

España está salpicada de pueblos abandonados por la despoblación, pero pocos lugares tienen una historia tan singular como la de Perlora, la “ciudad fantasma” más grande del país.
Situada en el concejo asturiano de Carreño, entre Gijón y Candás, la conocida como Ciudad de Vacaciones de Perlora llegó a ser uno de los complejos de turismo social más importantes de España.
Su origen se remonta a 1954, cuando el régimen franquista la impulsó a través de la Obra Sindical Educación y Descanso con un objetivo concreto: que las familias obreras, que hasta entonces no podían permitírselo, pudieran veranear frente al Cantábrico.

Una ciudad de vacaciones para miles de trabajadores
El complejo ocupaba más de 20 hectáreas junto al mar y funcionaba como un pueblo autónomo: más de 200 chalés de distintos estilos, una residencia colectiva, comedores, instalaciones deportivas, comercios, zonas infantiles, un centro médico, una iglesia y hasta conexión ferroviaria con Gijón.
Cada quincena llegaban hasta 2000 personas, muchas de ellas empleadas de grandes empresas como Hunosa, Ensidesa o Renfe, que disfrutaban de unas vacaciones subvencionadas. Su época de mayor esplendor se vivió entre los años sesenta y setenta.
El conjunto destacó además por su valor arquitectónico: diseñado por los hermanos Francisco y Federico Somolinos como una ciudad jardín, mezclaba la arquitectura moderna con guiños a la tradición asturiana, como una vivienda con forma de hórreo.

Así está hoy la “ciudad fantasma” más grande de España
Con la llegada de la democracia, el complejo pasó a manos del Principado de Asturias en 1982 y entró en una decadencia progresiva que culminó con su cierre en 2006.
El impacto se extendió más allá de la plantilla: bares, comercios y proveedores de la zona dependían en buena parte de la llegada de veraneantes.
Desde entonces, los distintos proyectos para revitalizar el recinto, incluido uno que preveía un hotel de lujo y un centro de congresos, no llegaron a materializarse.
Casi dos décadas después, Perlora es un lugar detenido en el tiempo: la maleza cubre numerosos edificios, abundan las ventanas rotas y los grafitis, y algunos inmuebles han sido declarados en ruina. Aun así, el recinto sigue atrayendo cada verano a curiosos, fotógrafos y antiguos veraneantes que recuerdan sus años de esplendor.
El futuro de Perlora
El pasado junio, el Gobierno de Asturias aprobó la cesión temporal de parte del complejo al Ayuntamiento de Carreño durante cinco años, un primer paso para crear zonas verdes y mejorar el acceso a la playa mientras se tramita el Plan Especial de Protección y Reforma Interior, que ordenará la llamada “Nueva Perlora”. La rehabilitación de los edificios llegará en una fase posterior.
Mientras tanto, colectivos vecinales, ecologistas y sindicatos reclaman que se rehabilite lo que sigue en pie y que el recinto conserve el carácter público y social con el que nació hace más de setenta años.














