Nicolás Massot: "Tenemos que dejar la práctica de partido chico de definir en una mesa de 3 o 4 personas"

El exjefe del bloque del PRO en Diputados sigue construyendo con Monzó y Frigerio. Pide herramientas de democracia interna y critica al Gobierno.

Fue una de las grandes figuras legislativas de Cambiemos en el Gobierno. Junto con Emilio Monzó buscó generar acuerdos para que salieran leyes, lo que se logró sobre todo en los primeros dos años. Desde hace dos años se mudó a Tigre y comenzó a militar allí. La posibilidad de postularse este año, en vistas a la intendencia en 2023, está latente.

¿Cómo fue la decisión de empezar a hacer política en Tigre? ¿Podrías postularte?

La primera decisión fue personal y familiar, elegir donde vivimos ahora, en Don Torcuato. A esa decisión personal la siguió después, como es lógico de cualquier dirigente político, la de empezar también a tener cierta injerencia y a moverme localmente. Independientemente de que sigo con Emilio (Monzó) en la proyección provincial, con Rogelio (Frigerio) en su desarrollo en Entre Ríos, y con el resto de nuestro armado nacional.

El desafío, antes de hablar de candidaturas, tanto en Tigre como en la mayoría como en la mayoría de los partidos del conurbano, es que Cambiemos tenga una expresión más local, que no parezca una mera franquicia de un partido nacional nacido en CABA, sino que se empiecen a incubar espacios con jugadores locales.

Te mostraste con Rodolfo D'Onofrio. ¿Te gustaría sumarlo al espacio?

Rodolfo es una persona que tiene vocación pública, trasciende la política. Ya tiene un cargo muy político, en el sentido más puro de la palabra. Nosotros nos conocemos desde hace varios años y alimentamos una relación junto con Emilio. Lo valoramos muchísimo, es una persona muy honesta intelectualmente y mucho más preparado para dar que para recibir en esta etapa de su vida. Con tenerlo cerca y poder enriquecernos de su experiencia nos alcanza. Después dependerá de él si quiere asumir algún otro desafío que tenga que ver con candidaturas o liderar un proyecto.

¿Cómo ves hoy las internas en Juntos por el Cambio?

El mayor legado de los cuatro años en el Gobierno es que después de haber perdido una elección hayamos podido consolidar un segundo espacio de masas en la Argentina. Y que después de 20 años de un gran caos partidario en nuestro país se empiecen a vislumbrar con mayor claridad dos grandes frentes: el Frente de Todos, lo que orbita alrededor del kirchnerismo, y Cambiemos, que ha sorteado bastante bien la salida del poder y la preservación de la unidad.

Es un espacio tan amplio, que tiene un núcleo de coincidencias muy importante respecto del valor de la división de poderes y las instituciones, el papel que juega el ahorro y la inversión en la generación de trabajo genuino, y una visión muy clara del lugar que ocupa la Argentina en el mundo. Es suficientemente importante como para mantener la unidad del espacio entre todos los actores. También hay algunas diferencias, de fondo y de forma. Creo que es muy sano y que existen en todos los frentes políticos que son amplios y heterogéneos.

En este contexto, ¿cuál es el desafío para gestionar esas diferencias?

El gran desafío que hoy tiene Cambiemos es dotar al frente de herramientas de democracia interna. Tratar de dejar la práctica de partido chico de definir en una mesa de 3 o 4 personas e imponer decisiones. Se debe recoger lo diverso de las realidades locales en todo el país, y dar criterios y reglas de juego claras para que florezca la democracia interna.

Desde que se fueron del gobierno se mantuvo la unidad del espacio. Pero los mayores cortocircuitos fueron los entredichos entre Emilio Monzó y Mauricio Macri. ¿Fue ahí donde más se tensionó la posibilidad de la unidad?

No, hubo entredichos de interpretación del pasado. Emilio hizo una autocrítica temprana, cuando todavía estábamos en el gobierno y el presidente tenía una imagen alta. Él percibía algunos riesgos futuros que decidió alertar. Primero en privado, después públicamente. Eso le valió algún resquemor del presidente. Pero siempre lo hizo con buena fe y lealtad. No con el presidente sino con sus votantes.

