

Enviado especial a Río de Janeiro.- Brasil llega este domingo 25 de octubre a una segunda vuelta presidencial entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flavio Bolsonaro marcada por una diferencia mínima, un diseño nacional profundamente dividido y un mapa de poder que obligará al próximo presidente a negociar más allá de su propia fuerza desde enero de 2027. Desde Río de Janeiro, tercer distrito electoral del país y territorio de construcción política del clan Bolsonaro, se puede leer buena parte de esa disputa.
“Ha llegado el momento del cambio real, Brasil no aguanta otros cuatro años tal como están las cosas. La vida de todos ha empeorado, así que no tiene sentido seguir insistiendo en el error. La esperanza se ha convertido en miedo. Por eso presento propuestas que demuestran que tenemos plena capacidad para formar un gran equipo y reorganizar Brasil. Para sacar a Brasil de esta situación de asfixia”, expresó temprano Flavio Bolsonaro.
Tras una fugaz tregua con un sol que regaló a los cariocas una jornada veraniega en los cierres de campaña, Río amaneció con una fina lluvia. El pronóstico marcaba en la previa una jornada con posibles tormentas en el sur y una ola de calor que podía arañar los 40 grados en el centro-oeste, dos regiones donde es fuerte el voto bolsonarista. De ahí que el senador carioca -que acudió temprano a una escuela del norte de la ciudad y regresa a Brasilia para esperar los resultados- pidió a las y los brasileños que vayan a votar, con lluvia o con sol.
En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio terminó primero con el 47,03% de los votos válidos frente al 45,16% de Lula da Silva. Fueron 56,1 millones contra 53,8 millones de votos: una distancia de 2.224.965 sufragios y apenas 1,87 puntos porcentuales, mucho más acotada que en los cinco puntos dle balotaje de 2022. La abstención alcanzó al 21,08% del padrón, mientras que cerca del 7,6% de los votos válidos quedó repartido entre los candidatos que no llegaron al balotaje. En su mayoría, propuestas críticas con el gobierno de Lula.
Río tiene un peso especial en esa ecuación. El estado reúne 12,857 millones de electores, el 8,1% del padrón brasileño, y constituye el tercer colegio electoral detrás de San Pablo y Minas Gerais. Los tres grandes estados del Sudeste concentran por sí solos cerca de cuatro de cada diez electores brasileños y todos fueron para Flavio el 4 de octubre.
En esa geografía, algunos distritos merecen una atención especial este domingo, además del carioca, aunque la lectura no puede ser transversal. De hecho, las victorias de Flavio en San Pablo y Río en relación a Minas Gerais en primera vuelta fueron por márgenes muy distintos. Incluso, Minas Gerais dejó uno de los resultados más equilibrados: 48,24% para Flávio y 43,33% para Lula, una brecha sensiblemente menor que en San Pablo o Río.

En el Norte, Amapá, Amazonas y Pará, donde se impuso regionalmente Bolsonaro, se visualizaron diferencias estrechas también y en el Nordeste el desafío para Lula pasa por sostener o ampliar las ventajas que le permitieron compensar parte del peso electoral del Sudeste. Por su extensión continental, Brasil se decodifica por conjunto de estados, donde las variables de desarrollo social e infraestructura muestran ciertos promedios.
No es inocente que Globo presentara un extenso segmento de interpelaciones bajo esa lógica en el último debate presidencial, con un mapa iluminado de Brasil a los pies de ambos candidatos. Bajo el mismo criterio, las preferencias políticas suelen moverse en una misma dirección aunque no puede trasladarse la lógica al voto estadual o municipal porque abundan los ejemplos de signos cruzados.
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En Río de Janeiro, Flávio hizo valer en primera vuelta su base política: obtuvo 53,01% contra 39,41% de Lula, una diferencia cercana a los 14 puntos, muy por arriba del promedio nacional. Río integra además el corredor del Sudeste donde el candidato del PL cimentó buena parte de la ventaja que lo dejó primero: también ganó San Pablo, con 51,93%, y Minas Gerais, con 48,24%.
Para Lula, una de las cuentas de este domingo pasa por reducir esas desventajas sin resignar los márgenes amplios que le sigue regalando el Nordeste, donde nació y todavía el PT registra una base de apoyo fuerte. Sus votos, no obstante, suelen contabilizarse tarde por la geografía y las dificultades propias del lugar, pese a ser un sistema digital.
Para Flávio, la ecuación inversa es conservar su ventaja en los grandes distritos y ponerle un tope al crecimiento del Presidente en aquellos estados donde el PL obtuvo los peores registros el 4 de octubre.
El mapa de la primera vuelta fue nítido. Flávio ganó en todos los estados del Sur, Sudeste y Centro-Oeste y en cuatro del Norte. Sus números más altos aparecieron en Roraima, Rondônia, Santa Catarina y Mato Grosso, todos por encima del 65%. Lula se impuso en los nueve estados del Nordeste y en Amazonas, Amapá y Pará, con un pico de 70,99% en Piauí y más del 63% en Bahia, Maranhão, Pernambuco y Ceará.
En el Norte, de hecho, Amapá terminó prácticamente empatado —45,71% a 45,67% para Lula—; Amazonas quedó 48,20% a 45,03%, y Pará 49,91% a 44,50%.

