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Enviado especial a Río de Janeiro - A menos de 48 horas de las urnas, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegaron al último debate presidencial con una consigna común: no repetir los errores del primero. Hubo ensayos, descanso, control de tiempos, entrenamiento frente a cámara y hasta “dobles” del adversario. Del lado de Flávio, además, quedaron a la vista los papeles con los que intentaría ejecutar el plan: “falar para elas” y “estadista”. Pero no todo salió como esperaban anoche.

El debate tuvo lugar en los estudios de Globo, en el extremo oeste de Río de Janeiro. Un viaje que tomó no menos de una hora entre el caos habitual del tránsito carioca, los caminos zigzagueantes por autopistas que eluden los moros o los atraviesan con extensos túneles y los bloqueos de seguridad.

En el ingreso a la calle que se sumerge hasta los accesos al canal, donde se alzaba el primer anillo de control, un grupo de entusiastas aguardaba la llegada del Presidente con cantos y batucada. Lula arribó pasadas las 20:40, acompañado de su esposa Janja. Su rival, Flavio, lo había hecho casi una hora antes, a las 19:56, con su compañera Fernanda. Ninguno de los dos fue solo y los invitados también formaron parte de la estrategia.

Previo al debate, habían trascendido algunas anotaciones en los papeles que llevaba el candidato del Partido Liberal cuando se embarcaba de Brasilia hacia Río a partir de una fotografía. A diferencia del primer cruce en San Pablo, cuando estuvo de recorridas y actos hasta último momento, esta vez se despejó por completos la agenda del hijo del expresidente en la jornada previa.

Entre referencias a salarios, precios y agronegocio, los dos apuntes a mano condensaban la estrategia: hablarle a las mujeres y proyectar una imagen más presidencial, menos provocadora. Aunque en Argentina no son comunes los debates flexibles que permiten una avanzada interacción como la que se vio en la pantalla de Bandeirantes, las chicanas y provocaciones no cayeron bien en el público local.

Flavio Bolsonaro y Fernanda arribando a los estudios de Globo para el último debate presidencial del balotaje
Flavio Bolsonaro y Fernanda arribando a los estudios de Globo para el último debate presidencial del balotajeGlobo/ Manoella Mello

Una de las frases preparadas llegó casi intacta a la pantalla: Flávio preguntó, mirando a cámara, si a los brasileños ya se les había terminado el sueldo cuando todavía faltaban días para cerrar octubre. Toda una paradoja: es una “consigna emocional” -así la llamó- que ha irritado de sobremanera a su aliado al otro lado de la frontera, Javier Milei, durante toda la última semana.

No fue lo único que ensayó. Tarcísio de Freitas, gobernador reelecto en San Pablo, participó de la preparación de Flávio como su sparring y, según Metrópoles, llegó a interpretar a Lula e imitar su voz. Algunos dicen, incluso dentro del PT, que de haber sido él el candidato del bolsonarismo en esta elección quizás todo hubiera acabado para Lula y el gobierno en la primera vuelta del 4 de octubre.

En el campamento vecino, Sidônio Palmeira hizo de Flávio durante las simulaciones con el Presidente. Mientras el senador reservó jueves y viernes para descansar y entrenarse, Lula también redujo compromisos para cuidar la voz y trabajó tiempos y movimientos frente a las cámaras. Pretendían bloquear la estrategia trumpista de su contendiente de cortarle el plano e incomodarlo a sus espaldas, tal como hizo en los estudios paulistas. Sin embargo, la propia organización de Globo se ocupó de fijar como condición que, en esta oportunidad, ninguno podía invadir el espacio de su rival.

Lula llegando con Janja a los estudios de Globo para el último cruce cara a cara con su rival, Flavio Bolsonaro
Lula llegando con Janja a los estudios de Globo para el último cruce cara a cara con su rival, Flavio BolsonaroGlobo/ Manoella Mello

La escena también había sido preparada al detalle por Globo. El debate se realizó en los estudios de la cadena en la zona oeste de Río, lejos del centro, con periodistas llegados de distintos países y un dispositivo de seguridad y acreditación milimétrico. Desde Presidencia, incluso, se había pedido el nombre completo de la madre de cada periodista acreditado. Fuentes de la cadena afirman que era un requisito por temas de seguridad, aunque no brindaron mayores detalles. Así y todo, la prensa fue alojada en un salón contiguo desde donde pudo seguir el debate por varias pantallas.

César Tralli, conductor del del noticiero central de TV Globo, el Jornal Nacional, fue escogido como el único moderador. En ese mismo lugar y bajo su tutela se esperaba el último debate del primer turno electoral que no ocurrió. El 1 de octubre, la cadena terminó por anunciar su cancelación a partir de la negativa del Presidente a participar y los cambios dispuestos por la Justicia electoral a las reglas prefijadas.

En esta ocasión, con un pronóstico de empate técnico, ni Lula ni Flavio podían darse ventaja. El formato se dividió en cuatro bloques de intercambios con temas pautados o libre, según el momento, entre ambos rivales. A lo largo de los tres primeros segmentos, el candidato sin la palabra debía permanecer en su atril, del cual solo podía salir a la hora de tomar la palabra. La dinámica era de preguntas y respuestas entre ambos hasta agotar el plazo de tiempo pautado, pudiendo parar el reloj cuando quisieran. Solo en el último tramo podía desplazarse, siempre dentro de su sector.

