En el marco de la cumbre anual del FMI y el Banco Mundial en Tailandia, el exministro de Economía, Martín Guzmán, habló con El Cronista y analizó la evolución del programa argentino, el vínculo con el Fondo y los desafíos que espera para la economía.

-¿Qué lo trajo al encuentro anual del FMI y el Banco Mundial?

-Hoy en día tengo otros trabajos, por lo que voy a todas las reuniones de primavera y a las reuniones anuales del FMI, participo de varias charlas y mantengo bilaterales. Principalmente son para discutir temas de la economía global y, en particular, de deuda, que desde el Vaticano se impulsaron con el reporte del Jubileo.

-En esta cumbre se habló sobre sostenibilidad de la deuda, una temática poco usual en estos eventos. ¿Tiene que ver con la agenda del Vaticano o hay algo que presione en el panorama global?

-Hay que distinguir dos grupos de problemas con la deuda. Uno es la deuda global, que incluye a los países avanzados, y la otra es el problema específico de los países que están teniendo crisis de deuda, como las economías de ingresos bajos, medios bajos y algunas de ingresos medios. Son dos problemas de gravedad diferente.

-En las economías avanzadas se ven niveles de deuda mucho más altos que hace unos años con consecuencias en el costo de financiamiento

-La estructura de tasas de interés en Occidente se movió al alza en los últimos años y ya es difícil bajarla. La expectativa del mercado es que la tasa de referencia de política monetaria en Estados Unidos permanezca relativamente alta por un tiempo. En paralelo, el FMI en la presentación del World Economic Outlook marcó la importancia de construir más espacio fiscal. El tema es cómo, y lo que está empujando es que las finanzas públicas de los países tomen una posición más contractiva. Eso obviamente tiene consecuencias para el crecimiento global. Desde el punto de vista de los países en desarrollo, el problema viene hace tiempo, sobre todo desde la guerra en Ucrania y hay muchos países que están en crisis y no está mejorando la situación. Esto lo marcó el reporte del Jubileo el año pasado, que dirigimos junto a Jospeh Stiglitz para el Papa. Pasó un año y las cosas siguen más o menos igual.

Que se resuelva este tema depende de acción geopolítica, del rol que tenga el FMI, de la presión que haga el Tesoro de los Estados Unidos. Por ahora vemos inacción, vemos algo parecido a lo que pasó con la crisis de la deuda en América Latina en la década del 80. Eso es lo que se está construyendo.

-El FMI salió a promover políticas similares a las de Argentina, ¿es el modelo de Argentina o el del FMI?

-Durante las negociaciones con Argentina para refinanciar la deuda de Macri, en 2021 y 2022, el FMI cambió el modelo, pero fue transitorio. Se adaptó a la posición de su principal deudor, Argentina. Ahora ha vuelto a la posición que tenía antes, que es la misma que dominaba en la época en que Macri toma la deuda que todavía tiene el país. Hace unas semanas, el directorio del FMI revisó la política de diseño de programa y condicionalidades, y aprobaron un modelo que va con la línea de la vieja posición del FMI.

-¿Cuál es?

-Es que cuando un país pide un programa con el FMI, que haga un ajuste fiscal bien rápido, que tenga una posición de política fiscal contractiva, bajo la creencia de que eso es lo que va a llevar al éxito de un programa, y el éxito lo defiende de una forma muy peculiar, que es poder pagarle al FMI rápido; no necesariamente que el país se recupere rápido.

Guzmán en Bangkok
Guzmán en BangkokFMI

Ahora, esto para Argentina obviamente es relevante, sobre todo en un contexto en el que el principal problema es la actividad económica. Si el gobierno quisiera cambiar el esquema de política para uno que le dé más peso a la actividad económica habría cierta tensión con la filosofía que subyace al esquema que acaba de aprobar el FMI.

-Pero el FMI pide que se expanda el crecimiento de la actividad a los otros sectores.

