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La cantidad de operadores de cambio registrados ante el Banco Central se redujo de 115 a 40 en menos de cuatro años, entre diciembre de 2022 y agosto de 2026. En ese período, las agencias pasaron de 103 a 33 y las casas de cambio, con mayores atribuciones para actuar en comercio exterior, de 12 pasaron a siete.

El retroceso no responde solamente a una menor demanda de sus servicios. Refleja sobre todo la depuración de un mercado que había acumulado abundancia de licencias durante los períodos de mayor apertura cambiaria del gobierno de Mauricio Macri y que luego quedó sobredimensionado con la vuelta del cepo cambiario.

Lo que sucedió fue que la liberalización cambiaria de 2015 impulsó la aparición de nuevos operadores. “En un contexto de apertura, muchas licencias fueron solicitadas como una alternativa de negocios a futuro, incluso por grupos que no llegaron a desarrollar una actividad relevante”, comentó a El Cronista una fuente oficial.

Cuando se reinstalaron las regulaciones cambiarias, el esquema de agencias y casas de cambio no se modificó de manera inmediata. Y, según la voz consultada, “el marco original quedó vigente durante años, aun cuando el negocio había cambiado y algunas licencias comenzaron a circular como activos en sí mismos”.

Así se desarrolló un mercado secundario de licencias, con entidades que se compraban y vendían sin que necesariamente tuvieran una operación significativa. Y en el Gobierno asegura que “la reducción actual forma parte de la limpieza de ese universo”.

Home banking mata casa de cambio

En el mercado señalan que las casas de cambio perdieron buena parte de su actividad tradicional frente al home banking. “Los ahorristas pueden comprar dólares desde sus hogares, transferir fondos y operar sin trasladar efectivo ni concurrir a un local”, dijo Gustavo Quintana, de PR Operadores de Cambio.

Y es que la digitalización también redujo los riesgos asociados al manejo de dinero físico y permitió completar operaciones de manera más rápida y segura.

A eso, se sumó la expansión de los Alyc, que ofrecen dólar MEP y permiten combinar la dolarización con inversiones en bonos y acciones. “Para muchos clientes, comprar dólares dejó de ser una operación independiente y pasó a formar parte de una estrategia financiera más amplia”, apuntó Quintana.

Los bancos también desarrollaron una oferta cambiaria propia a través de sus aplicaciones. Pueden ofrecer compra y venta de dólares junto con cuentas, tarjetas, créditos e inversiones.

“Las casas de cambio deben afrontar costos de capital, seguridad, tecnología, personal y cumplimiento normativo, pero con un volumen de operaciones mucho menor. Así, la competencia se volvió difícil incluso para entidades con trayectoria”, explican en la City.

De este modo, el negocio presencial quedó concentrado en clientes que todavía necesitan dólares billete, turistas, empresas u operadores que prefieren atención personalizada. “Ese segmento ya no alcanza para sostener la cantidad de agencias que existía años atrás”, describió Quintana.

Un negocio que perdió volumen

La caída de 115 a 40 operadores muestra que no se trata de un fenómeno pasajero. El mercado cambiario tradicional perdió volumen y las entidades que permanecen deberán encontrar una especialización. Algunas podrán enfocarse en turismo, comercio exterior, empresas o clientes que necesiten efectivo. Otras tendrán que incorporar herramientas digitales y complementar la compraventa de moneda extranjera con servicios financieros.

En el BCRA están convencidos de que la próxima etapa debería combinar una regulación más rigurosa con un mercado más transparente. “Las licencias tendrán que estar asociadas a entidades con capital, controles y capacidad real de operar, no a permisos acumulados o transferibles”, observó una fuente.

Es que el esquema regulatorio de las casas de cambio quedó algo atrasado respecto de las exigencias que se aplican a otras entidades financieras. Pero hay que encontrar un punto de equilibrio adecuado porque, “una regulación demasiado laxa puede permitir la proliferación de entidades sin escala y una demasiado exigente, desalentar la inversión y reducir la competencia”, advirtieron en la City.