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El Mercosur firmó este sábado el acuerdo con la Unión Europea. Contempla una baja de aranceles para el 90% de los productos y el establecimiento de cuotas de exportación para la región.

Una vez firmado, el capítulo comercial solo debe esperar para la ratificación de cada Congreso latinoamericano y del Parlamento europeo.

Milei, en firma del acuerdo Mercosur-UE
Milei, en firma del acuerdo Mercosur-UE

El acuerdo establece cuotas de exportación, baja de aranceles a la mayoría de los productos exportados por la región y una cooperación en términos regulatorios y de procedimientos aduaneros.

El acuerdo plantea ventajas para Mercosur en las exportaciones agroindustriales, principalmente porque incluye la baja de aranceles al 99,5% de los productos vendidos, elimina en sus totalidad las del 84% de los productos y baja o pone cuotas al 15,5% restante.

La eliminación inmediata rige para el 70% de los productos y la eliminación gradual para el 14%.

Entre los especialistas se mencionan una decena de sectores que podrían estar beneficiados. Se habla de aceites, biodiesel, cítricos (frutas de Río Negro), langostinos y pesca.

También podría haber ventajas en agroindustria y la cadena cárnica.

La oportunidad para la oferta exportable del Mercosur radica en que la Unión Europea importa en promedio por año u$s 220.000 millones. Argentina sólo explicó el 3% de esas compras.

Entre los requisitos que pueden influir más sobre Argentina se encuentra el compromiso de tender hacia la eliminación de las retenciones en los productos exportados al bloque europeo.

Importaciones

Argentina también importa maquinaria, bienes de capital y otros insumos. Una reducción de aranceles en esas compras podría beneficiar a las empresas locales.

El bloque europeo importa desde otros países o bloques u$s 2,8 billones al año en bienes, más del 10% de las importaciones mundiales. En servicios, sus importaciones ascienden a u$s 950.000 millones, el 15% del total mundial, lo que lo convierte en el mayor importador planetario en este segmento, destacaron desde la Cámara de Importadores (CIRA).

Además, es el mayor inversor extranjero en el Mercosur, con un stock de 390.000 millones de euros en 2023.

Cuotas

El acuerdo establece cuotas de exportación para distintos productos. El más atractivo es de carnes, que supone unas 90.000 toneladas sin arancel.

Lo cierto es que el acuerdo entra en vigencia de forma bilateral. Esto implica que una vez que sea aprobado por el Parlamento Europeo, “el primer Estado Parte del Mercosur en ratificar el Acuerdo tendrá derecho a utilizar el 100% de la cuota otorgada por la UE al Mercosur, hasta tanto el resto de los socios regionales se vayan sumando”, explicaron desde INAI.

Esto es porque el bloque latinoamericano aún no definió sus esquemas de distribución.

Federico Lavopa, director de Quipu, explicó que, en 2024, los cuatro países exportaron en conjunto al mundo 4 millones de toneladas, siendo Brasil el 64% (2,5 millones), Argentina el 19% (760 mil toneladas), y Paraguay y Uruguay el restante 17% (750 mil cada uno), por lo que “tienen bastante agua para exportar más a la Unión Europea con la baja del arancel”.

Todos los países del acuerdo “tienen una capacidad para exportar enorme y con el arancel actual todos están por debajo o muy por debajo de las 90.000 toneladas”.

Lavopa planteó un contrapunto a este desafío que se abre: “Dudo que la Unión Europea acepte el ingreso de carne sólo de Uruguay si no tiene asegurado poder vender sus autos a Brasil”.

Los obstáculos

Es que la utilización efectiva del acuerdo depende de las capacidades empresariales, el acceso a información, costos administrativos y logísticos y la conectividad.

El desafío principal para Argentina, observaron desde Insight-Lac, son los Obstáculos Técnicos al Comercio (OTC), ya que el 75% de las medidas técnicas difieren entre los bloques.

El enfoque desregulatorio aplicado por el Gobierno de Javier Milei puede “paradójicamente ampliar la brecha con los estándares de regulación técnica y seguridad exigidos por la Unión Europea”.

Los requisitos aplicados por el acuerdo al sector agroindustrial incluyen el cumplimiento de exigentes requisitos sanitarios y obligaciones ambientales. Entre ellos se destacan la adopción de altos niveles de protección y compromisos para no bajar cuidados ambientales, el compromiso con tratados internacionales climáticos, como el de París, la prioridad a productos elaborados de forma sostenible, evitar la deforestación, entre otros.

“Resulta central entender que la Unión Europea no ‘compra’ únicamente precio: compra conformidad. Evaluación, trazabilidad y cumplimiento regulatorio son condiciones indispensables”, marcaron desde Insight-Lac y concluyeron que “si la institucionalidad técnica se debilita o se fragmenta, y/o no se dan condiciones propicias para la competitividad, la integración efectiva al mercado europeo se vuelve más compleja, aun cuando existan ventajas arancelarias formales”.

En un sentido similar, Fernando Furci, director de CIRA, explicó que el acuerdo es un punto de partida y que, para que funcione, Argentina debe adaptar su política de comercio exterior: “Ganar previsibilidad, simplificar procesos, facilitar importaciones y exportaciones y converger hacia estándares internacionales. No es un desafío de aranceles, sino de funcionamiento del sistema. La Unión Europea no exige cambios de un día para otro, pero sí reglas claras, estabilidad normativa y eficiencia. El verdadero desafío no es el acuerdo en sí, sino cómo modernizamos nuestro comercio exterior para aprovecharlo”.