En momentos en que el anunciado retiro de la francesa Suez obliga al Gobierno a resolver cómo seguirá la operación del servicio de agua y cloacas para la Capital y 17 partidos del Gran Buenos Aires, un repaso a la historia del servicio, cuya primera concesión se hizo en 1888 y se rescindió sólo 3 años después, por el alto costo de las tarifas.

Aquella reestatización planteó un dilema aún vigente: en manos del Estado, el servicio nunca creció al ritmo de la demanda, por falta de financiamiento.

Buenos Aires se planteó la necesidad de un sistema de agua potable y cloacas cuando la epidemia de fiebre amarilla de 1870/1 se cobró 14.000 víctimas, sobre 195.000 habitantes.

El rebrote se produjo por la gran cantidad de anegamientos en varios sectores de la ciudad y en respuesta se creó una “Comisión de Salubridad . que encomendo a un ingeniero inglés de apellido Bateman un proyecto para la provisión de agua y desagües cloacales. Hecho el proyecto y sus costos, su magnitud y la falta de recursos dilataron las obras para lo que era el Radio Antiguo (Palermo, Recoleta y la zona del Riachuelo).

Ante esta situación, en junio de 1888, el Gobierno concesionó por ley y por 39 años el servicio a Samuel Hale y Cía, que luego lo transfirió a la sociedad anónima The Buenos Aires Water Supply and Drainage Company. De entrada, el alto de la conexión al servicio y su tarifa le generaron a la empresa una gran antipatía popular. La debilidad del gobierno de Juárez Celman y la crisis de 1890 hicieron el resto: en enero de 1891 se rescindió el contrato, pero el Estado tuvo que resarcir a la firma en 25 millones de pesos oro.

La Comisión de Salubridad retomó el manejo del servicio y comenzaron a hacerse algunas obras, cuya insuficiencia se hizo evidente con el crecimiento demográfico y la llegada de las primeras olas inmigratorias.

El nacimiento de la clase media, la consolidación de una fuerte clase obrera y la necesidad de llevar el servicio al interior del país llevaron a que, en 1912, el presidente Roque Sáenz Peña creara, por ley, Obras Sanitarias de la Nación (OSN). De allí y hasta 1950 fue el apogeo del suministro, paralelo a la bonanza económica de la Argentina, que pasó a ocupar el segundo lugar en cobertura de servicios de Latinoamérica.

Fue la época de las grandes obras, la expansión del servicio y una OSN de gran nivel técnico y, en algunos años, superavitaria. Andrés Regalsky, especialista en historia económica y financiera, precisa que en 1927 OSN recaudó 34,4 millones de pesos oro y tuvo gastos por 16 millones. “El Estado gendarme , relata, “le cedió paso al Estado empresario, promotor .

El ascenso de Perón, la nacionalización de servicios públicos y la creación de más empresas estatales diluyó el peso de la pujante OSN y, con ello, su abundancia. “Hasta 1948, Obras y Vialidad eran las únicas dos empresas del Estado. Luego aparecieron más empresas y volvieron a escasear los recursos , recuerda el ingeniero Osvaldo Rey (75), memoria viviente de OSN (a la que ingresó en 1948) y actual asesor del director general de Aguas Argentinas. La recaudación del servicio aumentaba con la extensión a nivel nacional, pero más lo hacían sus gastos, por la escasez de materiales que prohijó la segunda guerra mundial. En 1956, el déficit fue de 250 millones de pesos.

En los ’70 comenzó a quedar clara la ecuación económica del servicio. Lo que se recaudaba en unas pocas ciudades (Buenos Aires, Mar del Plata, Mendoza y Río Cuarto) debía atender el déficit del resto del país. De allí la idea de que cada provincia se hiciera cargo de la prestación. La mayoría de los gobiernos provinciales se negaban a hacerse cargo del servicio, porque no tenían con qué sustentarlo, hasta que el superministro de Economía del Proceso, José Alfredo Martínez de Hoz dispuso en enero de 1980 descentralizar el servicio. Aún con dificultades, en los ’70 se habían terminado obras de vital importancia, como la planta potabilizadora de Bernal. El club OSN, fundado en 1917, en pleno apogeo, terminó en 1978 el estadio Obras, luego catedral del rock nacional y del básquet.

La de 1980 a 1993 fue la peor época de OSN: la inflación y las devaluaciones hicieron imposible presupuestar y hacer obras, y hubo un fuerte deterioro de las instalaciones. Se pensó en separar el servicio de Capital y provincia de Buenos Aires, y a éste subdividiro en municipios. Pero no se pudo, porque el sistema nació interconectado.

La última obra databa de 1981, cuando, en julio de 1989, el gobierno de Menem intervino OSN y dispuso su privatización, que se concretó el 1º de mayo de 1993, cuando la concesionaria hoy en retirada, Aguas Argentinas, se hizo cargo del servicio.

Con toda el agua que corrió por los caño y todo lo que se ha dicho del modelo privatizador, Rey cree que el corazón del problema sigue siendo la falta de recursos, privados o estatales. “El mantenimiento puede salir de la tarifa, pero las grandes obras las ha hecho y las tiene que hacer el Estado. Asegurada la fuente financiera, recién entonces aparece la eficiencia .