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Cada tanto circula una promesa tan buena que parece mágica, con distintos nombres y formatos: una inversión que rinde por encima del mercado, sin sobresaltos, con el dinero disponible en cualquier momento.

Para un pequeño ahorrista o una persona que se está sumando al mundo de las inversiones, esta promesa suena muy atractiva precisamente porque resuelve, al mismo tiempo, varias cosas que en finanzas rara vez conviven: ganar mucho, arriesgar poco y no comprometer el capital por mucho tiempo.

En ese contexto, entender por qué no existen las inversiones infalibles no requiere sospechar de nadie en particular: alcanza con comprender cómo se relacionan entre sí el riesgo, la rentabilidad, la liquidez y el plazo en cualquier instrumento financiero.

Esa es la base sobre la que se puede evaluar, después, cualquier propuesta de inversión con criterio propio. Veámoslo juntos.

La regla de las tres variables: el triángulo imposible de las finanzas

Toda inversión se estructura sobre un delicado equilibrio entre variables interdependientes. En la práctica, estas variables forman un triángulo de restricciones donde es imposible maximizar todos los vértices en simultáneo.

Rentabilidad esperada

El beneficio económico proyectado que justifica colocar el capital en un activo en lugar de consumirlo en el presente.

Riesgo

La dispersión de los resultados posibles alrededor de la rentabilidad esperada, incluyendo la probabilidad de pérdida parcial o total del capital.

(Fuente: archivo)
(Fuente: archivo)

Liquidez

La velocidad y facilidad con la que un activo puede convertirse en dinero en efectivo sin sufrir una penalización significativa en su precio.

A este esquema tradicional se suman el plazo (el horizonte temporal comprometido) y la certeza del resultado (el grado de previsibilidad de los flujos futuros).

Un instrumento puede ofrecer alta liquidez y bajo riesgo, pero entonces su rentabilidad esperada tiende a ser modesta. Otro puede ofrecer rentabilidad esperada más alta, pero a cambio de mayor riesgo, menor liquidez o un plazo más largo.

Esta lógica de intercambios, lo que en finanzas se conoce como trade-offs, es uno de los pilares sobre los que se construye cualquier análisis de inversión serio.

Esto no es una opinión sino una consecuencia de cómo funcionan los mercados de capitales, donde el precio de los activos tiende a ajustarse para reflejar la combinación de riesgo y rentabilidad que cada instrumento ofrece.

Por qué las finanzas funcionan mediante compensaciones

En un mercado eficiente, los precios de los activos reflejan de manera dinámica toda la información disponible y las expectativas de los participantes. Esto da lugar a conceptos fundamentales que explican por qué no existen los “almuerzos gratis”:

Costo de oportunidad y asignación de capital

El capital es un recurso escaso. Cuando un inversor decide financiar un proyecto o comprar un instrumento, está renunciando a la rentabilidad de la mejor alternativa disponible de riesgo equivalente. Los emisores de activos (empresas, bancos, gobiernos) compiten por ese capital escaso y deben estructurar sus propuestas en función de lo que el mercado exige.

La prima por riesgo

Los inversores, por definición teórica, exhiben aversión al riesgo: a igualdad de condiciones, prefieren la certeza. Por lo tanto, para convencer a un agente económico de trasladar su capital desde un activo con flujos predecibles hacia uno con flujos inciertos, el emisor debe ofrecer una prima por riesgo. Esta es la rentabilidad adicional esperada sobre la tasa libre de riesgo.

El rol del arbitraje

Si existiese un activo que rindiera una tasa exorbitantemente alta sin registrar riesgo alguno, los inversores institucionales y los algoritmos de alta frecuencia comprarían masivamente ese activo (financiándose, si fuera necesario, a tasas más bajas).

Este proceso de arbitraje aumentaría el precio del activo y, consecuentemente, reduciría su rendimiento hasta alinearlo con el resto del mercado. Los desequilibrios donde una ganancia extraordinaria no requiere un riesgo equivalente tienden a ser eliminados casi de forma inmediata por el propio dinamismo del mercado.

Eficiencia de mercado

Otro concepto relevante es el de eficiencia de mercado, que sostiene que los precios de los activos tienden a incorporar rápidamente la información disponible. Una consecuencia práctica de esto es que resulta poco frecuente encontrar oportunidades que ofrezcan una rentabilidad extraordinaria sin un riesgo equivalente: si esa oportunidad existiera y fuera de conocimiento público, el propio mercado tendería a corregirla mediante el arbitraje, es decir, la compra y venta simultánea del activo hasta que su precio refleje su riesgo real.

