Shock global, respuestas homogéneas y recesión sincronizada

Esta vez es diferente: la economía global sin GPS frente a un shock común

Uno de los temas más interesantes en los recientes debates del G20 y el FMI fue la creciente incertidumbre sobre la situación de la economía global y las dudas sobre cuáles políticas son adecuadas y que resultados podemos esperar.

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La mayoría de los hacedores de política piensa que la inflación es el mayor problema que enfrenta el mundo y que es prioritario pasar a una política monetaria fuertemente contractiva. 

El consenso dominante indica que se debe atender el gran aumento inflacionario causado por los shocks de oferta con un instrumento como la tasa de interés que opera, sobre todo, en el canal de la demanda. En este sentido, la Fed cumple el rol de líder en la suba de tasas, a pesar de que viene siendo acusada por algunos por reaccionar de manera tardía.

En los estudios sobre economía internacional son conocidos los probables efectos de una suba en la tasa de interés de la FED: desaceleración del crecimiento en EE.UU., retorno a EE.UU. de los flujos de capitales que fueron a emergentes, apreciación global del dólar, caída en el precio de los commodities devaluaciones en el resto e inflación adicional, y potencialmente estanflación en el resto del mundo.

Esto lo vimos en los 70, 80, 90 y 2000. En esos años, tasas de interés internacionales del 6-9% no asombraban a nadie.

¿Qué es diferente esta vez?

  1. El mundo es mucho más interdependiente que antes, los shocks se transmiten muy rápidamente y más por el canal financiero que por el comercial.
  2.  Esta vez no sólo la FED está subiendo tasas, son muchos los países que están replicando lo que hace el líder.
  3. En términos estilizados el mundo viene de una secuencia de tres grandes shocks: 1) la crisis Financiera Global (CFG) de 2007 que provocó una política monetaria hiper laxa, nunca normalizada completamente; 2) la pandemia que rompió las cadenas globales de suministro; 3) la guerra en Ucrania. El problema es que nos habíamos acostumbrado a vivir 16 años con tasas internacionales nulas o negativas.
  4. Existe incertidumbre respecto a cómo y en cuánto tiempo se manifestarán los spillovers o efectos cruzados entre países. Un riesgo importante es la probabilidad de que la política sea demasiado restrictiva y genere una fuerte recesión global. Es decir, que al subir la tasa todos simultáneamente, el resultado se pase de largo.
  5.  Los modelos globales que existen son inadecuados para evaluar esta coyuntura. Algo similar pasó con los modelos de Equilibrio General Dinámico Estocástico (DSGE) existentes en 2007, que no anticiparon la CFG ni podían evaluarla, dado que tenían pobremente representado al sector financiero y la heterogeneidad de los agentes económicos. Hoy los modelos tienen una pobre representación de los spillovers entre países en el canal financiero. 
  6. A diferencia de la CFG, no parece que podamos contar con China como locomotora global con tasas de crecimiento del 10% como en ese momento, hoy crece a menos del 4%.
  7. Es una gran incógnita qué rol jugarán las Instituciones Financieras no Bancarias (grandes fondos globales). Es un sector de poca transparencia cuya tenencia de activos está muy apalancada con deuda y que está escasamente regulado y supervisado.
  8.  En los países emergentes muy integrados financieramente el dilema es si, al aceptar la devaluación y suba de tasas domésticas, aumentará la percepción negativa respecto a la sostenibilidad de su deuda.
  9.  Para algunos países productores de commodities (Argentina entre ellos) hay una ventana de oportunidad generada por las preocupaciones globales por la seguridad energética y alimentaria y la creación de nuevas cadenas de suministro alternativas a las existentes.

En resumen, hoy en día el mundo plantea un conjunto de desafíos. Para los países avanzados, en términos de cómo atacar la inflación sin atentar contra el crecimiento y cómo solucionar las tensiones geopolíticas. Para los países emergentes y en desarrollo, el desafío pasa por cómo prevenir los efectos derrame de las políticas tomadas en el centro. 

Asimismo, el contexto también plantea oportunidades de mayor inserción en las cadenas globales de suministro de energía y alimentos para aquellos países productores de commodities. Este es el caso de nuestro país. Si esto fuera así, es probable que estemos ante una oportunidad única de dejar atrás las recurrentes crisis externas.

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