El contraste es revelador. Los datos de producción de petróleo del yacimiento no convencional de Vaca Muerta no paran de romper récords. Las proyecciones, además, reflejan números que entusiasman a cualquiera. Y además, el Gobierno no deja de aprobar proyectos de inversión bajo las ventajas y beneficios que ofrece el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). Sin embargo, en simultáneo, la cadena de proveedores de los hidrocarburos vive una realidad opuesta: caen los niveles de fabricación mes a mes y aumenta la capacidad ociosa en las plantas de todo el país.
Si se observa sólo junio, de acuerdo con las declaraciones juradas de las petroleras en la Secretaría de Energía de la Nación, la industria superó todos los picos que alguna vez tuvieron en la explotación en Neuquén, al extraer un total de 644.821 barriles por día, 1,3% por encima del pico anotado en mayo. La producción de gas natural, en tanto, también fue récord, ya que llegó a 118,08 millones de metros cúbicos por día.
De la mano de estos datos, además, se explica que hay un creciente boom de exportaciones del sector energético. En el primer semestre, las ventas al mundo de combustibles y energía alcanzaron los U$S 7.619 millones contra unos U$S 1.669 millones de importaciones, de tal manera que se registró un superávit externo para el sector nunca antes visto: U$S 5.950 millones.

Todas las proyecciones indican que la performance de Vaca Muerta sólo seguirá creciendo. Además, el incremento del precio del petróleo -que volvió a los U$S100 por el recrudecimiento del conflicto de Medio Oriente- no hace más que abultar el ingreso de divisas ligado al rubro. Y como si fuera poco, en febrero el Gobierno decidió incorporar a las inversiones petroleras en los beneficios del RIGI, algo que en principio no se había contemplado porque ya resultaba un negocio suficientemente redondo. En los últimos días, de hecho, Vista Energy presentó una solicitud para incorporar un proyecto de U$S 5800 millones en el desarrollo de Bandurria del Norte, mientras el Gobierno además, oficializó la aprobación del plan de Pampa Energía en Rincón de Aranda por U$S 4500 millones.
Pero si el debate que puebla las universidades es entre el modelo de “enclave”, con beneficios puntuales para regiones y empresas petroleras, y el modelo del “desarrollo”, con impacto más amplio en todo el país y distintos tipo de empresas ligadas al fenómeno, empieza a darse un perfil para la Argentina.
Porque en simultáneo al auge petrolero, los datos de la cámara de industrias metalúrgicas (Adimra), reflejan una paradoja: las fábricas ligadas a la producción de insumos necesarios para la producción de hidrocarburos están viviendo un infierno. En el análisis sectorial de las cadenas de valor, el rubro “oil and gas” retrocedió un 6,1% contra el mismo mes del año pasado, mientras que en el primer semestre acumula una merma interanual del 5,3%.
De acuerdo con relevamientos sectoriales del bimestre abril y mayo, el 55% de las empresas está operando por debajo del 75% de utilización de la capacidad instalada, en un contexto en el que el 17% declaró haber realizado despidos de personal y un 38% debió cancelar nuevas incorporaciones ante el freno de la actividad respecto de lo que habían previsto. Entre las principales preocupaciones relevadas, resalta el incremento de las importaciones en un contexto de merma en la competitividad por el tipo de cambio y los impuestos que impiden hacer frente al ingreso de bienes desde países como China o India.
Es que el descalce entre el boom de Vaca Muerta y la crisis de las empresas que debieran estar recibiendo un impacto positivo de ese crecimiento se explica en buena medida por el ingreso de competencia importada en todo tipo de bienes, desde válvulas hasta tubos para los ductos que sacan la producción hacia los puertos. “Hace un año, las grandes petroleras coparon las ferias de China, y las siguieron incluso algunos proveedores que se transforman en distribuidores, hoy los datos muestran la consecuencia”, explica un lobbista que trabaja en proyectos tanto de crudo como de minería.

El problema de fondo es el diseño del paquete de estímulo a la inversión, señala por ejemplo el economista Diego Coatz, de la consultora I+D. “El régimen otorga beneficios tributarios, cambiarios y regulatorios muy fuertes (...) y a cambio exige poco en materia de proveedores locales, transferencia tecnológica, empleo, y articulación con universidades o el sistema científico”, detalla.
Hace falta, dice Coatz, un “Súper RIGI para proveedores”. “Hoy los proveedores vinculados al RIGI original no están creciendo”, indica, por eso señala como prioridad “fortalecer el ecosistema de proveedores para que Vaca Muerta genere un hub productivo y exportador alrededor de las grandes inversiones”.
En conclusión, indica la firma I+D, el problema no es con las petroleras o las mineras que aprovechan el RIGI, sino cómo se armaron los incentivos para las cadenas que ya existen, que hoy corren con muchísima desventaja no sólo por la posibilidad de importar que se dejó abierta con baja exigencia de compre local, sino porque el momento del mundo incorpora una amenaza extra. Potencias como China e India están estimulando con subsidios y tasas de interés la producción y la exportación de materiales y bienes terminados con los cuales una empresa mediana, aún con décadas de excelencia en la Argentina, no puede competir.