Esto es un principio teórico ampliamente aceptado, aunque en la práctica los mercados no son perfectamente eficientes en todo momento: pueden existir fricciones, asimetrías de información o ineficiencias temporales.

Pero como principio general, ayuda a entender por qué las promesas de ganancias extraordinarias sin riesgo aparente deberían generar, como mínimo, algunas preguntas más.

Antes de empezar a invertir, es clave analizar los distintos tipos de riesgo

Es habitual pensar el riesgo como un concepto único, pero en finanzas se distinguen varios tipos, y una inversión puede reducir algunos de ellos mientras mantiene otros intactos:

Riesgo de mercado

La posibilidad de que el precio de un activo varíe por factores generales de la economía o del mercado en su conjunto.

Riesgo de crédito

La posibilidad de que quien emitió el instrumento (un Estado, una empresa) no cumpla con el pago comprometido.

Riesgo de liquidez

La posibilidad de no poder vender el activo rápidamente, o de tener que hacerlo a un precio menor al esperado por la urgencia de la venta.

Riesgo cambiario

La posibilidad de que variaciones en el tipo de cambio afecten el valor de la inversión, especialmente relevante en instrumentos denominados en una moneda distinta a la de referencia del inversor.

Riesgo inflacionario

La posibilidad de que el rendimiento nominal de una inversión no alcance para compensar la pérdida de poder adquisitivo del dinero.

Riesgo regulatorio

La posibilidad de que cambios normativos o impositivos afecten el resultado de una inversión.

Riesgo de reinversión

La posibilidad de que, al vencer una inversión, no existan alternativas disponibles con condiciones similares a las originales.

Ningún instrumento elimina todos estos riesgos a la vez. Lo que hace un inversor, en la práctica, es elegir cuáles está dispuesto a asumir y en qué magnitud. Pero, mejor, veamos algunos ejemplos.

Inversiones y riesgos, instrumento por instrumento

Los siguientes ejemplos son conceptuales y buscan mostrar qué tipo de riesgo predomina en cada instrumento, no constituyen una recomendación de inversión.

Plazo fijo

Suele minimizar el riesgo de mercado (su valor nominal no fluctúa) pero queda expuesto al riesgo inflacionario, ya que su rendimiento es fijo y puede no acompañar la evolución de los precios.

Fondo Común de Inversión (FCI)

El riesgo depende del tipo de fondo. Un FCI de money market prioriza liquidez y bajo riesgo, con rentabilidad esperada acotada. Un FCI de renta variable asume mayor riesgo de mercado a cambio de una rentabilidad esperada mayor.

Bonos

Además del riesgo de mercado (variaciones en su precio por cambios en las tasas de interés), incorporan riesgo de crédito, ya que dependen de la capacidad del emisor de cumplir con los pagos.

CEDEARs

Al representar acciones de empresas que cotizan en el exterior, suman al riesgo de mercado de la acción subyacente el riesgo cambiario, dado que su cotización en pesos se ve afectada por el tipo de cambio implícito.

Acciones

Suelen tener mayor riesgo de mercado y volatilidad que otros instrumentos, compensado por una rentabilidad esperada mayor en el largo plazo, aunque sin garantía de que ese resultado se cumpla en cualquier ventana de tiempo particular.

Obligaciones negociables

Comparten con los bonos el riesgo de crédito, en este caso vinculado a la capacidad de pago de la empresa emisora, y pueden tener menor liquidez que otros instrumentos según el volumen de negociación.

En todos los casos, la reducción de un tipo de riesgo implica, en general, una reconfiguración hacia otro tipo de riesgo.

Rentabilidad esperada vs. rentabilidad garantizada

Es importante distinguir dos conceptos que suelen confundirse:

  • La rentabilidad esperada es una estimación basada en el comportamiento histórico o en el análisis del instrumento, sujeta a incertidumbre.
  • La rentabilidad garantizada implica un compromiso contractual de pago de un monto determinado, como ocurre, por ejemplo, con la tasa de un plazo fijo tradicional (garantizada en términos nominales, aunque no en términos reales, ya que no contempla la inflación).

Incluso las inversiones consideradas conservadoras pueden arrojar resultados distintos de los esperados según el contexto económico. Los mercados trabajan con expectativas y probabilidades, no con certezas absolutas, y una expectativa —por más fundamentada que esté— no equivale a una promesa.