

En esta noticia
La nieve que durante siglos coronó la Cordillera de los Andes está desapareciendo a un ritmo que preocupa a los científicos.
Una investigación encabezada por Raúl Cordero confirma que, en las últimas dos décadas, la cobertura nival viene retrocediendo de manera sostenida.
Este no es simplemente un dato. Se trata de una señal de alerta sobre la seguridad hídrica de todo Chile, donde millones de personas dependen del deshielo para el consumo, la agricultura y la generación de energía.
Los especialistas ya advirtieron que, de no revertirse la tendencia, el país podría enfrentar en pocos años una crisis de agua de proporciones históricas.
La nieve está desapareciendo y preocupa a los científicos
Uno de los puntos más preocupantes del estudio es la magnitud de la pérdida de cobertura nival. En la zona central de Chile, los investigadores estiman una reducción superior a los 3.500 km² de nieve en apenas veinte años. Para dimensionarlo, se trata de una superficie varias veces mayor que Santiago de Chile.
Este retroceso no es uniforme, pero sí persistente: las 19 cuencas hidrográficas analizadas muestran caídas significativas en la acumulación de nieve estacional. Esto sugiere que el problema no responde a eventos aislados de sequía, sino a un cambio climático de fondo.
Además, el estudio remarca que la nieve no solo está desapareciendo en menor cantidad, sino también en menor duración. Es decir, la nieve que cae se derrite más rápido o directamente no se acumula como antes.
El rol del Modo Anular del Sur y el cambio en los vientos
Uno de los factores clave identificados por los científicos es el desplazamiento de los vientos del oeste del hemisferio sur. Este fenómeno está asociado a una tendencia positiva del Modo Anular del Sur (SAM), una oscilación climática que regula la circulación atmosférica alrededor del continente antártico.
Cuando este patrón se intensifica, los vientos se desplazan hacia latitudes más australes, lo que modifica la distribución de las precipitaciones. En términos simples, las tormentas y sistemas frontales que antes dejaban nieve en la cordillera chilena ahora tienden a desplazarse más al sur.
Este cambio explica por qué una parte importante de la cordillera recibe menos nevadas y, en algunos casos, comienza a registrar precipitaciones en forma de lluvia incluso en zonas donde históricamente predominaba la nieve.

Impacto en los ríos andinos y el ciclo del agua en Chile central
El deshielo de la Cordillera de los Andes es un componente esencial del sistema hídrico de Chile central, ya que alimenta ríos clave como el Mapocho, el Aconcagua y el Maipo.
Estos cursos de agua dependen directamente de la nieve acumulada en invierno para sostener sus caudales durante los meses más secos del año.
El estudio advierte una caída sostenida del flujo de estos ríos, con reducciones que superan el 40% en el promedio anual durante las últimas cuatro décadas.
Este descenso tiene efectos en cadena: menor disponibilidad de agua potable en zonas urbanas densamente pobladas, reducción del riego agrícola, menor generación hidroeléctrica y mayor presión sobre embalses y acuíferos subterráneos.
El problema se agrava porque la nieve funciona como una reserva natural de agua que se libera de manera gradual. Cuando esa reserva disminuye, el sistema pierde su capacidad de regulación estacional, lo que se traduce en menos agua en verano y una mayor vulnerabilidad frente a sequías prolongadas.
A esto se suma un cambio crítico en el tipo de precipitación: en varias zonas de la cordillera, lo que antes caía como nieve ahora cae como lluvia. Esto altera el ciclo hidrológico, ya que la nieve permite almacenamiento y liberación progresiva, mientras que la lluvia escurre rápidamente, reduciendo la infiltración y la recarga de napas subterráneas.
Crisis climática, retroceso de la nieve y riesgos futuros en los Andes
El informe vincula estos cambios a transformaciones en la circulación atmosférica del hemisferio sur, especialmente al fortalecimiento y desplazamiento hacia el sur de los vientos alrededor de la Antártida.
Esta dinámica modifica los patrones de precipitación y convierte a los Andes chilenos en una de las regiones más expuestas del planeta a la pérdida de nieve estacional.
Como consecuencia, la cobertura nival retrocedió de forma sostenida en las últimas dos décadas, afectando no solo la disponibilidad de agua, sino también los ecosistemas de alta montaña.
La reducción de nieve altera hábitats, impacta especies adaptadas al frío y desestabiliza procesos ecológicos que dependen del deshielo progresivo.
Las proyecciones del estudio son claras: si la tendencia continúa, la nieve podría quedar confinada únicamente a las zonas más altas de la cordillera en las próximas décadas, reduciendo drásticamente la capacidad natural de almacenamiento de agua.
Este escenario aumentaría la dependencia de infraestructura artificial y reduciría la resiliencia frente a sequías prolongadas. Además, los investigadores advierten que este fenómeno no es exclusivo de Chile, sino parte de una tendencia global de retroceso de nieve y glaciares, lo que refuerza la idea de una crisis hídrica a escala planetaria.














