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Hay una cola afuera del kiosco. Son las ocho de la mañana y ya hay tres chicos esperando. No hacen fila para comprar una gaseosa ni sacar una fotocopia. Esperan figuritas.
Cada cuatro años pasa lo mismo: el mundo enloquece con un rectángulo de cartón de cinco centímetros. Y en esa pasión colectiva —que ya arrancó con el álbum del Mundial 2026— hay más economía de la que parece.
La oferta y la demanda tienen cara de Messi
El primer día de venta, los paquetes se agotan en cuestión de horas. El precio oficial es uno. El precio en el mercado secundario es otro. ¿Qué pasó? Nada raro: la demanda superó a la oferta, y el mercado encontró su propio equilibrio de manera espontánea, sin que nadie lo coordinara ni lo planificara.
Esto lo describió Adam Smith en el siglo XVIII, pero cualquier nene de diez años que fue a canjear figuritas al club ya lo sabe de forma intuitiva: oferta y demanda no son solo una teoría económica, sino que se trata de una descripción de cómo se comportan las personas cuando quieren algo y no alcanza para todos. No hace falta un manual ni un funcionario. El sistema se ordena solo.
El valor no está en la figurita: está en vos
¿Por qué la figurita de Julián Álvarez vale más que la del arquero suplente de Arabia Saudita? No porque cueste más fabricarla. Las dos salen del mismo proceso, del mismo cartón, de la misma tinta. El costo de producción es idéntico.
Cualquier nene de diez años que fue a canjear figuritas al club ya lo sabe de forma intuitiva: oferta y demanda no son solo una teoría económica, sino que se trata de una descripción de cómo se comportan las personas cuando quieren algo y no alcanza para todos
Vale más porque vos —y millones como vos— la desean más.
Esto es lo que se conoce como la teoría subjetiva del valor, y es una de las ideas más revolucionarias de la historia del pensamiento económico. Durante siglos, los economistas creyeron que el valor de algo dependía del trabajo que llevó producirlo. Esa idea, que Karl Marx llevó al extremo, fue enterrada en el siglo XIX por un grupo de economistas —Carl Menger, William Jevons, Léon Walras— que entendieron algo mucho más simple y mucho más verdadero: el valor no existe en los objetos. Lo asignan las personas.
La matemática del sobre
Acá viene la parte que nadie quiere escuchar, pero que cualquier coleccionista termina viviendo en carne propia.
El álbum del Mundial 2026 tiene 980 figuritas. Cada sobre trae 5. Si nunca salieran repetidas, la cuenta sería simple: 196 sobres y listo. Pero todos sabemos que eso no pasa. Las repetidas son inevitables, y la matemática nos permite estimar esto: completar el álbum requiere, en promedio, alrededor de 1420 sobres.
¿Por qué tantos? Porque la dificultad no es pareja a lo largo del álbum. Al principio, cada sobre es una fiesta: todo lo que abrís es nuevo. El problema aparece al final. Cuando ya tenés 900 figuritas de 980, cada sobre tiene apenas un 5% de chances de traerte algo que falta. El otro 95% va directo al mazo de repetidas. Cuanto más cerca estás de completarlo, más difícil es conseguir cada figurita nueva.
Al principio, cada sobre es una fiesta: todo lo que abrís es nuevo. El problema aparece al final. Cuanto más cerca estás de completarlo, más difícil es conseguir cada figurita nueva.
¿Y si lo que buscamos es la figurita de Messi en particular? Acá la estadística nos dice que la probabilidad de que aparezca en un sobre cualquiera es de apenas el 0,5%. Para tener un 50% de chances de haber recibido a Messi al menos una vez, necesitás abrir 136 sobres. Para llegar al 90% de probabilidad, hacen falta 451. Eso no es mala suerte: es matemática pura.
El canje, el dinero y los $80.000 de Messi
La plaza del barrio el domingo a la tarde es una bolsa de valores en miniatura. Se negocia, se estima, se especula. “Te doy dos repetidas por una que me falta.” “No, esa la necesito yo.”
Lo que ocurre ahí tiene nombre: es el trueque, la forma más antigua de comercio. Pero el trueque tiene un problema estructural: para que funcione, vos tenés que tener exactamente lo que yo quiero, y yo tengo que tener exactamente lo que vos querés. Cuando esa condición no se cumple, el intercambio no prospera.
La solución que inventó la humanidad hace miles de años es la misma que usan hoy los coleccionistas: aparece un mediador, aparece un precio, aparece el mercado. Y el mercado habló con claridad: la figurita de Messi ya se comercializa por $80.000. Los sobres salen $ 2000 cada uno. Nadie fijó ese precio. Nadie lo decretó. Surgió de forma espontánea de miles de conversaciones entre personas que querían algo y estaban dispuestas a pagar por ello. Este es el mercado en funcionamiento.
La figurita de Messi ya se comercializa por $ 80.000. Los sobres salen $ 2000 cada uno. Nadie fijó ese precio. Nadie lo decretó. Surgió de forma espontánea de miles de conversaciones entre personas que querían algo y estaban dispuestas a pagar por ello.
La economía está en el kiosco
La economía no pasa ni en los manuales ni en los ministerios. La economía es lo que pasa en la cola del kiosco a las ocho de la mañana, en la plaza del domingo, en la conversación de dos nenes que negocian sobre una figu.
El álbum del Mundial es un laboratorio económico que se reinventa cada cuatro años. Y lo más notable es que nadie lo estudió para poder participar: todos llegaron sabiendo las reglas de forma intuitiva, porque esas reglas son las de la naturaleza humana.
Oferta y demanda, valor subjetivo, precios emergentes, mercados espontáneos: todo eso lo entendió un nene de diez años sin haber estudiado economía. Quizás la mejor demostración de que el mercado resuelve no la encontremos en un libro. Quizás tengamos que mirar qué es lo que hacemos naturalmente cuando nos dejan intercambiar de forma voluntaria. Quizás tengamos que aprender más de la economía que viene a enseñarnos un álbum de figuritas.
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