ENTREVISTA A LA EXCANCILLER

Susana Malcorra: "La Argentina sufre ser parte de esta realidad latinoamericana"

Como una de las fundadoras de GWL Voices, impulsa el empoderamiento de las mujeres en los espacios de decisión. Los efectos de la guerra, el mundo de la pospandemia y el presente de la región. En el diálogo con El Cronista participa también la exministra ecuatoriana María Fernanda Espinosa

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"Los grandes trazos de la política exterior tienen que trascender a los distintos gobiernos sin quitarle la posibilidad a cada uno de generar matices basados en su ideología. Pero lo que no debe haber son ‘bandazos', para usar un término muy nuestro. Y en algunos casos hemos tenido algunos ‘bandazos'. No me parece que sea bueno, y eso aplica a un lado y otro de las posiciones ideológicas en Argentina", lanza la excanciller Susana Malcorra.

En una entrevista junto a El Cronista, reflexiona acerca del posicionamiento internacional del país, la crisis global y la necesidad de alcanzar la plena igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, también en el ámbito multilateral.

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Malcorra se alejó de la función pública pero no de su compromiso con el campo internacionalista donde sigue muy activa y al frente de una iniciativa propia que busca empoderar a las mujeres para ganar espacios de decisión a nivel multilateral. 

La asociación internacional GWL Voices -integrada por más de 60 mujeres líderes del mundo que han trabajado en gobiernos y organizaciones multilaterales- nació, y no por casualidad, de su alianza con la ex primera ministra de Nueva Zelanda y administradora del PNUD, Helen Clark, e Irina Bokova, directora general de UNESCO, cuando las tres compitieron por la secretaría general de las Naciones Unidas y perdieron. Pero entendieron que la lucha debía continuar, esta vez como alianza.

Del diálogo participó también María Fernanda Espinosa, directora ejecutiva de GWL Voices, excanciller y ex ministra de Defensa de Ecuador y una de las pocas presidentas de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ambas estuvieron en Buenos Aires participando de la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, organizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en coordinación con la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres).


El lugar de las mujeres

-¿Qué significa la iniciativa de GWL Voices en cuanto a lograr mayores espacios de decisión para las mujeres?

-Susana Malcorra (SM): Lo que vemos en el tema de los derechos de la mujer y su empoderamiento es una profunda fuerza de retroceso, hay muchos intereses en contra, también en el espacio del multilateralismo. Y unas Naciones Unidas que se están debilitando junto con una agenda de mujeres que se está debilitando es una receta para el desastre. En ese sentido, GWL Voices se formó porque creemos que podemos hacer un trabajo de refuerzo. Empezamos siendo unas poquitas, hoy somos 63 y creciendo y muy contentas de todo lo que hemos logrado en este camino.

-Fernanda Espinosa (FE): Este espacio funciona como una gran red donde están representados 40 países, mujeres de todas las regiones del mundo que vienen con sus bagajes, con su experiencia, con su conocimiento del sistema multilateral y es como tener en una sola red un acopio de know how sobre cómo actúa el sistema multilateral y cómo nosotras podemos aportar para mejorarlo. Y lo hacemos todo con los lentes de los derechos de las mujeres puestos. Porque no hay "temas de mujeres", todos los temas son de mujeres: los temas de desarme, de paz y seguridad, los temas ambientales, los derechos humanos, desarrollo, todos son temas de las mujeres y el aporte nuestro es justamente llevar esa mirada a la toma de decisiones.

-Hay un concepto que habitualmente se utiliza, que es de "techo de cristal" para ilustrar ese límite que existe, no visible pero palpable, para las mujeres en el poder. ¿Existe esa discriminación vertical en la ONU?

En el 70° aniversario de la ONU hubo un proceso muy abierto. Éramos 13 candidatos y candidatas, siete mujeres y seis hombres. Pero que ninguna de las siete mujeres estuviera a la "altura" de ser secretaria general es sintomático

-SM: Cuando entras al edificio de Naciones Unidas, hay un gran hall donde están las fotos de todos los secretarios generales, todos hombres, lo cual habla por sí mismo. Cuando vas al Hall de la Asamblea General donde están todas las fotos de las cabezas de la Asamblea General, solo hay cuatro mujeres en 77 cuadros. Los números hablan por sí solos. Cuando en el 70° aniversario se habló de que obviamente era lo próximo tenía que ocurrir y hubo un proceso muy abierto, se generó una posibilidad de discusión muy amplia gracias al presidente de Asamblea General, y éramos 13 candidatos y candidatas, siete mujeres y seis hombres. Pero que ninguna de las siete mujeres estuviera a la "altura" de ser secretaria general es sintomático.

