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Las expectativas del mercado asegurador frente a una eventual reforma del sector son altas. Después de más de dos años de versiones sobre posibles cambios regulatorios, el consenso es que el sistema necesita una modernización que acompañe el nuevo escenario económico y permita al seguro recuperar un rol más relevante dentro del desarrollo financiero del país.

Carlos Salinas, secretario de la Fundación de Investigación, Difusión y Enseñanza del Seguro (FISEDEG), sostiene que las expectativas se construyeron a partir de distintas señales oficiales que fueron desde la posibilidad de una reforma integral de las principales leyes que regulan la actividad hasta una serie de desregulaciones parciales implementadas en los últimos meses.

“Al ser un mercado altamente regulado, cualquier modificación requiere tiempos de adaptación porque los cambios generan costos importantes para las compañías”, explicó. Sin embargo, considera que existe un amplio consenso sobre el exceso de regulación acumulado durante décadas.

“Los vaivenes económicos de los últimos 70 años, y especialmente de los últimos 20, terminaron generando normas que muchas veces solo agregan complejidad y confusión al momento de operar”, dijo Salinas.

A ese escenario se sumaron restricciones que afectaron directamente al negocio. Entre octubre de 2022 y marzo de 2024, por ejemplo, las compañías no pudieron girar pagos de reaseguros al exterior, una situación que impactó sobre la operatoria internacional del mercado.

Sin crecimiento económico no hay desarrollo del seguro

Para Salinas, la reforma regulatoria es una condición necesaria, pero no suficiente. El verdadero desarrollo del seguro dependerá de la evolución de la economía.

“El seguro crece cuando crecen la macro y la microeconomía, aunque principalmente cuando mejora la micro, porque es la que genera consumo y ahorro”, señala.

En ese sentido, considera que el ordenamiento macroeconómico impulsado por el Gobierno constituye una primera etapa, aunque advierte que el despegue del sector llegará cuando la actividad económica comience a expandirse de manera más amplia.

Las grandes inversiones vinculadas al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), especialmente en petróleo, gas y minería, representan una oportunidad, aunque con limitaciones.

“Muchos de esos proyectos llegan con coberturas contratadas en el exterior por el volumen de las inversiones. A medida que esos desarrollos avancen aparecerán oportunidades para incorporar otros productos y una mayor participación local”, afirmó.

Mientras tanto, sostuvo que el desafío del mercado es prepararse para esa nueva etapa, desarrollando productos y fortaleciendo su capacidad para acompañar el crecimiento cuando la economía ingrese en una fase de expansión.

Una reforma para modernizar el mercado

Desde la Cámara Argentina de Reaseguradores consideran que una actualización del marco normativo también permitiría fortalecer el rol de la Superintendencia de Seguros de la Nación.

“La regulación actual quedó en muchos aspectos desactualizada o directamente frena el desarrollo del mercado”, sostuvo Salinas.

A su juicio, una reorganización del sistema permitiría que el organismo concentre sus esfuerzos en supervisar con mayor eficiencia la solvencia de las compañías y en proteger a los asegurados, funciones que considera centrales desde la creación de la Superintendencia.

Además, el sector reclama que cualquier transformación del mercado asegurador avance coordinadamente con las reformas del sistema financiero y del mercado de capitales.

La razón es estructural: las aseguradoras son uno de los principales inversores institucionales del país y administran recursos de largo plazo que pueden convertirse en una fuente de financiamiento para el desarrollo económico.

“Las reformas deberían ir de la mano. Somos inversores de largo plazo y tenemos un papel importante en el mercado de capitales y en la estabilidad financiera que busca consolidar el Gobierno”, explica Salinas.

El delicado equilibrio de la desregulación

La reforma, sin embargo, exige un equilibrio muy delicado. El seguro es uno de los mercados más sensibles en materia regulatoria dentro del sistema financiero. Una desregulación excesiva puede poner en riesgo la solvencia de las compañías y, en última instancia, afectar la protección del asegurado. Pero un exceso de regulación también limita la competencia, la innovación y el desarrollo del negocio.

El desafío será encontrar un marco normativo moderno que permita liberar el potencial del sector sin resignar la estabilidad y la confianza que requiere una industria cuya materia prima es, justamente, la promesa de cumplir cuando ocurre un siniestro.

En definitiva, el mercado asegurador espera que la reforma trascienda una mera desregulación y siente las bases para una industria más eficiente, competitiva y alineada con el resto del sistema financiero. La apuesta del sector es que, una vez consolidada la estabilidad macroeconómica y con una recuperación sostenida de la actividad privada, el seguro deje de ser un actor secundario y ocupe el papel protagónico que reclama dentro de la nueva arquitectura financiera argentina.