Panorama político

De la reconciliación del 2019 a la supervivencia: la nueva alianza de Cristina y Sergio Massa

Sergio Massa logró unificar al Frente de Todos y reconvertirlo en Unión por la Patria con apoyo de Cristina y Máximo Kirchner. El ministro de Economía buscó apoyo de gobernadores, empresarios, trabajadores y todas las centrales obreras. El factor Kicillof y las incógnitas de la alianza

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Faltaban cuatro horas para que venciera el plazo de presentación de listas en 2015 y Sergio Massa aún no tenía compañero de fórmula.

En ese turno electoral conformó la alianza UNA con José Manuel De la Sota, a quien vencería luego en las PASO del 9 de agosto. Tenía su búnker en la Torre de las Naciones en la entrada principal de Tigre. Un importante dirigente ingresó a su oficina en ese edificio, nervioso.

-"No tenés compañero de fórmula, llamemos a alguien", le advirtió después de varias gestiones infructuosas.

-"Sentate ahí", señaló Massa una silla y calmó a su interlocutor. "No vamos a llamar a nadie, vamos a esperar a que me llamen", respondió con frialdad mientras el otro miraba impaciente el reloj.

La anécdota la recordaba estos días un funcionario frente a la sucesión de difíciles acontecimientos que pusieron a prueba la emocionalidad no solo del precandidato a Presidente de Unión por la Patria sino a prácticamente todo el espectro electoral. "Es el único preparado para ser Presidente", sentenció en una charla con El Cronista el exgobernador Felipe Solá que fue el candidato a gobernador de UNA.

Unión por la Patria (UP), el nuevo sello para el ex Frente de Todos

El massismo mantuvo la confianza en su máximo referente y apuntó a las pistas de los focus group para recuperar votos perdidos y a las dos cualidades que le resaltan, según explican: diálogo y firmeza. Hasta esta semana dura se había mostrado con trabajadores, gobernadores, dirigentes, sindicalistas de todos los sectores internos, en grandes fábricas y en pymes, en casas de familia de clase media y en barrios populares, en distritos adversos y en su despacho, con los muchachos del Movimiento Evita, la CTA y la CGT y también en La Rural con los grandes dueños del campo, en charlas con empresarios o con la jefa del FMI.

Pero el jueves Massa contabilizó daños. Tres veces tuvo que ajustar el mensaje con el que cerró la campaña. A la mañana había decidido difundir unas palabras después de haber cancelado el cierre en el Teatro Argentino de La Plata como señal de duelo por el asesinato de Morena en Lanús. Había pensado referirse a la niña de 11 años y recordar su trabajo en materia de seguridad en Tigre y luego como diputado y precandidato presidencial cuando tenía roces ideológicos con el kirchnerismo por su mirada más dura que garantista.

A las 19.30 su equipo decidió demorar el mensaje y Massa regrabó, ahora desde el búnker en la calle Mitre a un par de cuadras de la Casa Rosada. En la versión final tuvo que agregar una mención al médico asesinado en Morón y al manifestante fallecido en la represión policial del Obelisco. Así de convulsionada terminó la carrera a las primarias. 

El clima del cierre puso nerviosos a muchos de los que tuvieron un mes difícil tratando de transmitir mensajes realistas sobre la economía y las deudas que deja el Frente de Todos, haciendo equilibrio para no criticar al Presidente Alberto Fernández pero tampoco defender su gestión. 

No fue casual que se ocultara al jefe de Estado que sólo compartió un acto con Massa y Cristina Kirchner el 9 de julio en Salliqueló con motivo de la inauguración del Gasoducto Néstor Kirchner. La Vicepresidenta lo obvió, como si entre ella y Massa hubiera una pared transparente. Ni lo miró. Y fuera de lo previsto, criticó a los empresarios mencionando especialmente a uno.