-Mencionaban antes que había intereses en contra de que eso ocurra...

-SM: Definitivamente para quienes toman las decisiones, testear las aguas con una perspectiva femenina es un cambio. Entonces quizás eso afecte la dinámica de los intereses. Estamos probando algo nuevo y las mujeres tendemos a ejercer el liderazgo de una manera distinta. No siempre, hay excepciones, pero tendemos a escuchar más, a dar más participación, lo que constituye una forma de aproximación a los temas que quizás a muchos les preocupa.

-¿Y por qué creen que existe esa resistencia: es por temor a perder un statu quo, privilegios..?

-FE: Las instituciones son el reflejo de las sociedades. Y si tienes sociedades que están construidas con valores machistas, eso se traslada a la forma como se construyen las instituciones. Las Naciones Unidas no son una isla aparte. Recuerdo cuando fui nombrada embajadora en Nueva York, había un círculo que se llamaba el "Círculo de las Mujeres Embajadoras". En esa época, éramos poco más de 20 sobre 193; ahora el número ha crecido. Pero también en las comisiones de trabajo de la Asamblea General, por caso, había un sesgo: entrabas a la primera comisión, la de desarme, y esos eran "los temas de los hombres" cuando ellos son muy responsables de la carrera armamentista. Y luego había otros temas, como la Tercera Comisión, la de los Derechos Humanos, y ahí sí iban las mujeres. Todos esos estereotipos juegan en cómo están construidas las carreras diplomáticas, al nivel de los países, y entonces cuando llegas, ya llegas desigual. Lo que ocurre con los Parlamentos, en el mundo, es muy significativo: ¿cómo puede ser posible que hoy en el siglo 21 el 75% de parlamentarios a nivel global sean hombres? Y hay países donde no hay no una sola mujer en el Parlamento.


La reforma de Naciones Unidas

-Hace tiempo se viene debatiendo sobre la necesidad de una reforma de Naciones Unidas, ¿cómo está hoy el organismo en este mundo postpandemia, ¿cuánto cambió?

Las instituciones son el reflejo de las sociedades. Y si tienes sociedades que están construidas con valores machistas, eso se traslada a la forma como se construyen las instituciones. Las Naciones Unidas no son una isla aparte

-SM: Naciones Unidas es una institución que se creó después de la Segunda Guerra Mundial, casi un milagro que los estados decidieran sentarse alrededor de la mesa después del horror, pero se hizo en ese contexto con ganadores y perdedores de ese momento, y eso se reflejó de esa manera en la institucionalidad. Es evidente que eso tiene que evolucionar porque la realidad de hoy es totalmente distinta. La geopolítica ha variado. Dicho esto, hay interesados en que esto no ocurra y hay interesados en una Naciones Unidas que no sean fuertes. Porque Naciones Unidas históricamente ha defendido el interés en el sentido más amplio de los países más pequeños y los países más vulnerables son los que tienen más para perder de la no existencia de Naciones Unidas. Este es un momento central para producir esa transformación.

-¿Pero no hay un repliegue, en cierto modo, de las potencias en lo que refiere a la multilateralidad?

-SM: Yo veo una lucecita que tiene que ver con lo que está pasando en Ucrania. Hay una ventana de oportunidad. Naciones Unidas se ha ocupado de crisis y de problemas en todo el mundo: este pasa en Europa y como siempre en estas cuestiones la piedrita duele un poco más. La imposibilidad de ponerse de acuerdo en el Consejo de Seguridad que es el órgano central para los temas de paz y seguridad ha llevado a un clamor por parte de los países en general, que algo tiene que pasar. Y hasta es interesante a que algunos miembros del propio Consejo, como Estados Unidos, reconocieron que es necesario revisar este diseño. Entonces han pasado cosas tales como que ahora se aprobó una resolución por la cual la Asamblea General va a participar si hay un veto. Lo que está pasando en este momento nos abre una oportunidad de cambio y una oportunidad de cambio para lo positivo.

