de sufrir un ACV, con una relación particularmente marcada en los episodios hemorrágicos.
Además, la evidencia indica que reducir la presión arterial puede disminuir ese riesgo. Una revisión y metaanálisis de 123 estudios, que incluyó a más de 613.000 participantes, encontró que cada descenso de 10 mmHg en la presión sistólica se asociaba con una reducción del 27% en el riesgo de ACV.
Estos resultados refuerzan la importancia de mantener la presión arterial controlada. La hipertensión sostenida puede dañar los vasos sanguíneos y aumentar las probabilidades de que se produzca una obstrucción o una ruptura en alguno de ellos, dos mecanismos que pueden desencadenar un ACV.

















