OPINIÓN

¿Todavía hay margen para la diplomacia?

Que la faz militar del conflicto entre Rusia y la OTAN comenzara por el área secesionista de Ucrania era previsible. Desde el inicio del despliegue militar ruso en torno a Ucrania la ocupación de las repúblicas del Donetsk y Lugansk era una de las tres o cuatro vías de invasión previsibles. Pero, cuando la Duma rusa pidió a Putin el reconocimiento de las dos repúblicas como estados independientes, fue claro que la ocupación de ellas pasaba a ser la alternativa prioritaria.

Cuando pocos días después Putin firmó el decreto reconociendo ambas repúblicas como estados independientes, ya era un hecho que su ocupación por parte de fuerzas rusas era inevitable. Pocas horas después, blindados rusos entraban en la proclamada república de Donetsk, quebrando la línea roja puesta por la OTAN y la Unión Europea: que las fuerzas militares rusas entraran en territorio ucraniano iba a desatar, automáticamente, las graves sanciones en los campos económico-financiero, tecnológico y militar, que habían sido anunciadas.

La región que se ha independizado tiene 200 kilómetros de frontera terrestre con Rusia. La mayoría de la población es ruso-parlante. Tiene 3,5 millones de habitantes, mientras que la totalidad de Ucrania son 44 millones, doce veces más. Al iniciarse el conflicto, la región secesionista era la más industrializada del país y su PBI per cápita duplicaba al promedio de Ucrania. Los intercambios de disparos (obuses, morteros y ametralladoras) entre fuerzas ucranianas y las milicias de los separatistas se fueron intensificando en los días previos al reconocimiento de su independencia por Moscú.

La entrada de fuerzas rusas en el territorio controlado por los secesionistas pro-rusos de Donetsk y Lugansk pone a Occidente ante la obligación de cumplir las "duras" sanciones con las que ha amenazado a Rusia. La primera reacción estadounidense fue declarar que no se permitía desde ese momento las inversiones estadounidenses en el territorio secesionista. Alemania anunció la certificación para el Gasoducto Nord Stream 2. El Reino Unido fue el primer país que consideró que la invasión rusa a Ucrania había comenzado. Ahora se trata de ver la eficacia y alcance que tendrán o no las medidas y represalias occidentales contra Rusia.

El presidente Biden anunció sanciones para dos bancos rusos y congelamiento de fondos para los "oligarcas" -los millonarios próximos al régimen de Putin-. Ahora, se apresta a lograr que los países de la UE impidan que Rusia acceda al financiamiento de sus bancos y fondos de inversión. La entrada de tropas rusas en las dos repúblicas secesionistas ya configura que es el conflicto militar más importante de Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, al considerarla el presidente estadounidense una "invasión". Los movimientos de fuerzas soviéticas frente a las insurrecciones de países del pacto de Varsovia generaron movilización de tropas, pero no resistencia militar.

El resto del mundo sigue con interés el conflicto y no solo por sus efectos económicos como el que ya se registra en el precio del petróleo, el gas y los alimentos. Es que la OTAN se ha convertido en un actor militar global. A fines del siglo XX comenzó a actuar en Europa, fuera del territorio de sus países miembros. Lo hizo en el conflicto por la secesión de Kosovo entre Serbia y Albania. Pero la mayor operación de la OTAN fue la de Afganistán que duró 20 años con el empleo rotativo de cientos de miles de hombres y que culminó con la derrota que implicó que los talibanes retomaran el poder en el país y la desordenada retirada de las fuerzas occidentales. Las tropas de la OTAN estuvieron así 20 años en la frontera de China, limítrofe de Afganistán.

La diplomacia todavía está a tiempo de impedir la extensión del conflicto militar, pero debe moverse con rapidez. Mientras tanto, Europa, a través de las acciones del jefe del gobierno alemán y el presidente francés, seguirán intentando abrir una vía alternativa de negociación. Los últimos episodios militares en Ucrania, implican una guerra amplia y extendida, entre Rusia y Ucrania, que limitan los márgenes de la diplomacia.

Un acuerdo permanente podría exigir que el reclamo de Rusia de que la expansión de la OTAN retorne a 1997, sea transformada en retrotraer las bases permanentes que estableció en los países del pacto de Varsovia (seis en Polonia, uno en Rumania y otra en Lituania). El reclamo ruso de que la OTAN asuma el compromiso de no incorporar más países, podría transformarse en el compromiso unilateral de Ucrania y Georgia de no incorporarse a la alianza occidental por un determinado plazo (fue sugerido por Putin el 22 de febrero). El punto pasa a ser, en este caso, qué es lo que concede Rusia. Podría ser el repliegue de las bases militares permanentes que a partir de 1997 estableció en la frontera con Ucrania. La renegociación del acuerdo sobre misiles de corto y mediano alcance pendiente entre Rusia y Estados Unidos, podría integrarse en esta negociación.

Si la vía diplomática no aporta rápido una solución: la OTAN no entrará en Ucrania ni combatirá con las fuerzas rusas y se concentrará en armar a las tropas ucranianas para que resistan, mientras que las fuerzas rusas, asegurarán la independencia los separatistas del Donbass y buscará instalar un gobierno pro-ruso en Kiev, que neutralice el país con el modelo de Finlandia de posguerra.

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