Wall Street: a este drama del mercado todavía le queda un segundo tiempo

La sequía del primer trimestre se extiende al segundo, ya que la guerra de Ucrania y la volatilidad disuaden a las empresas de salir a Bolsa.

Las acciones estadounidenses se han alejado del borde del precipicio: la caída del 20% que define un mercado bajista. Ahora, muchos se preguntan cómo terminará este drama, que sigue siendo el peor comienzo de un año desde 1970. En mi opinión, este es el intermedio, y el siguiente acto traerá otra racha bajista.

Así se desprende de los patrones del pasado. Los registros del S&P 500 que se remontan a 1926 muestran 15 mercados bajistas, con una caída media del 34% en 17 meses. En casi el 75% de estos casos -11 de los 15-, las ventas se frenaron de forma notoria cuando el mercado bajó entre el 15% y el 20% desde el máximo, invirtiendo algunas pérdidas antes de reanudar la racha bajista. Esta historia esbozada a grandes rasgos sugiere que lo que estamos presenciando es la fase de intervalo de un mercado en caída libre.

Hay otros factores que apuntan en la misma dirección. La magnitud del reciente repunte, cercano a los dos dígitos, coincide con el comportamiento de los mercados bajistas del pasado y, por tanto, no es necesariamente una señal de que las caídas hayan terminado.

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En los 11 mercados bajistas que fueron interrumpidos por una pausa, la duración media de ésta fue de cuatro meses. Además, esta vez es poco probable que la Reserva Federal de Estados Unidos acuda al rescate de los mercados, ya que las tasas de interés aún están muy por debajo de la inflación.

Lo que desencadenó la caída del mercado de este año no fue sólo la acción de la Fed. Más bien fue la constatación de que este endurecimiento presagia el fin de una era. Con la inflación subiendo y sin indicios de que esta racha sea transitoria, como los partidarios del dinero fácil llevan tiempo argumentando, la Fed no puede retroceder para tranquilizar a los inversores, como ha hecho durante más de tres décadas.

La acción o falta de acción de la Fed puede determinar que un mercado caiga en territorio bajista. Desde 1926, ha habido cinco casos -aparte de los mercados bajistas- en los que las acciones cedieron casi un 20% pero no traspasaron ese umbral.

En los cinco casos, el mercado no dejó de caer hasta que la Fed intervino, relajando la política monetaria. Cuatro se produjeron dentro de la reciente era de dinero progresivamente más fácil: en 1990, 1998, 2011 y 2018. Ahora, sin embargo, un rescate de la Reserva Federal es muy poco probable, a menos que la economía se deslice hacia una recesión y se contenga la inflación.

Sin embargo, una recesión supondría un problema aún mayor para el mercado. Y, a medida que la confianza de los consumidores y otros indicadores empeoran, las posibilidades de una recesión aumentan.

En las últimas décadas, ante los constantes rescates de la Reserva Federal, los mercados bajistas redujeron su frecuencia, pero fueron más severos y más propensos a ir acompañados de recesiones.

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De los 15 mercados bajistas, 11 también han coincidido con recesiones, incluidos seis de los últimos siete, que datan de 1970. Los mercados bajistas que fueron acompañados de recesiones experimentaron un descenso medio del 36% en 18 meses, frente al 31% en 10 meses para los que no lo fueron.

La razón por la que los mercados bajistas suelen hacer una pausa para el intermedio es básica: los mercados no se mueven en línea recta, y se necesita tiempo para acabar con las convicciones arraigadas de los inversores. Aunque muchos inversores institucionales han vendido, los pequeños inversores apenas se han inmutado hasta ahora.

Hasta abril, los pequeños inversores seguían invirtiendo en acciones y fondos cotizados (ETF) estadounidenses a un ritmo récord, entre u$s 20.000 y u$s 30.000 millones al mes. Un popular fondo tecnológico había captado u$s 1500 millones hasta finales de mayo, incluso cuando estaba perdiendo la mitad de su valor. Aunque este ritmo es poco frecuente, lo cierto es que puede cambiar repentinamente.

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Hasta ahora, las valoraciones de las acciones han bajado porque los precios están cayendo, a pesar de la resistencia de los beneficios. A pesar de las caídas de este año, las previsiones de beneficios optimistas ha mantenido viva la mentalidad de compra. Una ralentización de la economía podría poner fin a esta racha de beneficios y a la confianza de los pequeños inversores.

Los alcistas tienen motivos para justificar su actitud. Ponen como ejemplo años como 1994, cuando la economía era tan sólida que los ajustes de la Reserva Federal sólo provocaron una leve desaceleración y una caída de apenas el 10% en las acciones. O recuerdan formas en las que la inflación podría remitir, si la escasez inducida por la pandemia y la guerra en Ucrania desaparecen de alguna manera, permitiendo que la Fed deje de endurecer su política monetaria relativamente pronto.

Por ahora, sin embargo, un mercado estabilizado está consolidando la determinación de la Fed, que comenzó el ajuste cuantitativo [Quantitive tightening] la semana pasada, una medida que podría preparar el escenario para el segundo acto de este drama. Teniendo en cuenta todos los riesgos que acechan -inflación persistente, crecimiento más lento, traders activos-, haría falta un resultado mágico para que el próximo acto fuera más breve o menos grave que el típico mercado bajista del siglo pasado.

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