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A la hora de elegir dónde colocar los ahorros en pesos, la comparación entre el plazo fijo tradicional y el plazo fijo UVA suele ser uno de los dilemas más frecuentes entre los ahorristas. La diferencia central está en cómo cada uno calcula el rendimiento.

El tradicional fija una tasa de interés desde el momento de la colocación, mientras que el UVA actualiza el capital según la evolución de la Unidad de Valor Adquisitivo, vinculada al Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que sigue de cerca la inflación.

La elección entre uno y otro depende sobre todo del tiempo que se puede dejar inmovilizado el dinero y de la expectativa sobre los precios. No es lo mismo saber de antemano cuánto se va a cobrar que aceptar un plazo más largo a cambio de proteger el capital frente a la inflación.

A 90 días, que es el plazo mínimo exigido para el UVA, la comparación entre ambos instrumentos cobra sentido al quedar en igualdad de condiciones de plazo.

Plazo fijo tradicional: cómo funciona

El plazo fijo tradicional es una colocación en pesos con una tasa de interés que queda determinada al momento de contratarla, y el dinero permanece inmovilizado hasta el vencimiento. Su principal ventaja es la previsibilidad: el ahorrista sabe desde el primer día cuánto va a ganar, sin importar lo que ocurra después con la inflación.

(Fuente: Adobe Stock)
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Las tasas varían bastante de un banco a otro. Para colocaciones online a 30 días, el Banco Central informa en su comparador oficial las siguientes tasas nominales anuales:

Bancos principales:

Otros bancos que informan tasa online:

Si se proyecta esa misma tasa a un plazo de 90 días, el resultado depende directamente del porcentaje elegido. Con una TNA promedio cercana al 20,67%, que es la que registraron los depósitos tradicionales a 30 días, el rendimiento trimestral ronda el 5% sobre el capital invertido, aunque el número final varía según el banco y el momento en que se constituya el plazo.

Plazo fijo UVA: cómo funciona y en qué se diferencia

A diferencia del tradicional, el dinero depositado en un plazo fijo UVA se convierte en Unidades de Valor Adquisitivo, que evolucionan según el CER, y al finalizar la inversión, el capital se vuelve a expresar en pesos según el valor de la UVA vigente en ese momento. Su plazo mínimo es de 90 días.

Existe además una variante UVA precancelable, con un plazo de al menos 90 días, pero con la posibilidad de solicitar la cancelación anticipada desde el día 30. Si el dinero se mantiene hasta el vencimiento, el rendimiento combina la actualización por UVA con una tasa adicional fijada para el instrumento. En cambio, si se retira antes, se aplica la tasa correspondiente a la precancelación, que suele ser menor.

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La principal fortaleza del UVA aparece cuando la inflación se ubica por encima de las tasas que ofrecen los bancos. El interés por esta alternativa viene creciendo. Según datos del BCRA, el stock de depósitos UVA pasó de $ 568.526 millones en marzo a $ 1.030.533 millones en abril, y alcanzó $ 1.488.983 millones en mayo.

¿Cuál conviene entonces?

El plazo fijo tradicional resulta más conveniente para quien necesita disponer del dinero en el corto plazo y prioriza conocer de antemano cuánto va a ganar. Su plazo mínimo de 30 días da más flexibilidad para renovar, cambiar de instrumento o usar los pesos apenas vence el depósito.

El UVA, en cambio, tiene más sentido para quien puede inmovilizar el capital durante dos meses y busca que su ahorro acompañe la evolución de los precios. Cuando la inflación es alta, esa característica puede marcar una diferencia relevante frente a una tasa fija que queda congelada desde el día uno.

Antes de decidir, conviene mirar ambos datos en conjunto. Según el INDEC, la inflación acumulada hasta agosto de 2026 llegó al 21,3%, con una variación interanual del 33,5%, mientras que el índice de precios subió 1,7%.

Si la inflación sigue bajando, como está ocurriendo en el escenario actual, una tasa fija como la del tradicional puede resultar más conveniente, porque permite asegurar un rendimiento conocido antes de una eventual reducción de las tasas bancarias. Si, en cambio, se acelera, el UVA ofrece una protección que el tradicional no tiene.