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JP Morgan proyecta que la inflación argentina volverá a desacelerarse en el último trimestre de 2026 y cerrará el año en 29,4%.

Sin embargo, alcanzar ese resultado exige que se cumplan: que el tipo de cambio real permanezca estable hasta diciembre, que se reviertan las subas extraordinarias de los precios estacionales y que los aumentos de tarifas y otros precios regulados pierdan intensidad.

La primera condición está vinculada con el dólar. JP Morgan construye su escenario sobre el supuesto de que el tipo de cambio real se mantendrá estable desde los niveles observados en octubre hasta diciembre.

Esto implica que la evolución del peso, ajustada por la inflación argentina y la de sus socios comerciales, no altere significativamente esa relación.

La segunda condición depende de los precios estacionales, particularmente de los alimentos frescos. En septiembre, este componente aumentó 2,9% y agregó 0,3 puntos porcentuales a la inflación general, impulsado principalmente por frutas y verduras. Para que el IPC retome la baja, “esa presión debería moderarse”. Las primeras señales de octubre resultaban compatibles con el escenario del banco: los alimentos registraban una variación mensual estimada de 1,8% durante las primeras dos semanas, mientras JP Morgan proyectaba una inflación general de 1,7% para el mes.

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La tercera condición exige una desaceleración de los precios regulados. En septiembre, este grupo aumentó 2,3% y aportó 0,5 puntos porcentuales al IPC, con incrementos en electricidad, gas, transporte, medicina prepaga y educación. La proyección del banco supone que esos ajustes pierdan intensidad durante el último trimestre. Sin embargo, existe un riesgo identificado: “El Gobierno postergó hasta noviembre los aumentos pendientes de impuestos a los combustibles, lo que podría agregar presión sobre los precios en el tramo final del año”.

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¿Cómo viene la dinámica de precios?

El seguimiento de alta frecuencia de JP Morgan mostraba que los alimentos avanzaban a un ritmo mensual del 1,8% durante las primeras dos semanas de octubre. Para los economistas, esa evolución era consistente con su proyección de un IPC general de 1,7%. El banco aclaró que seguiría los nuevos datos para revisar la estimación si fuera necesario.

El frente cambiario también aportó una señal favorable durante la semana relevada: el BCRA compró u$s 574 millones, frente a u$s 213 millones en la anterior. Con esas operaciones, las compras acumuladas de octubre llegaron a u$s 915 millones y superaron los u$s 473 millones de todo septiembre. El total adquirido durante 2026 alcanzó u$s 15.500 millones, según el reporte. Esas cifras corresponden a compras de divisas y no permiten determinar, por sí solas, el stock de reservas netas disponibles.

El dato que sostiene una lectura más favorable aparece en las distintas mediciones de inflación subyacente. Además de la baja de la núcleo al 1,7% mensual, el indicador preferido por JP Morgan, que excluye los alimentos de la núcleo, registró 1,9%, ligeramente por debajo del promedio de 2% de los tres meses anteriores.

La medición núcleo del BCRA que sigue el informe, que excluye carnes y alquileres, se ubicó en 1,8% mensual, también por debajo de su promedio previo de tres meses, de 1,9%. Para el banco, esos resultados muestran una moderación de las presiones subyacentes, aun cuando el índice general haya subido en septiembre.

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La comparación entre períodos introduce otro matiz. La inflación interanual se desaceleró a 33,4% en septiembre, pero el acumulado de enero a septiembre, de 23,6%, quedó por encima del 22% registrado en el mismo lapso de 2025. La mejora interanual convive, así, con una suba de precios mayor a la del año anterior cuando se comparan los primeros nueve meses.

Hacia adelante, JP Morgan mantiene una previsión de inflación de 22,4% para diciembre de 2027 contra diciembre de 2026. Su escenario contempla que la desaceleración continúe, aunque con aumentos de precios todavía persistentes.