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La alta inflación vuelve a Brasil: "Cada semana hay precios diferentes"

El aumento de los costos se extiende a toda la economía, mientras el gobierno del presidente Jair Bolsonaro lidia con las consecuencias políticas en la cuenta regresiva a las elecciones de 2022 .

A Vania Barbosa le resulta cada vez más difícil permitirse lo básico. Esta madre soltera de 40 años de las afueras de Brasilia solía comprar un kilo de carne picada semanalmente, pero ahora ha cambiado a cortes más baratos y sólo una vez al mes.

"Cada semana que vas a comprar hay precios diferentes", dice la empleada gastronómica. "A veces tengo que sacar una porción de fruta, un mango, o quitar la caja de jabón y no lavar la ropa hasta la semana siguiente".

Sus problemas reflejan un malestar que afecta a los bolsillos de muchas personas en la nación más poblada de América latina, después de que el aumento de los costos de todo, desde la nafta hasta la carne, llevara la tasa de inflación a los dos dígitos por primera vez en más de cinco años.

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Ante el descontento por el nivel de vida, mientras se prepara para una campaña de reelección el próximo año, el presidente Jair Bolsonaro insiste en que es un problema mundial.

El repunte de materias primas como el petróleo y los alimentos, así como los cuellos de botella en la cadena de suministro a raíz de las interrupciones del coronavirus, han contribuido al fenómeno global.

"Pero otra parte de la causa es interna", dijo Caio Megale, economista jefe de la correduría de inversiones XP. "Nuestro tipo de cambio se ha depreciado más que [muchas] otras monedas, lo que ha provocado que la inflación llegue con más fuerza".

Desde principios de 2020, el real ha perdido una cuarta parte de su valor frente al dólar, y se ha devaluado un 5% en lo que va de año.

Los precios al consumidor de Brasil subieron en octubre, llevando la inflación al 10,67% anual, más de lo esperado y el mayor aumento para ese mes desde 2002. Entre las naciones del G20, sólo se sitúa por debajo de Turquía (20%) y la crónicamente afectada Argentina (52%), según datos de la OCDE.

En los últimos 12 meses, los compradores brasileños han experimentado fuertes subas en productos que van desde el azúcar refinado (48%) y la garrafa (38%) hasta los pasajes de avión (50%).

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Al mismo tiempo, la peor sequía en casi un siglo ha afectado a la generación hidroeléctrica y ha obligado a las empresas de servicios públicos a poner en marcha centrales térmicas más costosas, lo que ha provocado un aumento de las facturas de electricidad.

Los efectos se están sintiendo más en las personas con menores ingresos, y los investigadores afirman que se ha producido un aumento del hambre desde el comienzo de la pandemia.

Los residentes más ricos de lugares como San Pablo también han notado efectos indirectos, como el aumento de los tiempos de espera para Uber.

Aunque el tráfico ya volvió a la mayor ciudad del país con la flexibilización de las restricciones por Covid-19, los conductores dicen que las subas en los surtidores de combustible han hecho menos atractivos ciertos viajes, a pesar del reciente aumento de las tarifas por parte de la plataforma.

"A veces no vale la pena levantar al cliente. Estás perdiendo dinero, estás pagando por trabajar", dijo un conductor, Sergio Pereira, que se conecta a la app los fines de semana.

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Con Bolsonaro rezagado en las encuestas frente al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que se espera que le dispute la presidencia en las elecciones de octubre de 2022, el Gobierno pretende impulsar un plan de transferencia de dinero para las personas más pobres.

Sin embargo, algunos observadores temen que estos planes acaben exacerbando la inflación, incluso a pesar de que las subas de la tasa de interés que hizo el banco central para combatir el aumento de los precios estén frenando el crecimiento.

Para pagar el programa de bienestar ampliado, la administración quiere alterar un tope de gasto constitucional que limita los aumentos presupuestarios y que es considerado por los inversores como un pilar de la credibilidad económica de Brasil. El proyecto de ley presentado al Congreso también retrasaría el pago de ciertas deudas judiciales.

Los críticos ven la maniobra como una señal preocupante de que se puede abandonar la rectitud fiscal. Argumentan que se corre el riesgo de que se produzca una espiral negativa, ejerciendo una mayor presión sobre la moneda que, a su vez, haga subir el valor de las importaciones y de los bienes cotizados en dólares.

Arminio Fraga, ex presidente del banco central, dijo que aunque por sí solos los fondos extra liberados "pueden no ser el fin del mundo", el paquete podría llevar a una percepción entre los inversores de que "se han abierto las compuertas y el Gobierno puede incumplir una obligación legal".

"Permite que los malos escenarios se cuelen en el panorama", añadió. "Creo que el tipo de inflación que tuvimos en los '80, incluso en los '70, sería una sorpresa. ¿Pero podemos descartarlo totalmente? Me temo que no".

Por el momento, el país está muy lejos de la estratosférica hiperinflación del pasado, que fue domada a mediados de los '90 con un plan de estabilización macroeconómica que introdujo una nueva moneda.

Sin embargo, algunos economistas hablan ahora de la posibilidad de una "dominación fiscal". Esto se refiere a cuando la política monetaria se vuelve menos eficaz contra la inflación, o incluso contraproducente, ya que el encarecimiento de los costos de los préstamos eleva la carga del servicio de la deuda pública y amplía las dudas en torno a las finanzas públicas.

El Banco Central de Brasil ha sido uno de los más agresivos frente a la inflación, subiendo la tasa de interés de referencia Selic seis veces este año, desde un mínimo histórico del 2% hasta el 7,75%.

Sin embargo, el efecto amortiguador de las tasas más altas sobre la actividad económica ha contribuido a rebajar las previsiones del producto bruto interno. El desempleo se mantiene por encima de los niveles prepandémicos, y el posible escenario de crecimiento escaso o nulo en 2022 hace temer una estanflación.

A pesar del escenario oscuro, la moneda ha recuperado algo de terreno este mes y hay esperanzas de que una gran fuente de presiones sobre los precios se reduzca a partir de mayo, cuando expire una tarifa eléctrica de emergencia.

"Con una postura más firme del banco central y una probable desaceleración de la economía mundial, la inflación disminuirá", dijo Megale en XP.

"Pero el punto clave seguirá siendo el de las cuentas públicas. Si no somos capaces de equilibrarlas, las presiones inflacionarias serán cada vez más persistentes en la economía."

Zeina Latif, consultora económica, cree que los brasileños acostumbrados a subas moderadas de precios mostrarán su descontento en las urnas. Bolsonaro "se metió con algo que no debía", dijo.

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