Río presenta además una particularidad este domingo: finalmente, no figura dentro de los cincos estados y el Distrito Federal que eligen gobernador. Tras la anulación de los votos de Anthony Garotinho y la posterior retotalización, el bolsonarista Douglas Ruas (PL) pasó del 49,27% inicial al 50,88% y quedó proclamado ganador en primera vuelta. El alcalde fluminense, Eduardo Paes, terminó fuera de carrera con el 44,16%. El PT apostaba a mantener la tensión electoral en este distrito para traccionar a su favor.
En el resto del mapa federal, el balotaje completa un reordenamiento territorial. Ya hay 21 gobernaciones definidas y quedan seis unidades federativas con segunda vuelta para gobernador: Acre, Amazonas, Distrito Federal, Espírito Santo, Rio Grande do Norte y Tocantins.
Entre los gobernadores ya electos, doce declararon apoyo a Flávio, cinco a Lula y cuatro no hicieron público un respaldo a ninguno de los dos. Pero esa distribución no conforma automáticamente una coalición presidencial: partido, gobernador y voto presidencial no siempre siguieron el mismo alineamiento.
Pará, por ejemplo, votó mayoritariamente a Lula para Presidente pero eligió un gobernador que respalda a Flávio; en Pernambuco y Maranhão se impuso Lula mientras sus gobernadores electos no declararon apoyo a ninguno de los finalistas.
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Brasil llega además a la definición con una economía que combina un mercado laboral robusto con tensiones fiscales y monetarias. La tasa nacional de desempleo fue de 5,3% en el trimestre junio-agosto, mientras el ingreso real mensual medio de los ocupados alcanzó R$ 3.777, según el IBGE. Al mismo tiempo, el Banco Central mantiene la tasa de referencia local Selic en 13,75% anual, lo que muchos consideran como alta, mientras la deuda bruta del Gobierno nacional alcanzó en agosto el 82,9% del PIB y el déficit nominal acumulado en doce meses llegó al 9,48%.
Detrás de esas cifras aparece una discusión sobre qué papel tendrá el Estado para administrar ese escenario. Daniel Conceicao, economista entrevistado por El Cronista durante la cobertura en Brasil, considera que los dos candidatos representan proyectos distintos aun cuando ambos conceden relevancia a la disciplina fiscal. “A mi juicio, están en disputa dos proyectos de actuación del Estado bastante distintos, aunque ambos conceden gran importancia a la disciplina fiscal”, planteó.
Para Conceicao, Lula pretende preservar y ampliar políticas públicas, inversión y protección social, aunque acepta reglas fiscales que —según su análisis— restringen esa capacidad. En Flávio identifica una orientación hacia una reducción más profunda de la estructura estatal, mayor flexibilización y recortes del gasto.
“No veo solo diferencias de intensidad. Veo una diferencia entre un proyecto que pretende utilizar el Estado para promover el desarrollo y la inclusión —pero que se impone restricciones que considero equivocadas— y otro que apuesta por el ajuste del Estado como estrategia para promover la prosperidad”, sostuvo antes este medio.

Glauber Braga, diputado federal por el PSOL carioca, parte de la izquierda aliada al PT, también dialogó con El Cronista durante la caravana de cierre en esta ciudad. El legislador es un articulador clave en este territorio y en el bloque oficialista en el Congreso y coloca la elección en una escala todavía más amplia, mirando hacia otros procesos políticos como el que vive la Argentina con Javier Milei.
“Está en juego si lograremos, de manera definitiva, servir como polo de resistencia frente a la extrema derecha a nivel mundial. El rumbo que tome Brasil determinará también el destino de América del Sur”, afirmó. Para Braga, el peso regional del país adquiere además mayor relevancia por la disputa internacional en torno a recursos estratégicos, entre ellos las tierras raras, y por el lugar de Sudamérica en las relaciones internacionales.
En su lectura, el programa económico defendido por Flávio tiene puntos de contacto con el ajuste y la “motosierra” asociados al presidente Javier Milei, tal como buscó dejar en claro Lula da Silva con sus interpelaciones durante los dos debates del segundo turno electoral. El último de ellos, precisamente en esta ciudad, en la cadena Globo.
Braga sostiene que una victoria de Lula tendría, por esa razón, un significado que excedería la política brasileña y funcionaría como contrapeso regional a ese tipo de proyectos. “El bolsonarismo no es un fenómeno de corta duración. No tenemos que creer esa ilusión”, anticipó. Aún en un escenario optimista de victoria, desliza, su percepción es que el bolsonarismo no ha escrito aún su capítulo final.


