Mientras él hizo una autocrítica temprana, algunos otros hicieron una autocrítica hace menos tiempo. El cortocircuito fue tratar de revisar lo que pasó hace un par de años recién ahora, cuando muchos estamos con la mente puesta en pensar cómo volvemos a enamorar al electorado que perdimos y cómo volvemos a transformar a Cambiemos en un frente competitivo y más amplio. Que no rechace electores y dirigentes, sino que los reciba.

En ese punto, ¿a quién te gustaría sumar al espacio?

A los primeros que me gustaría sumar es a los millones de argentinos que nos votaron en 2015 y no en 2019. La principal tarea nuestra es tratar de interpretar esa frustración en esos electores que cambiaron ese voto en cuatro años. A veces, para lograr eso también ayuda hacer algunas alianzas, ponernos de acuerdo con dirigentes políticos que pueden o no expresar lo que expresan esos votantes. Pero el foco no tiene que estar puesto sobre los dirigentes sino sobre los votantes.

Tu armado es con Monzó y Frigerio. Por fuera de ellos, ¿con qué dirigentes de Juntos por el Cambio dialogás y se sentís en sintonía?

Diálogo tenemos con muchos dirigentes. Con Martín Lousteau, Horacio Rodríguez Larreta, Cristian Ritondo, María Eugenia Vidal. Hemos hablado con Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo. Tengo bastante diálogo con algunos dirigentes de Córdoba, por mis años allá. Con muchos excolegas que siguen como diputados, como Luciano Laspina, Waldo Wolff. Pero sí, nosotros venimos hace mucho tiempo haciendo política juntos con Emilio y Rogelio y además somos amigos. Pero diálogo tenemos con prácticamente todos.

En 2015 fueron a interna por partidos en Cambiemos. ¿Es posible pensar en una primaria en la que los dirigentes estén mezclados por otras afinidades, más allá de la pertenencia partidaria?

Sí, sin dudas. Creo que sería una muy buena señal de que no tenemos solo una alianza endeble, como pudo haber sido en algún momento, donde esas identidades partidarias eran más importantes que la identidad del frente, sino que la identidad de la alianza trasciende a las identidades individuales.

Es algo que ya ocurrió en Córdoba. En la elección a gobernador e intendente existió una interna, una de las facciones no quiso celebrarla, entonces hubo una división. Pero había dos espacios en los que había dirigentes del radicalismo y del PRO totalmente cruzados. Eso ocurrió en Córdoba, definitivamente puede suceder a nivel nacional y lo vería muy bien, como un crecimiento de Cambiemos.

Pero ir divididos a la general en Córdoba fue un error no forzado, se perdió la capital y se facilitó el triunfo de Juan Schiaretti.

El error no forzado fue no habernos dado herramientas de democracia interna. Haber tenido diversidad es espectacular. Lo que es un error es digitar Buenos Aires lo que ocurre en Córdoba, que es lo que se intentó en ese momento. Las diferencias no hay que eliminarlas, hay que conducirlas. Para eso hay que darse herramientas, criterios y reglas de juego transparentes para todos.

¿Cómo ves la gestión de Alberto Fernández?

No la veo bien. Creo que la pandemia impuso muchos desafíos. Pero también generó un contexto que podría haber sido muy favorable para tomar un estilo de conducción más alejado de la grieta, de la confrontación fácil, del electoralismo y de la chicana. Y por el contrario haber conducido esta crisis basado en los acuerdos con los gobernadores.

Fue algo que comenzó en marzo y duró varios meses. Varios nos entusiasmamos con ese estilo de conducción y con los frutos que podía dar. Lamentablemente después el presidente y miembros del oficialismo, quienes tienen la iniciativa de lo que ocurre en el campo político, decidieron alejarse de ese estilo y volver a la confrontación y a la grieta como elemento legitimador de una parte de la sociedad.

¿Cómo ves el futuro del gobierno, qué te preocupa?

Hay problemas en la Argentina que se están volviendo crónicos. Principalmente, la falta de generación de empleo formal. No solo no crece, sino que lo poco que crece lo hace en informalidad. Estamos hace 12, 14 años en una cantidad de empleo formal que oscila entre 6 6,4 millones puestos de trabajo en el sector privado y no podemos salir de ahí. Y la población crece, se suman entre 180 y 220 mil jóvenes que cumplen 18 años y se suman a la masa laboral y no pueden ser absorbidos. Esto consolida la desigualdad y la pobreza. No podemos sacar a nadie de la pobreza si no generamos trabajo.

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