La última foto de Sergio Massa, Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el gasoducto Néstor Kirchner

Aquel día en uno de los anuncios más emblemáticos el ministro hizo gestos de amplitud para no dejar ningún herido y felicitó a la Vicepresidenta por el acuerdo con Chevron, embrión del crecimiento de Vaca Muerta; al Presidente por avanzar con la obra; a los empresarios por la inversión y a los trabajadores por el esfuerzo para terminar en los plazos prometidos.

La última foto de los tres juntos fue una de las tantas forzadas aunque como pantalla de una Unión de la Patria desmembrada y apenas esperanzada gracias a la prepotencia optimista de Massa y la constancia de Axel Kicillof en Provincia con el respaldo, después de muchos roces, de los intendentes del PJ. 

Por primera vez Máximo Kirchner se sumó a una gira y acompañó a Sergio Massa a China

La derrota del 2021 pesa como un fantasma para la coalición. Ni Cristina -que se bajó del operativo clamor- ni Máximo Kirchner estuvieron presentes el último tramo de la carrera a las PASO. Arrancaron fuerte en el primer envió para desaparecer de la escena pública después, aunque los describen a ambos activos en sus respectivos despachos del Senado y Diputados, digitando parte de la estrategia desde la retaguardia. 

De hecho es firme el entendimiento entre Kirchner hijo y el ministro de Economía a quien dejaron las manos libres en toda esta última etapa.

El viaje de Cristina al sur, la jugada de Máximo Kirchner y los fantasmas en el bastión del peronismo - El Cronista

En 2019 el cierre del 8 de agosto en Rosario había sido una fiesta. Todo lo contrario a este fatídico final de campaña que sólo lo emparda la fuerte pelea interna de la oposición y la falta de propuestas. La unidad de Juntos por el Cambio también parece una ficción y la mayor duda es qué pasara el 14 con quien pierda en la PASO.

Cuatro años atrás, a metros del Monumento a la Bandera, con música de Fito Páez de fondo, alta expectativa y una dirigencia unida y movilizada se vio a una empoderada Cristina Kirchner que admitió que lo que vendría no sería fácil. Fue quizás peor y en la descripción actual del Presidente sólo faltó que marcianos invadieran la Argentina para completar la lista de males que la aquejan. 

Sobre aquel escenario estuvieron los principales dirigentes del país, los gobernadores y un Alberto Fernández que tomado de la mano con Cristina Kirchner prometió mejorar los índices de pobreza. El mismo dijo que uno de cada dos chicos menores de 14 años era pobre. Y lo siguen siendo. 

Aquel día la única duda era cómo sería la reconciliación pública entre Cristina Kirchner y Sergio Massa. La llegada del tigrense al Frente de Todos había sido acordada por Alberto Fernández y la conducción del PJ a cargo de José Luis Gioja. La primera imagen de Massa y CFK que se transmitió en la noche del 8 los mostró felices y con cierta complicidad.

El primer saludo público de Cristina y Massa tras la reconciliación fue en el 8 de agosto del 2019 en Rosario

Cuatro años después Cristina y Massa están más unidos, abrazados en una nueva alianza que les sirve a ambos como tabla de salvación para evitar la vuelta de la derecha macrista o de la derecha más radical que representa el 'cuco' de Javier Milei. Es un pacto de supervivencia donde cada uno resignó rencores del pasado y hasta convicciones para garantizarse la entrada a un futuro que aún está plagado de interrogantes. 

En cambio el Presidente y la Vice siguen sin hablarse. Decepcionada de su propia creación ella se cansó de reprocharle públicamente la falta de decisión en algunos temas, el acuerdo con el FMI que firmó el exministro Martín Guzmán, y las promesas incumplidas fundamentalmente en la distribución del ingreso y frente a la pobreza. 

"Por primera vez en un gobierno peronista a los trabajadores formalizados no les alcanza el sueldo", recriminó Cristina Kirchner. El más duro fue su propio hijo que renunció como jefe del bloque de diputados y empujó a un grupo de legisladores a votar en contra o abstenerse y empezó a armar la resistencia. Hay unánime admisión de que es una deuda pendiente, ni se la oculta ni se la disimula.

