Zoom Editorial

Lo que esperan los inversores de bonos argentinos es un país previsible

Hay un test que resulta infalible para medir el horizonte de la economía argentina. Se trata de preguntarle a un inversor (cualquier ahorrista, en realidad) si está dispuesto a comprar bonos soberanos. Cuando la respuesta es positiva, lo que obtenemos es una señal de confianza incontrastable. Si lo que vemos en las pizarras son números rojos para el país, como los que mostraba ayer Wall Street, la conclusión más lineal es que todavía falta bastante para que reaparezcan fondos o personas dispuestas a aceptar el riesgo argentino.

Vale reconocer que esta pregunta no proporciona una verdad general, debido a que los inversores también toman sus decisiones en función de otras variables. Pero sí revela el comportamiento de aquellos habituados a tomar riesgos, y que aceptan tasas de retorno altas aunque en algún momento pueda ocurrir un default o una reestructuración, como le pasó a los tenedores de títulos domésticos en 2019.

La otra pregunta que funciona como test de confianza es: ¿a qué precio estarías dispuesto a vender dólares? Por necesidad, muchos argentinos compran y venden solo porque consideran que es una alternativa más segura que cualquier opción en pesos, y porque además tienen que enfrentar obligaciones de pago con sus ahorros. Para ellos, el precio es el del momento. Pero muchos otros solo atesoran. No se detienen tanto en el precio, como en el hecho de saber qué pueden seguir comprando si en algún momento se presenta alguna opción para gastar esa tenencia. Son los que buscan oportunidades en el real estate, o aprovechan para cambiar el auto o viajar al exterior.

A la luz de lo que sucede por estos días en los mercados, la respuesta que entregan los precios de los activos no solo traduce falta de confianza, sino también de credibilidad. El presidente Alberto Fernández aseguró después de la derrota del oficialismo en las elecciones legislativas que promovería un acuerdo con la oposición para acelerar el acuerdo con el FMI. El ministro Martín Guzmán repite, cuando tiene la oportunidad de hablar en público, que el gobierno argentino no pretende devaluar. Y sin embargo, el riesgo país alcanzó un valor de 1776, el máximo desde que se cerró la reestructuración de la deuda en 2020.

Eso significa que el Gobierno repite gestos, pero sin ponerlos en el contexto correcto. El tiempo electoral ya pasó, y el Presidente en este momento al menos debería priorizar como foco la recuperación económica, un objetivo que también incluyó en sus últimos discursos. Para ello debe escuchar a las empresas, y saber qué necesitan para invertir y crear más empleo. No hay misterios. Previsiblidad, menos riesgo que mejore el acceso al financiamiento público y privado, un país estable con moneda. La discusión no puede ser eterna. En algún momento hay que resolver y definir.

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