En esta noticia

Una familia que decide gastar menos y destinar una mayor parte de sus ingresos al ahorro puede estar tomando una decisión razonable para acumular recursos o prepararse para gastos o ingresos futuros.

Para ese hogar, la cuenta es simple: si sus ingresos se mantienen y sus gastos bajan, queda una mayor parte del ingreso disponible para ahorrar. Pero el resultado puede ser diferente cuando esa misma decisión la toman muchas familias al mismo tiempo.

Parece una obviedad, pero si las familias compran menos, los comercios venden menos y, con la caída de las ventas, la producción puede reducirse. Cuando las empresas producen menos, también puede haber menos ingresos para trabajadores, proveedores y otras empresas que forman parte de ese circuito.

Así funciona la idea conocida como paradoja del ahorro: una decisión que puede ser conveniente para una familia puede tener un efecto diferente cuando muchas familias reducen sus gastos al mismo tiempo.

Es decir, en condiciones específicas, un aumento generalizado del ahorro que se busca mediante una reducción del consumo puede terminar reduciendo el ingreso de la economía.

La idea fue desarrollada por John Maynard Keynes en The General Theory of Employment, Interest and Money, publicada en 1936. Su planteo parte de algo que puede parecer sencillo: el gasto de una persona es, al mismo tiempo, el ingreso de otra.

Imagen ilustrativa. Créditos: Shutterstock
Imagen ilustrativa. Créditos: ShutterstockFuente: ShutterstockShutterstock

Cuando una familia compra en un comercio, ese gasto se convierte en una venta para el comerciante. El comerciante, a su vez, utiliza parte de ese ingreso para pagar salarios, comprar mercadería, contratar servicios o hacer otros gastos. Así, el dinero sigue circulando y el gasto de unos genera ingresos para otros.

Por eso, cuando el consumo se reduce de manera generalizada, el efecto puede trasladarse de un sector a otro: del comercio que vende menos a la empresa que produce menos y, desde allí, a los trabajadores y proveedores que reciben menos ingresos.

Ahí está el punto que Keynes buscó mostrar: lo que puede ser conveniente para una familia cuando se la mira por separado no necesariamente produce el mismo resultado cuando muchas familias toman la misma decisión al mismo tiempo.

Cuándo puede darse la paradoja del ahorro

La paradoja no funciona como una regla que se aplica cada vez que los hogares reducen sus gastos. Para que el mecanismo tenga fuerza, la caída del consumo tiene que darse en una economía donde las empresas puedan responder a una menor demanda reduciendo su producción y donde no haya suficiente gasto por otra vía para compensarla.

El efecto sobre los ingresos

Si las empresas venden menos y producen menos, pueden reducir las horas trabajadas, las contrataciones o los pedidos a proveedores. Los hogares que reciben menos ingresos también tienen menos capacidad para gastar.

La caída inicial del consumo puede generar así nuevas reducciones del gasto y de los ingresos a medida que se transmite por distintos sectores. Este proceso de transmisión es lo que en macroeconomía se conoce como efecto multiplicador.

Una menor venta puede convertirse en un menor ingreso para otra persona, y ese menor ingreso puede generar una nueva reducción del gasto.

El ahorro que se buscaba aumentar

Ahí se completa la paradoja.

Los hogares redujeron sus gastos con la intención de guardar una mayor parte de sus ingresos. Pero si el proceso termina reduciendo los ingresos de la economía, también disminuye la cantidad sobre la que pueden calcular su ahorro.

El ahorro total puede no aumentar, pese a que los hogares intentaron ahorrar más. En determinadas condiciones, incluso puede disminuir.

Por eso, la paradoja no dice que ahorrar sea malo. Para una familia, aumentar el ahorro puede ser una decisión prudente. El punto es que una decisión que tiene sentido para un hogar puede producir un resultado diferente cuando se generaliza y termina afectando el nivel de gasto y de ingresos de la economía.

Qué puede hacer que el efecto sea mayor o menor

El mecanismo cobra especial importancia cuando la economía atraviesa un período de demanda débil. Si las empresas ya tienen dificultades para vender lo que producen, una nueva caída del consumo puede llevarlas a reducir todavía más la producción.

El efecto puede ser menor si otros componentes del gasto compensan la caída del consumo. La inversión, el gasto público y las exportaciones son algunas de las fuentes de demanda que pueden sostener la actividad.

La inversión, de todos modos, no aumenta automáticamente porque los hogares ahorren más. Las empresas toman sus decisiones de inversión en función de sus expectativas de ventas, la rentabilidad de los proyectos y las condiciones de financiamiento. Si la demanda es débil, pueden postergar inversiones.

Por eso, la paradoja del ahorro se vuelve clave cuando la reducción del consumo no encuentra una compensación suficiente en el resto de la economía.