El primer bloque tuvo además una puesta poco habitual. Un enorme mapa de Brasil se desplegó sobre el piso para discutir infraestructura, carreteras, hidrovías, puertos y propuestas para cada región. Luego aparecieron, en el segundo tramo de libre selección de temas, los ejes de endeudamiento familiar, enseñanza integral, salud pública, territorios tomados, deuda pública y políticas sociales.

Ni Lula ni Flávio eligieron dos asuntos que habían atravesado buena parte de la campaña: inteligencia artificial y la relación con China y Estados Unidos. La disputa se concentró en temas más cercanos al bolsillo y la gestión cotidiana.

El estudio del último debate presidencial entre Lula y Flavio Bolsonaro, a cargo de la cadena Globo, en Río de Janeiro
El estudio del último debate presidencial entre Lula y Flavio Bolsonaro, a cargo de la cadena Globo, en Río de JaneiroGlobo / Manoella Mello

El último cara a cara entre Lula y Bolsonaro: cuando el guión empezó a romperse

La moderación tenía límites. Los equipos habían diagnosticado que el primer debate dejó demasiadas provocaciones y poco espacio para convencer indecisos. La consigna para Globo era bajar el tono y mostrar propuestas. Pero la campaña terminó colándose de manera inevitable en el estudio.

Flávio atacó a Lula con una referencia al meñique que perdió en un accidente laboral. Dijo que robaba con sus “nueve dedos” y el Presidente no se la dejó pasar: transformó la ofensa en una reconstrucción de su origen obrero y exigió disculpas. El candidato del PL terminó pidiéndolas, aunque convirtió enseguida la retractación en otro ataque, esta vez por costo de vida e inseguridad.

Lula tampoco había llegado desarmado: antes de entrar al intercambio televisado calificó a su rival de “miliciano”, una acusación que luego reapareció durante la noche como parte de la ofensiva política del Presidente. Ninguno de los dos concedió todos los derechos a réplica que se reclamaron a lo largo del intercambio.

La platea tampoco era neutral. Las campañas eligieron invitados capaces de producir un efecto político. El equipo de Flávio convocó a Leandra Guedes, expareja de André Janones, que se encuentra en la mira de la oposición por la coordinación de la estrategia digital de Lula. La sola presencia de Guedes complicaba la asistencia del diputado por una medida de protección vigente. La jugada se complementó con el impulso a un hashtag en las redes con la consigna “Vai pro debate, Leandra”.

Lula llevó a Cristiane Gomes da Silva, madre de Ana Clara, la niña de cinco años muerta por un disparo en Niterói en 2021. Estaba en primera fila con una remera con la foto de su hija y el reclamo “Justiça por Ana Clara”. Flávio había integrado la defensa del policía acusado por el disparo. Su presencia lo desconcertó, o al menos esa fue la sensación.

Cuando el tema llegó al escenario, de la mano de Lula, ocurrió uno de los errores más visibles de la noche: Flávio se dirigió a Cristiane llamándola “Ana Clara”, el nombre de su hija. Durante el intervalo, contaron testigos dentro del estudio recogidos en algunas crónicas locales, la mujer reaccionó con dureza y cuestionó la explicación del candidato.

Hubo además una presión extra sobre cada cifra y afirmación. G1 activó durante el encuentro su operativo Fato ou Fake, con verificaciones que continuaron durante la madrugada junto con O Globo, Extra, Valor Econômico y CBN. Los candidatos sabían, por lo tanto, que buena parte de los datos lanzados al aire serían revisados prácticamente en simultáneo.

El último ensayo antes de votar

La Argentina también apareció como arma de campaña. Lula utilizó el gobierno de Javier Milei para cuestionar el ajuste que propone Flávio y volvió sobre la imagen de la motosierra. El candidato del PL respondió asociando los problemas argentinos con gobiernos de izquierda y, en otro tramo, el senador liberal vinculó al PT con Cristina Kirchner al hablar de emisión e inflación. Fueron afirmaciones de campaña y no, por sí mismas, una validación de esos diagnósticos.

El cierre de Flávio también llevaba una huella previa. Horas antes, el diputado Nikolas Ferreira había sugerido públicamente que terminara el debate con un padrenuestro. El candidato pidió finalmente a los espectadores que rezaran esa oración para que Brasil tomara la decisión correcta.

El micrófono vació en la conferencia cancelada por ambos candidatos, tras el debate en Globo
El micrófono vació en la conferencia cancelada por ambos candidatos, tras el debate en GloboMariano Beldyk (El Cronista)

Hubo una última instancia que los dos eludieron por igual: el cara a cara con la prensa acreditada. En la sala contigua donde se alojó a los periodistas, además de pantallas había montado un pequeño escenario con un atril por el que ambos debían tomarse turnos para presentarse a responder algunas preguntas.

El reloj corría y ninguno de los dos se mostraba, pese al movimiento inquieto del personal de seguridad. Al final, una de las responsables de la organización se aproximó al estrado para informar que a ambos contendientes se los “invitaba” a participar de esa conferencia posterior pero los dos habían declinado hacerlo. De fondo, se escuchaba el motor de helicóptero. Sobre el atril quedaban apilados los cubos de diversas cadenas y nacionalidades, sin las respuestas que aguardaban.