

Una chacra abandonada del Alto Valle de Río Negro volvió a producir uvas después de décadas gracias al trabajo de un grupo de productores y especialistas que recuperó 10 hectáreas de tierras entre Allen y Guerrico.
Hoy, el establecimiento cuenta con 50.000 vides y comenzó a elaborar vinos de producción limitada con el objetivo de destacar el potencial vitivinícola de la Patagonia.
Se trata de un proyecto impulsado por Ignacio Pujante y Anabella Razetto, junto a un equipo integrado por ingenieros agrónomos, un enólogo y trabajadores de la chacra y la bodega.
Tras varios años de preparación, las primeras botellas comenzaron a salir a partir de la cosecha de 2025, con una propuesta centrada en la calidad y en las características propias del Alto Valle.
Una chacra abandonada de la Patagonia volvió a convertirse en un viñedo
El proyecto comenzó a tomar forma entre 2018 y 2019, cuando una familia decidió impulsar un emprendimiento vitivinícola en el Alto Valle de Río Negro junto a un equipo de especialistas en agronomía y enología.
Después de recorrer distintos campos, encontraron una chacra ubicada entre Allen y Guerrico que había permanecido sin actividad durante años. El lugar había tenido viñedos décadas atrás, aunque luego fue destinado a otras producciones.
La recuperación implicó desmontar sectores, reconstruir el sistema de riego y acondicionar el suelo para volver a plantar vides. Algunas plantas antiguas que todavía brotaban fueron una señal del pasado que reforzó la decisión de recuperar ese espacio.
Las 50.000 vides darán origen a vinos de producción limitada
El establecimiento cuenta actualmente con alrededor de 50.000 plantas distribuidas en 10 hectáreas, donde se cultivan variedades como Malbec, Pinot Noir y Cabernet Franc, además de distintas selecciones clonales adaptadas a cada parcela.

Las primeras vides comenzaron a implantarse en 2022 y la primera cosecha llegó en 2025. A partir de esa producción se elaborarán cerca de 4.500 botellas, distribuidas en cuatro etiquetas.
Aunque el viñedo tiene capacidad para producir muchas más botellas por año, el objetivo del proyecto es mantener una escala reducida para priorizar la calidad y lograr vinos que reflejen las características del Alto Valle.
El Alto Valle de Río Negro apuesta a vinos con identidad propia
El clima de la región es uno de los principales aliados del proyecto. La amplitud térmica entre el día y la noche, el ambiente seco, el viento constante y la buena sanidad de los viñedos favorecen el desarrollo de uvas con gran concentración y frescura.
Durante la elaboración, los vinos atraviesan una crianza parcial en barricas de roble francés, aunque el uso de madera varía según cada etiqueta y cada cosecha para respetar las particularidades de la fruta.
Mientras las primeras botellas comienzan a llegar al mercado, los impulsores del emprendimiento ya trabajan en un nuevo objetivo: construir una bodega dentro de la propia chacra para elaborar allí los vinos y ofrecer a los visitantes la posibilidad de recorrer el viñedo y degustarlos en el mismo lugar donde nacen.















