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El endeudamiento de las familias se duplicó en dos años y la mora alcanzó niveles récord en torno al 13%. Frente a un escenario de tasas altas y una porción cada vez mayor del salario destinada a pagar cuotas, los analistas de la City dan una serie de recomendaciones para ordenar las cuentas, decidir qué deuda cancelar primero y evitar volver a caer en la rueda del crédito.

El crecimiento del endeudamiento de las familias argentinas empezó a mostrar su contracara: cada vez hay más ingresos comprometidos en el pago de cuotas y más personas con dificultades para cumplir con sus obligaciones.

El deterioro empezó a reflejarse en la mora. Actualmente, 5,7 millones de personas se encuentran en situación irregular, equivalentes al 27% de los deudores. Entre quienes acumulan obligaciones superiores a cinco salarios, la morosidad alcanza el 32%.

Detrás de ese escenario aparece una combinación compleja: el fuerte crecimiento previo del crédito, la caída del ingreso disponible y la suba de las tasas. ¿Cómo se sale de esa rueda?

Para Elena Alonso, CEO de Emerald Capital, el primer paso es dejar de mirar solamente el próximo vencimiento y hacer un diagnóstico completo.

“Lo primero que hay que hacer es tener claro bien el costo de las deudas que tengo”, explicó la especialista. Aunque puede parecer evidente, muchas personas no realizan ese cálculo y terminan “tomando deudas para rescatar la otra” con el objetivo inmediato de llegar a fin de mes.

Saber cuánto se debe y cuánto cuesta

Antes de decidir qué pagar, Alonso recomienda hacer una lista de todos los compromisos pendientes y conocer el costo financiero de cada uno.

La clave no es mirar solamente cuánto dinero queda por devolver. Dos deudas por el mismo monto pueden representar problemas muy distintos si una tiene un costo financiero sustancialmente mayor que la otra.

Por eso, el objetivo inicial es responder dos preguntas: cuánto debo y cuál es el costo financiero de esa deuda.

A partir de ese diagnóstico se puede establecer un orden de prioridades.

¿Qué deuda conviene pagar primero?

Desde un punto de vista financiero, la recomendación de Alonso es contundente: cancelar primero las deudas más caras y después avanzar sobre las de menor costo.

Además, mientras existan deudas costosas, cualquier excedente disponible debería destinarse a reducirlas. “Si me quedan pesos, todo va a deuda si tengo deuda”, planteó.

La lógica es que, con tasas elevadas para los préstamos, el costo que se evita al cancelar una obligación puede superar lo que ese mismo dinero generaría colocado en una inversión. “La mejor inversión es cancelar deuda”, resumió Alonso.

Sin embargo, existe otra estrategia para quienes necesitan observar resultados rápidamente para sostener el plan: empezar por las deudas más pequeñas.

“Si tenés una personalidad que sos ansioso y querés ver resultados pronto, pagás las más chiquitas”, explicó.

Así aparecen dos caminos posibles: priorizar la deuda más cara para reducir el costo financiero total o eliminar primero pequeños saldos para disminuir rápidamente la cantidad de compromisos pendientes.

¿Conviene sacar un préstamo para pagar?

Otra alternativa que plantea Alonso es analizar la posibilidad de consolidar las deudas.

Una vez confeccionada la lista completa, el deudor puede consultar en la entidad bancaria donde tiene acreditados o declarados sus ingresos si existe la posibilidad de acceder a un préstamo de consolidación.

La finalidad es utilizar ese financiamiento para cancelar los distintos saldos y quedarse con una única deuda, en lugar de administrar múltiples vencimientos y acreedores al mismo tiempo.

Pero esta estrategia requiere una condición fundamental: que la consolidación realmente reemplace las deudas anteriores y no se transforme simplemente en una nueva obligación que se suma a las existentes.

Alonso advierte que hay que prestar especial atención cuando la entidad entrega el dinero al cliente para que sea él quien cancele las obligaciones y, al mismo tiempo, mantiene disponibles sus anteriores límites de crédito. En ese escenario existe el riesgo de pagar las deudas, volver a utilizar las tarjetas y terminar con un nivel de endeudamiento todavía mayor.

Qué hacer después de cancelar la deuda

Salir de una deuda no termina en el momento del último pago. Para Alonso, también es necesario cerrar temporalmente las puertas que permitieron generar el endeudamiento.

Entre las medidas que menciona están pausar las tarjetas o incluso desinstalar las aplicaciones desde las que se tomaron créditos para evitar recurrir nuevamente a ellas.

También aconseja tener especial precaución con los créditos de billeteras virtuales y fintech por sus costos. La especialista lo sintetiza con una regla: “Mientras más fácil tener la plata, más cara es la tasa”.

La facilidad para acceder al dinero, por lo tanto, no debería ser el único criterio para elegir financiamiento. Antes de aceptar un préstamo rápido es necesario observar cuánto terminará costando.

El “plan de las ocho semanas” para ordenar las cuentas

Finalmente, desendeudarse también exige recuperar previsibilidad sobre los ingresos y gastos del hogar.

Para eso, Alonso propone trabajar con un “plan de las ocho semanas”: proyectar cómo estará la economía personal durante las próximas ocho semanas y mantener siempre ese horizonte hacia adelante.

La idea es anticipar ingresos, gastos y pagos de deuda para saber qué compromisos podrán afrontarse y qué ajustes serán necesarios para cumplirlos. “Las próximas ocho semanas, ¿cómo va a estar tu economía?”, plantea la especialista como punto de partida.

En un contexto en el que las deudas pesan cada vez más sobre los ingresos, salir del endeudamiento no consiste solamente en conseguir dinero para afrontar el próximo vencimiento. Implica conocer cuánto cuesta cada obligación, establecer un orden para cancelarlas, evaluar si conviene consolidarlas y evitar generar nuevos compromisos mientras se ejecuta el plan.

El objetivo final es romper con la lógica de tomar crédito para pagar crédito y reemplazarla por una planificación que permita reducir progresivamente el peso de las obligaciones sobre los ingresos.