La renegociación del acuerdo con el FMI de Guzmán, que votó en el Congreso una parte del oficialismo y una parte de la oposición, la tuvo que firmar hace apenas dos semanas el propio Massa en el doble rol de ministro y precandidato. Lo elogió la Vicepresidenta por hacerse cargo "de una papa caliente".

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La falta de un candidato K

El kirchnerismo que construyó una fuerte base de poder durante los doce años de gobierno entre 2003 y 2015, que recuperó el gobierno con una sorpresiva estrategia y con Cristina bajándose al segundo lugar en la boleta del 2019, no pudo generar un precandidato propio a quien traspasar el mando de su lideresa. Puede ser una debilidad o frente a la desilusión, una fortaleza.

En casi cuatro años hubo dos años de pandemia por Covid, sequía con fuerte efecto sobre las reservas y guerra en Ucrania, pero también inentendibles traspiés atribuidos a incapacidades y diferencias internas, profundas, que dejaron como saldo un aumento de inflación a caballo del acuerdo heredado con el FMI. Además pesa sobre la Vicepresidenta una condena judicial que aún no está firme y en el marco del crecimiento de la grieta política sufrió también un atentado. 

Cristina Kirchner dijo que su precandidato en la PASO era "Wado" de Pedro pero que Massa fue la unidad

Cristina Kirchner no pudo ni quiso volver a ser candidata. Tampoco Mauricio Macri que en parte es el responsable del efecto arrastre junto a exfuncionarios que ahora pregonan sus recetas y exigen medidas de shock en diciembre. 

Ambos buscan condicionar a quienes los sucedan, el kirchnerismo encolumnado detrás de las señales de su jefa y el macrismo convulsionado por el desafío que representa Horacio Rodríguez Larreta aunado con Lilita Carrió y una parte importante de la UCR. Incluso el PRO pone en juego el futuro porteño en la pelea del mudado Jorge Macri con Martín Lousteau. Macri evitó decirlo explícitamente, pero todo parece indicar que prefiere en la interna a Patricia Bullrich, experonista, exministra de la Alianza y tras integrar varias fuerzas presidenta del PRO en uso de licencia.

Refugio kirchnerista

Cecilia Moreau, Máximo Kirchner, Axel Kicillof, Andrés Larroque y "Wado" de Pedro en un acto de Cristina

Blindado en las listas de legisladores nacionales y de legisladores de la provincia de Buenos Aires y de Capital el kirchnerismo espera, aún perdiendo, tener parte del control. 

El massismo se jugó a todo o nada, aunque la frase sea el slogan de Patricia Bullrich en Juntos por el Cambio. El plan de Massa es ser el más votado en la PASO para delinear una estrategia nueva camino a la elección general. El Frente Renovador depende de la suerte del tigrense aunque ocupó algunos lugares clave en las listas de precandidatos. 

Esta vez, a cambio quizás de todo lo que arriesga, Massa no cedió en Tigre y Malena Galmarini, dirigente del Frente Renovador y su mujer, se presenta como precandidata a intendenta y enfrenta una interna con el actual jefe local, Julio Zamora.

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Lo que tampoco pudieron hacer en el exFrente de Todos es un acuerdo de funcionamiento. Massa no le tiene miedo al ejercicio del poder, más bien lo maneja y lo disfruta. Si ganaran, ¿habría un cuerpo colegiado para monitorear la gestión, cuál sería el programa que se ejecute, quién presidiría el PJ?  Al menos ya logró que su adversario interno, Juan Grabois, anticipara acompañamiento ante una segura derrota.

La alianza de Unión por la Patria tiene el mismo defecto de nacimiento que su alianza antecesora. Sin manual de funcionamiento ni contrato, tal vez Massa piense en tomar el bastón como lo hicieron los Kirchner que se independizaron del Duhalde. O tal vez lo haga con el aprendizaje de estos cuatro años en los que tendió puentes con el kirchnerismo para el que se volvió necesario.

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