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Durante los últimos dos años, la inteligencia artificial tuvo un ganador indiscutido en Wall Street: Nvidia. Sus acciones se dispararon gracias a la explosión de la demanda de chips necesarios para entrenar modelos de IA, convirtiéndola en una de las compañías más valiosas del planeta.
Sin embargo, en Goldman Sachs creen que la próxima gran oportunidad de inversión podría estar en un lugar mucho menos visible para el mercado: la infraestructura que hace posible el funcionamiento de la inteligencia artificial.
En un reciente informe, el banco de inversión estimó que la economía de la IA demandará inversiones por hasta u$s 7,6 billones entre 2026 y 2031 en capacidad de procesamiento, centros de datos y generación eléctrica, configurando uno de los mayores ciclos de inversión en infraestructura de las últimas décadas.

La magnitud del fenómeno es tal que Goldman considera que los mercados públicos por sí solos “no podrán financiar semejante expansión” y que será necesario recurrir a una combinación de crédito privado, fondos de infraestructura, bienes raíces especializados, securitizaciones y nuevas estructuras de financiamiento.
La otra cara del boom de la IA
El informe sostiene que los cuatro grandes hyperscalers del mundo, Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta, invertirán de manera conjunta alrededor de u$s 5,3 billones en gastos de capital entre 2025 y 2030, una cifra que fue revisada al alza respecto de estimaciones previas.
Ese dinero no estará destinado únicamente a comprar procesadores o desarrollar software. Una porción creciente se destinará a la construcción de infraestructura física necesaria para sostener el crecimiento exponencial de la demanda de inteligencia artificial.
La lógica es sencilla: cada nuevo modelo de IA requiere una cantidad cada vez mayor de potencia computacional, almacenamiento de datos, sistemas de refrigeración y consumo energético. Todo eso obliga a construir centros de datos cada vez más grandes y complejos.
Por eso, Goldman advierte que el verdadero cuello de botella de la revolución tecnológica ya no son los algoritmos, sino la capacidad física para alimentarlos.
Los centros de datos se transforman en el nuevo petróleo
Uno de los puntos centrales del reporte es el crecimiento explosivo de la infraestructura digital.
Según los datos recopilados por el banco, la construcción privada de centros de datos se aceleró fuertemente durante los últimos años y todavía existe un importante volumen de proyectos anunciados que aún no comenzaron su etapa de construcción.

Esto lleva a Goldman a concluir que el ciclo de inversión está lejos de agotarse.
Los analistas remarcan que los centros de datos ya representan aproximadamente dos tercios de toda la actividad dentro del segmento de infraestructura digital, consolidándose como el principal destino del capital vinculado a la inteligencia artificial.

Además, la entidad considera que el gasto de los hyperscalers previsto para 2027 será uno de los factores más importantes para determinar el crecimiento de la infraestructura digital durante la próxima década.
Energía: el activo que podría ganar con la IA
Detrás de cada centro de datos existe otro factor crítico: la energía.
Goldman identifica a la generación eléctrica y a las redes de transmisión como componentes esenciales del ciclo de inversión que se está desarrollando alrededor de la inteligencia artificial. “La expansión simultánea de centros de datos y capacidad de cómputo requerirá enormes desembolsos en infraestructura energética”.
Por eso, cada vez más gestores de fondos observan oportunidades en compañías vinculadas a utilities, transmisión eléctrica, energía nuclear, generación renovable y almacenamiento energético.
El gran ganador: la infraestructura privada
Quizás la conclusión más importante para los inversores es que Goldman ve a los fondos de infraestructura como uno de los principales beneficiarios del fenómeno.
El banco destaca que la recaudación de fondos de infraestructura alcanzó un récord de u$s 221.000 millones durante 2025, mientras que el tamaño promedio de los vehículos de inversión también marcó máximos históricos.
Actualmente, los activos administrados por la industria global de infraestructura privada superan los u$s 1,7 billones, con cerca de u$s 400.000 millones disponibles para nuevas inversiones. Goldman considera que ese mercado podría expandirse por encima de los u$s 3 billones hacia 2030 si se mantiene el ritmo actual de crecimiento.
La tesis es que la IA está creando una nueva clase de demanda estructural para activos reales capaces de generar flujos estables, proteger contra la inflación y ofrecer retornos relativamente predecibles.

Más allá de los chips
Durante la primera fase del boom de la inteligencia artificial, el mercado concentró su atención en fabricantes de semiconductores como Nvidia.
Sin embargo, Goldman cree que la segunda etapa de este ciclo podría estar dominada por quienes financien y construyan la infraestructura necesaria para sostener la revolución tecnológica.
En ese escenario, los verdaderos beneficiarios no serían únicamente las empresas que diseñan los modelos de IA, sino también los operadores de centros de datos, las compañías eléctricas, los desarrolladores de infraestructura digital y los fondos que aporten el capital necesario para desplegar un ecosistema valuado en varios billones de dólares.
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