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Vaca Muerta se convirtió en el grand motor de generación de dólares de la economía argentina pero, mientras aumenta fuertemente la producción de hidrocarburos, la cantidad de trabajadores registrados del sector -en todo el país- se redujo.
Entre diciembre de 2023 y mayo de 2026, la actividad de Minas y Canteras creció alrededor de 25%, pero el sector perdió unos 8.000 puestos de trabajo registrados, una caída del 8,7%.
Una parte de la explicación está en el reemplazo de pozos petroleros convencionales por desarrollos no convencionales, que requieren menos trabajadores por unidad de producto.
La contracara aparece en las cuentas externas, ya que las exportaciones de energía alcanzaron los u$s 9.151 millones durante los primeros siete meses de 2026 y ya representan el 15,7% de todas las ventas argentinas al exterior.
El complejo energético generó además un superávit de u$s 6.853 millones, equivalente al 43% de todo el saldo comercial acumulado por el país hasta julio y Vaca Muerta explicó cerca del 70% del aumento interanual de las exportaciones argentinas registrado durante ese mes.
La pregunta que empieza a aparecer es cómo conseguir que ese extraordinario crecimiento en la producción de petróleo y gas tenga un efecto mayor sobre el empleo.
Una de las respuestas está algunos eslabones más adelante en la cadena y es que, en lugar de limitarse a extraer y exportar hidrocarburos, utilizar el gas de Vaca Muerta como materia prima para desarrollar productos petroquímicos, fertilizantes y plásticos.
En ese sentido, una reciente investigación realizada por la Universidad Austral puso como ejemplo al modelo australiano, país que tiene una industria más pequeña que la Argentina, pero que aporta más a su PBI gracias al valor agregado que suma a la extracción de minerales.
De exportar gas a convertirlo en industria
La petroquímica transforma gas natural y petróleo en materias primas utilizadas posteriormente por industrias tan diversas como fertilizantes, plásticos, construcción, medicamentos, textiles, alimentos y manufacturas.
Un informe elaborado por el Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca (CREEBBA), difundido por entidades de la industria petroquímica, señala que Argentina cuenta actualmente con ocho polos productivos y que la ciudad del sur bonaerense es, por amplio margen, el principal, ya que concentra 56,3% de la capacidad instalada nacional y aproximadamente 67% de la producción.
El dato relevante para pensar la oportunidad que abre Vaca Muerta está en el comercio exterior. Pese a disponer de enormes reservas de gas, Argentina todavía mantiene un déficit estructural en productos petroquímicos: según las últimas mediciones importó aproximadamente 2,3 millones de toneladas y exportó 940.400 toneladas.
La situación, sin embargo, comenzó a cambiar. Según CREEBBA, entre 2021 y 2024 las importaciones del sector se redujeron 30% y las exportaciones aumentaron 38%. En el último año relevado, las ventas externas se acercaron a u$s 910 millones.
Urea: u$s 2.700 millones para transformar gas de Vaca Muerta
El ejemplo más concreto acaba de aparecer en Bahía Blanca. Pampa Energía tomó en julio la decisión final de invertir u$s 2.700 millones para construir una planta de urea granulada conectada directamente con los gasoductos provenientes de Vaca Muerta.
El complejo ocupará unas 80 hectáreas dentro del Polo Industrial de Bahía Blanca y tendrá capacidad para fabricar 2,1 millones de toneladas anuales, lo que la compañía proyecta como la mayor planta de urea de América Latina.
Durante el pico de construcción, el proyecto demandará más de 3.500 empleos directos, además de miles de puestos indirectos asociados a proveedores y servicios. Una vez funcionando, requerirá alrededor de 300 trabajadores permanentes.
La empresa estima además que la planta aportará alrededor de u$s 1.000 millones anuales entre sustitución de importaciones y nuevas exportaciones. Brasil, que importa entre 7 y 8 millones de toneladas de urea por año, aparece como su principal mercado externo previsto.
La instalación contará con una planta de amoníaco, dos líneas de urea con capacidad conjunta de 6.000 toneladas diarias, silos y nueva infraestructura para cargar camiones y buques.
El gas y la electricidad representan aproximadamente 70% del costo de fabricar urea, lo que explica la ventaja de instalar la producción cerca de la infraestructura que conecta con Vaca Muerta.

El otro ejemplo: del gas al PVC
El informe de CREEBBA utiliza al PVC como otro caso de una cadena petroquímica que ya consiguió sustituir importaciones y generar exportaciones.
Argentina tiene capacidad instalada para fabricar unas 230.000 toneladas anuales. En ese último ejercicio, las importaciones cayeron hasta apenas 10.000 toneladas mientras las exportaciones treparon a 93.000.
Del PVC producido localmente, 44% termina en caños y accesorios, 12% en cables y otro 12% en films y láminas. El resto abastece actividades vinculadas con calzado, botellas, mangueras, construcción, industria farmacéutica y alimentos.
Gabriel Rodríguez Garrido, director ejecutivo del Instituto Petroquímico Argentino, plantea que fortalecer esta industria permite “generar empleo calificado, promover la innovación y reducir la dependencia de insumos importados”.
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