PLANES 2023

Alberto Fernández quiere la reelección en la Celac pero hay resistencias en la región

El Gobierno empuja la idea de institucionalizar el bloque para darle "músculo político" y protocolos. No obstante, el último voto de condena a Nicaragua en la OEA podría pasarle factura

El Presidente Alberto Fernández propuso avanzar en la institucionalización de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), como plataforma de integración regional. No solo eso: podría buscar su reelección por un año más al frente del bloque para instrumentar el plan que la Argentina expuso ayer al resto de los países presentes. En el gobierno reconocen que no es el primer objetivo pero la idea figura y si consigue el respaldo pleno, Fernández podría seguir al frente como presidente pro-témpore durante 2023.

El anhelo va en clara línea con el rol internacionalista que más cómodo le sienta al Presidente Fernández frente a los roces internos con sus socios de gestión en lo doméstico. Le permitiría un margen de maniobra en el juego exterior como jefe de Estado que debió sacrificar fronteras adentro tras el último pacto de equilibrio en el Frente de Todos que determinó el ascenso de Sergio Massa al Ejecutivo.

Y a la vez, se aseguraría  una mínima vocería regional si el brasileño Lula da Silva vuelve a la presidencia y al liderazgo latinoamericano a partir de enero. Sin embargo, también en la CELAC sus planes de ir por una reelección enfrentan resistencias.

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"Sería bueno que Argentina inicie el proceso de institucionalización de la Celac. Hasta aquí somos un grupo de países que conversa y analiza, pero no toma decisiones de conjunto y es hora de que lo hagamos", expuso ayer el mandatario. Y contó que apeló a la "memoria de la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas)", para que la Celac "adquiera otra fuerza, otra dimensión y además nos represente adecuadamente, que nos permita tomar una decisión comunitaria" y que no quede al "arbitrio de cada país".

"Debemos trabajar unidos, para que los bloqueos se terminen en este continente. Tenemos dos países bloqueados y eso es imperdonable", subrayó en referencia a la situación de Cuba y Venezuela y en línea con lo que había manifestado en la Cumbre de las Américas, cuando habló en nombre del bloque. Así cerró un seminario que la CELAC organizó junto a la Comunidad Andina de Fomento (CAF) para debatir los desafíos y oportunidades de la integración regional en un contexto de pospandemia y guerra, en el Centro Cultural Kirchner.

INSTITUCIONALIZAR Y MÁS

A lo largo de 2022, la apuesta de Fernández al frente de la presidencia temporal de la CELAC se concentró en institucionalizar el bloque que funciona como su plataforma predilecta de política exterior y construcción regional. Y en gran medida sobre esa cuestión giró el debate previo al seminario de ayer, en el que se convocó a los coordinadores nacionales de los 32 países. El número 33, Brasil, no participa por decisión de Jair Bolsonaro, pero podría reincorporarse a partir de enero si Lula se impone en la próxima elección.

De lo que se trata el planteo argentino es de sumarle atributos al bloque que le permitan intervenir de forma más activa con "músculo político" frente a crisis como la que vive hoy Perú. Pero apostar por crear también un ámbito de integración comercial, cultural, derechos humanos, género, infraestructura, como alguna vez se pensó la Unasur, para lo cual primero se debe superar la superposición geográfica de los múltiples bloques subregionales que subsisten, algunos ya en desuso.

Entre los cambios que la Argentina pone sobre la mesa para darle más dinamismo a la CELAC en la toma de decisiones figura la flexibilización de la regla del consenso que hoy impera en el bloque y que frena decisiones. Plantea que ciertas decisiones puedan adoptarse por una mayoría simple o calificada, como forma de sortear este juego de votos.

No obstante, para cambiar esta regla se requiere del consenso. Y la última votación de condena a Nicaragua en la Organización de Estados Americanos, hace solo una semana, volvió a prender la mecha desde Centroamérica. No es casual que el propio Daniel Ortega saliera a tildar a Alberto Fernández de mantener una actitud "degradante" como presidente de la CELAC frente a las presiones de Washington en el capítulo del avión venezolano.

Dentro del Frente de Todos, pero también en algunas fuerzas progresistas de la región, desconfían de las posturas pendulares del gobierno del Frente de Todos. Aplauden el discurso de Fernández en Los Angeles, donde repudió la ausencia de tres países -Nicaragua, Cuba y Venezuela- de la cumbre continental por decisión del anfitrión. Pero luego se quedan sorprendidos por la movida en la OEA, un espacio que identifican como propio de Estados Unidos y frente al cual se forjó la CELAC como alternativa latinoamericana.

No lo ven ajeno a la intención de Fernández de cerrar fecha para la visita a la Casa Blanca de Fernández pero también al compromiso del presidente Joe Biden de participar de la próxima cumbre de la CELAC en Buenos Aires, en diciembre. La mayor duda que circula es por qué jugar tan a fondo en lugar de abstenerse cuando México ya había anunciado que actuaría de ese modo y se podía apelar al argumento de la coordinación internacional.

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Desde el Gobierno aseveran que la Argentina mantiene una lógica de derechos humanos en sus pronunciamientos en los organismos internacionales. Así y todo, aquella votación contra Nicaragua podría pasar factura ahora cuando se requiere del consenso, paradójicamente, para modificar la regla del consenso propiamente dicha. También la intención de protocolizar el pase de mando temporal de la Celac y volverlo rotativo por regiones, entre el Caribe, Sudamérica y Centroamérica + México

En el medio, aparece la opción de extender la presidencia temporal argentina, que concluye en noviembre, durante un año más, con la posibilidad de instrumentar estas reformas. Si lo consigue, Alberto Fernández llegaría al frente del bloque cuando aterrice hipotéticamente Biden a fin de año en Buenos Aires. Pero esto también parece hoy una opción alejada porque demanda consenso y, como se ve, no todos están tan satisfechos con el timón argentino puertas adentro.

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