

El economista jefe de FIEL, Daniel Artana, analizó el rumbo actual de la actividad y, a diferencia de otros colegas, advirtió que el principal foco de tensión de cara a los próximos meses no pasa por la nominalidad de la macroeconomía, sino por el mercado laboral.
Aunque reconoció que el Gobierno mantiene la firmeza necesaria para consolidar el sendero de desinflación, alertó sobre los efectos colaterales de la transición hacia un modelo más competitivo y las dificultades estructurales que enfrentará la matriz productiva para incorporar nuevos trabajadores.
La principal luz de alerta para el especialista se concentra en las trabas operativas para generar nuevos puestos formales, incluso en un escenario de repunte de la actividad.
“A mí lo que más me preocupa hoy es el empleo”, disparó el economista en diálogo con Radio Rivadavia, y profundizó en los motivos detrás de esa lectura.
“Ahora que tenés una economía más competitiva, con otras aspiraciones, tenés que ser más productivo, y eso significa que con la misma gente producís más, o producís más incluso con menos gente. A eso hay que sumarle la transformación que está ocurriendo en el mundo con la IA. Nosotros calculamos que, por un tiempo, aún con la economía creciendo, la generación de empleo va a ser baja”, explicó.
Al evaluar la licuación que sufrieron los ingresos en el último tiempo, Artana marcó una diferencia temporal entre la urgencia del poder adquisitivo y el desafío del mercado de trabajo. “¿Si me preocupa más la falta de empleo o lo que cobran los asalariados? De corto plazo ninguna de las dos cosas está bien, pero en el mediano plazo me preocupa más el empleo”, explicó.

En esa línea, remarcó que las paritarias recompondrán parte de lo perdido, pero le puso un techo a las expectativas de recuperación: “No da para que tengas mejoras de salarios fenomenales. La economía no te aguanta las cuentas externas para eso. Al final del gobierno de Cristina Fernández y al principio del gobierno de Macri teníamos salarios que estaban entre 25 y 30% más altos de los que tenemos ahora, ajustado por inflación. Eso hoy no está disponible”.
En esta línea, se refirió también a como el estancamiento en la creación de puestos de trabajo se enlaza de forma directa con la demora en la llegada de grandes inversiones, una variable atada al riesgo país y al futuro del frente cambiario. Sobre ese punto, el economista estimó que el Ejecutivo priorizará la cautela frente a la apertura del cepo para evitar correr riesgos que puedan despertar la volatilidad y revivir los temores del mercado.
“Lo que prima no es el riesgo económico, sino que lo que prima es el riesgo político”, diagnosticó. “Nosotros ante el primer contratiempo como sociedad votamos a Alberto Fernández y Cristina, esperando que hagan algo distinto de lo que hicieron. Bueno, eso todavía está en la cabeza de los inversores”.
Frente al torniquete monetario y la recesión que todavía se palpa en los sectores que no traccionan exportaciones, Artana hizo hincapié en la necesidad de que la sociedad tolere los plazos lógicos de un plan de estabilización.
Para ilustrar el desafío operativo y temporal que enfrenta el programa oficial, recurrió a una figura contundente: “Si vos agarrás un vaso y lo tirás al piso, se rompe en un segundo. Hacer el vaso de vuelta lleva muchísimo más tiempo. Es un ejemplo tonto, pero reconstruir una economía es mucho más complejo que destruirla con el populismo”.
A pesar de las luces amarillas en el tablero de la microeconomía, el escenario a mediano plazo guarda un respiro definitivo para uno de los desequilibrios crónicos de la Argentina: la escasez de divisas.
“Tenemos por delante 30.000 millones de dólares más de exportaciones. Si eso se concreta, se acabó la discusión de la restricción externa en la Argentina. Y vale un montón”, anticipó.
Sin embargo, advirtió que el mayor desafío pasará por sostener la gobernabilidad hasta que los números ordenados de la macro se traduzcan en mejoras para el bolsillo.
“La pregunta es, ¿tendremos paciencia para esperar que se recojan los frutos independientemente que el presidente sea Milei o sea otro? Porque estas cosas no son soplar y hacer botellas”, concluyó.
















