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Los bancos centrales compran oro a un ritmo equivalente a cinco veces el promedio anterior a 2022, según las estimaciones de Goldman Sachs.
El gigante de Wall Street calcula que el promedio móvil de tres meses hasta agosto, ajustado por estacionalidad, alcanzó las 85 toneladas mensuales, frente a una referencia histórica de 17 toneladas. Para los analistas, esa demanda es el sostén estructural para el metal y refleja incentivos para diversificar las reservas que probablemente continuarán vigentes.
En su último informe, la entidad estimó compras de 79 toneladas durante agosto, con una participación importante de China. Ese registro mensual también supera ampliamente el promedio previo a 2022: equivale a unas 4,6 veces aquella referencia.
La comparación de cinco veces corresponde al promedio de tres meses desestacionalizado.

Las señales que dejan los datos
La señal que interpreta Goldman es la persistencia de una demanda oficial elevada. Su tesis se apoya en que varios bancos centrales emergentes todavía tienen margen para aumentar la participación del oro en sus reservas y mantienen razones geopolíticas y financieras para hacerlo.
Los analistas Lina Thomas y Daan Struyven consideran que esas instituciones, especialmente la de China, siguen teniendo una exposición al metal inferior a las asignaciones que juzgan plausibles a largo plazo. La implicancia de esa evaluación es que el proceso de diversificación podría continuar antes de que alcancen una composición de reservas más cercana a esos niveles.
China fue el mayor comprador identificable en agosto, con 25 toneladas, según Goldman. El dato proviene de la estimación del banco sobre compras chinas en el mercado extrabursátil de Londres y aparece en el informe diferenciado de las adquisiciones declaradas por el Banco Popular de China.
El argumento para esperar continuidad en las compras también tiene una dimensión estratégica. Goldman sostiene que probablemente persistan las motivaciones para diversificar las reservas fuera de las monedas del G7, entre ellas los riesgos geopolíticos y financieros. Esa búsqueda de diversificación es uno de los factores con los que fundamenta su visión de un respaldo estructural para el oro.

Para el mercado, la consecuencia de esta lectura es que la trayectoria de las compras oficiales sigue siendo una variable relevante para evaluar el sostén de la demanda. El informe aporta evidencia de ese flujo y razones para su continuidad, aunque no establece un nuevo precio objetivo para el metal ni cuantifica cuánto podría subir por este factor.
La investigación identifica, además, una segunda señal: la preocupación por la seguridad de las reservas se extiende más allá de los bancos centrales emergentes y alcanza al lugar donde se almacena el oro.
Según Goldman, las autoridades monetarias de las economías desarrolladas permanecieron mayormente al margen de la ola compradora iniciada en 2022. Una explicación es que ya cuentan con grandes reservas de oro por razones históricas. Sin embargo, los analistas observan que el debate se desplaza desde la decisión de tener el metal hacia la elección del lugar donde custodiarlo.

En ese contexto, el informe destaca que las tenencias de oro de bancos centrales extranjeros depositadas en la Reserva Federal de Nueva York disminuyeron en 40 toneladas durante agosto, mientras que las tenencias bajo custodia en el Banco de Inglaterra aumentaron en 46 toneladas.
Goldman interpreta esos movimientos como consistentes con una preocupación más amplia por la seguridad de las reservas y la confianza entre países. Los datos, sin embargo, no identifican una transferencia directa entre Nueva York y Londres ni permiten determinar qué instituciones estuvieron detrás de cada variación.
La distinción también tiene una consecuencia para el análisis financiero: un cambio de custodia, por sí solo, no implica una compra adicional de oro. Las cifras de almacenamiento ayudan a observar dónde se mantienen las reservas; las estimaciones de adquisiciones permiten seguir la demanda del sector oficial.
Hacia adelante, la tesis de Goldman encontrará respaldo si las compras siguen elevadas y los bancos centrales emergentes continúan aumentando su exposición al metal. La evolución de la custodia aportará otra señal sobre las decisiones de seguridad de las reservas, una dimensión que el banco considera cada vez más relevante.

Por Santiago Escobar
Redactor
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