-FE: Esto último puede parecer un tecnicismo, pero en términos de las correlaciones de poder, es muy importante. Y se está pensando cómo diseñar un instrumento para tomar decisiones sobre los bienes públicos comunes, el mar, el espacio, cómo lidiar con el tema del cambio climático como un bien común y cómo se utiliza el espacio atmosférico. Estamos presidiendo una iniciativa de más de 400 organizaciones de la sociedad civil que se llama la "Coalición por la ONU que Queremos", trabajando de manera constructiva en propuestas para la reforma. Porque hay una suerte de despertar, no solamente de los Estados sino de la sociedad, diciendo "aquí tenemos que mejorar la manera en la que trabaja Naciones Unidas". El gran desafío me parece es entender qué significa el interés nacional y la soberanía. ¿Qué significa con la pandemia del Covid 19? Significa que todos estamos sanos o todos nos enfermamos y morimos. Y así el interés nacional se convierte automáticamente en el interés general. Lo mismo ocurre con las migraciones. ¿Qué país puede resolver que haya una migración segura, ordenada y regular sin un pacto colectivo?


Latinoamérica y el lugar de Argentina

- ¿Cómo ven a Latinoamérica hoy en general en este escenario de guerra y desigualdades que se acrecientan?

-SM: Creo que Latinoamérica ha perdido espacio en el mundo en general y en el multilateralismo en especial. Es decir, la fragmentación dentro de Latinoamérica ha provocado que Latinoamérica perdiera voz e influencia. Eso es realmente muy serio porque nos impide trabajar de manera coordinada en muchos temas de agenda común y porque esto hace que en las cuestiones que se discuten a nivel del mundo, la región no se presente con una voz única. Es posible que algunos de los cambios con este nuevo ciclo electoral revitalicen la visión más regional de Latinoamérica. Y en cuanto a la Argentina, sufre ser parte de esta realidad. No poder ir con posiciones fuertes, debilita la posibilidad de influencia. Tengo esperanza que estos ciclos electorales permitan también que podamos recuperar las instituciones que dejaron de funcionar a nivel intrarregional.

-FE: En los últimos años, Latinoamérica se ha volcado hacia la polarización interna, hacia las dificultades de llegar a acuerdos, sobre lo mínimo. Y mucha gente dice que lo que pasa es que hay mucha diversidad y mucha polarización: resulta que la historia de América Latina es la historia de la diversidad. ¿Cuándo América Latina ha sido un monolítico? El problema es que esta exacerbación de la polarización ha hecho que la energía regional se ponga en resolver las rencillas internas y no conectar con lo que está pasando en el mundo. Estamos oyendo otra vez sobre "integración regional", de la consolidación de la CELAC bajo la presidencia argentina, de una próxima cumbre presidencial entre la Unión Europea y América Latina que no ocurría desde hacía seis años... La integración regional es un prerrequisito para conectar la región con el escenario geopolítico que no es el mejor, es decir, estamos pasando una profunda crisis global. Estar unidos y acordar mínimos es fundamental.

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-¿Dónde se debe parar la Argentina en un escenario en el que los poderosos tampoco juegan a la cooperación sino cada vez más a la polarización global?

-SM: En efecto, la tensión de los grandes poderes geopolíticos es cada vez mayor y nosotros debiéramos ser capaces de no tener que optar. De tener esas posiciones que nos permitan pivotear entre uno y otro, porque necesitamos de uno y otro. Es así de simple: es como que a los chicos les hagan elegir entre mamá y papá, digamos, para sobre simplificar el ejemplo. Entonces una región unida en acuerdos de mínimos, que dicho sea de paso históricamente han sido acuerdos de mínimos pero ambiciosos, es fundamental.

-A menudo se suele criticar, en el debate público y mediático, los "giros" de la Argentina en su agenda internacional, ¿coincide, Malcorra, con esa lectura o hay una política exterior que en sus grandes trazos se mantiene?

-SM: Hay algunos ejemplos que son extraordinarios para mostrar que las relaciones internacionales deben ser políticas de Estado. Un ejemplo que me viene a la cabeza es el de la plataforma continental, un trabajo que llevó más de veinte años y fue transversal a gobiernos de distinta ideología en la Argentina. A mí me tocó estar en el privilegio de recibir el resultado final y cuando ocurrió, lo dije públicamente: es el mérito de la continuidad de un grupo técnico sostenido en el tiempo que fue el que defendió el caso. Esto no quiere decir que no haya matices, obviamente, porque distintos gobiernos reflejan distintas visiones políticas. Pero en lo esencial, Argentina ha sido históricamente un país activo en derechos humanos, absolutamente. De igual modo, en todo lo que refiere a los océanos y cambio climático. Los grandes trazos de la política exterior tienen que trascender a los distintos gobiernos sin quitarle la posibilidad a que cada uno, basado en una aproximación más cercana a su ideología, le genere un matiz, sin que haya "bandazos". El nuestro era un país muy escuchado porque era consistente con el compromiso con estas cosas y tenemos que recuperar ese espacio porque ser escuchado Naciones Unidas tiene muchísimo valor.

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