-Sí, pero al mismo tiempo aprobó un esquema que dice que hay que hacer consolidaciones fiscales más rápidas. Y en el caso de Argentina, la meta que va a entrar en tensión a fin de año es justamente la fiscal, porque está cayendo la recaudación impositiva. Al fin y al cabo, lo que manda es la situación geopolítica, la posición de Estados Unidos, que es el principal accionista en el FMI. Si el gobierno argentino plantea hacer otra cosa, tal vez pueda contar, en la medida que no haya un cambio en la situación política internacional, con ciertas flexibilidades que el FMI no les da a otros países.

En todas las revisiones que tuvo en el actual programa de Milei, la Argentina pidió un waiver por no cumplir con las metas y se las dieron. O sea que no necesariamente quedan escritas en piedra a la hora de que le den los desembolsos.

-Va más de un año y medio del nuevo programa con el FMI, ¿cómo evalúa el vínculo Argentina fondo?

-Hay un vínculo de naturaleza política, donde el gobierno de Estados Unidos decidió apoyar financieramente al de Milei para que le vaya mejor en las elecciones, eso lo dijo el propio Trump. Primero en abril el FMI le dio un préstamo nuevo, del cual ya se desembolsaron u$s 15.000 millones que se suman a lo que se había tomado durante el gobierno de Macri. No habiendo sido suficiente eso para anclar expectativas, justo antes de la elección legislativa nacional, el Tesoro estadounidense directamente compró pesos y después aprobó el swap de monedas; y el FMI ha sido usado en ese contexto como un instrumento para apoyar al gobierno de Milei. Esa es la situación actual.

El año que viene Argentina tiene pagos netos al FMI de u$s 5700 millones. Y hoy tiene una situación de mercado más complicada que hace tan solo dos meses. Hoy no hay acceso siquiera al mercado local de deuda, lo que empieza a poner tensiones sobre el cumplimiento del programa financiero que presentó el gobierno. ¿De dónde van a salir los recursos para cumplir con ese programa de financiamiento? Esa es la pregunta que está dando vuelta en los pasillos.

-Caputo dice que el bache del programa financiero se cubre con el swap de China, ¿cómo lo ve?

-Justamente lo que se ve hoy es que está difícil la situación del financiamiento privado para cumplir con el programa financiero. Entonces, lo que queda es el financiamiento oficial. ¿Y de dónde puede venir el financiamiento oficial? Del FMI o de Estados Unidos de forma directa vía un SWAP, o de China. Ahora, también hay una situación de conflicto entre Estados Unidos y China. Entonces, eso implica tener que administrar otra cuestión desde la política exterior, si el Ministerio de Economía decide ir por ahí. Lo que sí queda claro es que empieza muchos a hacerse la pregunta de ‘y si el gobierno tiene esta brecha de financiamiento, ¿qué es lo que va a hacer? ¿ir a pedirle más al FMI? Y si le va a pedir más al FMI, ¿cuáles van a ser las condiciones de apoyo? ¿Cuánto eso va a depender de la elección de medio término en los Estados Unidos? ¿Cuánto va a depender de la posición que tomen los países de Europa?’ Esas son las preguntas que hoy se están formulando en estos pasillos. Y esto lo que obviamente genera, por ahora es una ventana de incertidumbre.

-¿Qué comentarios recibió sobre Argentina, sobre el programa argentino?

-La duda principal es la sostenibilidad política de este programa, por las consecuencias sociales que tiene. Eso es lo que todo el mundo se está preguntando. Obviamente que eso tiene consecuencias para el mercado. De hecho, lo que ha venido ocurriendo en el último mes y medio es que en un contexto en el cual los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos fueron aumentando, no pasó lo mismo para los distintos países emergentes que puedan ser comparados con la Argentina. La Argentina fue al que peor le fue, y lo que eso nos sugiere es que no podemos explicar plenamente el deterioro de las condiciones financieras y el aumento del riesgo país por la situación internacional, sino que tiene que ver con dudas sobre la sostenibilidad política del actual modelo económico y el no saber qué esquema de política económica viene después.