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Después de varios años en los que la agricultura concentró buena parte de las inversiones, el mercado inmobiliario rural empieza a mostrar un cambio de tendencia. Los campos destinados a la producción ganadera y mixta recuperan protagonismo, impulsados por una combinación de mejores perspectivas para el negocio de la carne, mayor incorporación de tecnología y un contexto económico que vuelve a favorecer las inversiones de largo plazo.
El fenómeno ya se refleja en los precios. En algunas de las principales regiones productivas del país, la hectárea de campos ganaderos alcanza valores de entre u$s 3.500 y u$s 5.000, mientras crece el interés por establecimientos con potencial para aumentar la productividad.
Detrás del repunte no solo aparece la mejora en el valor de la hacienda, sino que especialistas sostienen que la ganadería atraviesa una transformación estructural que está modificando el mercado de tierras.
La nueva apuesta por la ganadería
El interés por los campos ganaderos responde a un cambio en el perfil de los inversores. Según explica Federico Nordheimer, director de Nordheimer Campos y Estancias, quienes hoy compran este tipo de establecimientos ya no buscan únicamente adquirir tierra, sino desarrollar proyectos productivos de largo plazo.

“Hoy vemos que quienes compran campos ganaderos o mixtos llegan con un proyecto de largo plazo. Ya no buscan únicamente tierra, sino establecimientos donde puedan aumentar la productividad incorporando genética, mejorando las pasturas, invirtiendo en fertilización, infraestructura y tecnología aplicada a la producción”, señala.
Esta transformación también modificó qué tipo de establecimientos concentran la mayor demanda. Con márgenes agrícolas más ajustados que en años anteriores, muchos productores vuelven a incorporar la ganadería dentro del esquema productivo como una estrategia para diversificar riesgos y estabilizar los ingresos.
Ese cambio también está modificando el uso de numerosos campos de aptitud agrícola intermedia, que durante años estuvieron destinados exclusivamente a cultivos. Hoy, parte de esas superficies vuelve a las pasturas para aprovechar mejor las condiciones naturales de la tierra y reducir la exposición a la volatilidad del negocio agrícola.

El nuevo escenario comienza a reflejarse en el precio de la tierra. Uno de los casos más representativos es la Cuenca del Salado, donde los campos que hace apenas un año cotizaban entre u$s 2.500 y u$s 3.000 por hectárea hoy alcanzan valores de entre u$s 3.500 y u$s 4.000.
La tendencia también se observa en Entre Ríos, donde durante el último año se concretaron más operaciones que en los tres años anteriores en conjunto. A ese movimiento se suman San Luis, La Pampa y distintas zonas de Santiago del Estero, donde crecen tanto las consultas como las compraventas de establecimientos rurales.
Tecnología, genética e inversión: las claves del cambio
La mejora de la rentabilidad de la ganadería aceleró un proceso que ya comenzaba a observarse en el sector: la incorporación de tecnología dejó de ser una herramienta complementaria para convertirse en uno de los principales motores del negocio.
Las inversiones apuntan a mejorar los índices productivos mediante genética, inseminación artificial, implantación de pasturas, fertilización, caravanas electrónicas para el seguimiento del rodeo, mangas más modernas y maquinaria específica para la actividad.
“La ganadería dejó de verse como un negocio de oportunidad. Muchos productores consideran que existe margen para seguir creciendo y eso se traduce en inversiones cada vez más importantes”, afirma Nordheimer.
Por qué los especialistas creen que el ciclo todavía tiene recorrido
Además de la mejora en la rentabilidad del negocio ganadero, el mercado encuentra otros factores que alimentan el optimismo.

El renovado interés por los campos también se explica por un contexto económico más favorable que el de años anteriores. La menor inflación, la baja del riesgo país y una mayor previsibilidad mejoraron las expectativas de los inversores, mientras que las desregulaciones impulsadas por el Gobierno y la posibilidad de nuevas reformas reforzaron el atractivo del agro como inversión de largo plazo.
A eso se suma que Argentina todavía presenta valores competitivos frente a otros grandes productores de carne. En comparación con mercados como Estados Unidos, muchos operadores consideran que el negocio local aún tiene margen para seguir creciendo, lo que explica que las inversiones se orienten cada vez más a mejorar la productividad antes que a ampliar la superficie.
Si bien la mayor parte de las operaciones continúa siendo realizada por compradores argentinos, también aumentan las consultas de inversores extranjeros interesados en el potencial productivo del país, aunque muchos aún esperan definiciones sobre la Ley de Tierras antes de avanzar con nuevas inversiones.
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