Los productores argentinos empezaron a levantar el pie del acelerador en la comercialización de granos cuando, desalentados por la caída de los precios internacionales redujo el ritmo de ventas de soja y maíz, mientras el mercado busca señales que permitan determinar si la fuerte corrección de las últimas semanas encontró finalmente un piso.
La situación no es idéntica para todos los cultivos, pero en los principales granos aparece una misma conducta, la que se puede resumir en menos operaciones a precio y mayor cautela antes de desprenderse de la producción.
La soja es donde el cambio de ritmo resulta más evidente. Las ventas a precio pasaron de niveles superiores a las 600.000 toneladas semanales a menos de 300.000 toneladas y, en la semana cerrada el 14 de octubre, fueron de apenas 211.000 toneladas. El volumen quedó así muy por debajo del promedio histórico para esta época del año, superior a las 350.000 toneladas semanales.
El freno también empieza a verse en el acumulado. Hasta el momento se comercializó el equivalente al 50% de la producción de soja, tres puntos porcentuales por debajo del promedio histórico, mientras que la originación alcanza el 62% y también muestra un atraso similar.
La caída de los precios internacionales aparece como el principal factor detrás de la menor velocidad de ventas.
La estrategia se produce en un mercado internacional que viene atravesando una fuerte presión bajista. En Chicago, la cosecha estadounidense avanza y la presión de la oferta se combina con una elevada posición comprada de los fondos, aunque esa exposición comenzó a reducirse.
Para completar el complejo cuadro de situación, la devaluación del Real brasileño podría afectar también la balanza entre ambos países.
Pueden limitarse las caídas de los precios del agro: las señales
En la semana cerrada al martes, los fondos especulativos vendieron 4,26 millones de toneladas de soja y redujeron su posición comprada neta hasta 20,04 millones de toneladas.
Sin embargo, empiezan a aparecer algunas señales que podrían limitar la caída. Las exportaciones semanales de Estados Unidos superaron las 2,8 millones de toneladas, en línea con las fuertes compras que ya habían anticipado las llamadas flash sales. Ese nivel de demanda puede contribuir a poner un piso a los precios después de la reciente corrección.
China también volvió a aparecer en el mercado. Las compras del gigante asiático sobre Estados Unidos se reactivaron con fuerza, en un movimiento que podría ayudar a estabilizar los precios en Chicago.
Pero el escenario sigue teniendo un límite: las importaciones chinas de soja fueron de 11,9 millones de toneladas en septiembre, 8% menos que un año atrás, mientras que el stock porcino cayó 2,6% interanual. La menor cantidad de cerdos implica, a su vez, una menor necesidad futura de molienda.
La situación también está condicionada por Brasil. La siembra de soja alcanzó el 30% del área proyectada, cuatro puntos por encima del promedio histórico, mientras que Mato Grosso llegó al 76%, el ritmo más rápido de los últimos cinco años y 16 puntos por encima del registrado un año atrás.
Las lluvias permitieron acelerar la implantación y redujeron el riesgo de que un eventual fenómeno de El Niño provoque una caída significativa de los rindes brasileños.
Maíz: menos ventas, pero una demanda que puede ponerle un piso
El maíz atraviesa una dinámica parecida, aunque con algunos datos que permiten una lectura diferente. La presión de la cosecha estadounidense y la sorpresa por stocks superiores a los previstos provocaron una fuerte caída de los precios. Los fondos recortaron 55,3% su posición comprada neta durante la semana, equivalente a una reducción de 8,04 millones de toneladas.
Pero el mercado empieza a mostrar señales de demanda. Los precios se encuentran en niveles similares a los del ciclo anterior y, aun después de la revisión al alza del USDA, los stocks estadounidenses siguen por debajo de los del año pasado.
Además, Europa aumentó 40% sus compras habituales de maíz ante la sequía y la menor oferta ucraniana, mientras Francia prevé una cosecha de apenas 7 millones de toneladas, la menor desde 1976. En Asia también continúan las licitaciones y Taiwán compró 65.000 toneladas de maíz brasileño.
Argentina, en tanto, viene ganando participación en el comercio internacional. Las exportaciones de maíz crecieron 41% acumulado hasta octubre, mientras que Brasil registró una caída de 24%. La mayor producción argentina, el aumento del consumo interno brasileño y la competencia con la soja por la capacidad de embarque explican parte de esa diferencia.
Sin embargo, la comercialización local también perdió velocidad. Las ventas de la cosecha 2025/26, que en algunos momentos superaron el millón de toneladas semanales, fueron de 438.000 toneladas en la semana relevada al 14 de octubre.
El volumen es similar al promedio histórico para esta época, pero representa una desaceleración frente al ritmo que se había observado previamente. También se frenaron las ventas de la cosecha nueva.
El productor espera, pero el mercado todavía no garantiza un rebote
La menor velocidad de ventas no significa necesariamente que los productores estén apostando a una fuerte recuperación de los precios. El informe publicado por la Universidad Austral muestra, más bien, una combinación de presión bajista y señales que podrían indicar que el mercado empieza a acercarse a un piso.
En Argentina, además, la decisión de vender o esperar se cruza con el calendario agrícola. La siembra de maíz temprano llegó al 39,8% de las 8,4 millones de hectáreas proyectadas, cinco puntos porcentuales más que una semana atrás y seis puntos por encima del ritmo del año pasado.
Las bajas temperaturas provocaron emergencias desparejas en algunas zonas, mientras que un alerta naranja por lluvias en la región pampeana y el litoral anticipa nuevas demoras operativas.
El clima también puede modificar el ritmo de comercialización. Las precipitaciones previstas permitirían recargar la humedad de los perfiles, pero podrían generar demoras en las tareas de campo hasta los primeros días de noviembre.
El 2027 que ya pesa sobre las decisiones de los productores

Por otra parte, Ag Barometer Austral de septiembre-octubre muestra una nueva mejora en el ánimo de los productores agropecuarios argentinos y, al mismo tiempo, una señal de cautela que empieza a ganar peso.
La incertidumbre electoral hacia 2027 aparece como el principal factor que lleva a actuar con prudencia o postergar inversiones.
El índice de confianza alcanzó los 150 puntos, un 2% más que en la medición anterior y un 20% por encima del registro de septiembre-octubre de 2025.
Cuando se les preguntó a los productores cuáles son los factores que los llevan a actuar con cautela o postergar inversiones, el 49% señaló la incertidumbre electoral hacia 2027.
El porcentaje quedó por encima del riesgo climático para la campaña 2026/27, mencionado por el 38%, y de las tasas o condiciones de financiamiento, con 24%.
La elección tampoco aparece como una preocupación marginal cuando se mira específicamente el horizonte de inversión.
El 68% de los productores respondió que la incertidumbre sobre el resultado de las elecciones presidenciales de 2027 influye “mucho” o “algo” en sus decisiones de inversión de largo plazo.
Dentro de ese grupo, 36% dijo que influye mucho y 32% que influye algo. Otro 15% respondió que influye poco y 17% que no influye.
La elección todavía no define por sí sola el comportamiento de los productores, pero sí forma parte del cálculo que hacen antes de comprometer recursos.

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