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Hacía más de 60 años que un presidente de Estados Unidos no recibía en la pista de la Base Andrews a un líder extranjero, con la excepción de los papas. La última vez había sido en 1962, con el primer ministro británico Harold Macmillan. Trump hizo ahora lo mismo con su principal rival geopolítico. Hubo alfombra roja, guardia de honor, 21 salvas y sobrevuelo de bombarderos B-1B. En la Casa Blanca participaron después 479 militares, un B-2 Spirit y cuatro F-22.

Xi devolvió la gentileza con una definición contundente: “China y Estados Unidos deben ser socios, no rivales”. Y agregó que “la gran revitalización de la nación china y hacer a Estados Unidos grande otra vez pueden ir de la mano”. Trump volvió a hablar de su “gran amistad” con Xi y la tregua comercial se extendió hasta el 10 de enero.

Pero no hay alfombra roja ni promesa de fraternidad capaz de ocultar lo esencial. Estados Unidos y China son, muy por encima del resto, las dos grandes potencias mundiales. La competencia es estructural. Lo que está por definirse qué forma adoptará.

El grupo de los Dos

El economista C. Fred Bergsten propuso en 2004 el término G2 para referirse a Washington y Beijing. Su idea era que funcionaran como núcleo conductor de la economía mundial. Entonces se pensaba en una cogobernanza. El concepto describe hoy la extraordinaria concentración de poder en esos dos países.

Estados Unidos y China representan alrededor de 42% del PBI mundial. Alemania, tercera economía, apenas supera el 4%. China produce cerca de un tercio de todas las manufacturas y Estados Unidos otro 15%. En investigación y desarrollo, ambos concentran 59% de la inversión global.

Washington (United States), 24/09/2026.- United States President Donald J. Trump (C-L) speaks to the press after giving China's President Xi Jinping (C-R) a tour of the new White House helipad and the new Sikorsky VH-92 Patriot that serves as part of the new Marine One fleet during a State Visit on the South Lawn of the White House in Washington, DC, USA, 24 September 2026. President Xi is on a three-day state visit, marking his first trip to DC in 11 years. (Estados Unidos) EFE/EPA/Annabelle Gordon / POOL
Washington (United States), 24/09/2026.- United States President Donald J. Trump (C-L) speaks to the press after giving China's President Xi Jinping (C-R) a tour of the new White House helipad and the new Sikorsky VH-92 Patriot that serves as part of the new Marine One fleet during a State Visit on the South Lawn of the White House in Washington, DC, USA, 24 September 2026. President Xi is on a three-day state visit, marking his first trip to DC in 11 years. (Estados Unidos) EFE/EPA/Annabelle Gordon / POOL Fuente: EPA/CNP POOLAnnabelle Gordon / POOL

La distancia tecnológica es todavía mayor. China lidera 69 de las 74 tecnologías estratégicas relevadas por el Instituto Australiano de Política Estratégica. Estados Unidos produjo 59 modelos de IA notables en 2025 y China 35. Corea del Sur, tercera, apenas 8.

La diferencia de rendimiento entre sus mejores modelos prácticamente desapareció.

En la carrera espacial la concentración es aún más grande: realizaron entre los dos 83% de los lanzamientos orbitales de 2025. En poder militar la bipolaridad es menos perfecta, pero avanza en la misma dirección. Estados Unidos gastó u$s 954.000 millones en Defensa; China u$s 336.000 millones y Rusia u$s 190.000 millones. China ya tiene la mayor marina por cantidad de buques, pero está lejos en portaaviones y, sobre todo, en ojivas nucleares, único rubro en el que domina Rusia.

Confrontación inexorable

Eso no significa que la guerra sea inevitable. Sí que la competencia difícilmente pueda evitarse. Es el problema clásico de una potencia dominante frente a otra que asciende hasta acercarse a la paridad. Graham Allison popularizó esta dinámica como la “trampa de Tucídides”. Estudió 16 casos de los últimos 500 años en los que una potencia emergente amenazó con desplazar a otra: 12 terminaron en guerra y 4 lograron evitarla.

Taiwán es el punto más peligroso. Pero también lo son el mar de China Meridional, el ciberespacio, la IA y el comercio. Es una competencia por las reglas económicas, la supremacía tecnológica, las instituciones internacionales y el equilibrio militar.

Xi sostiene que la “trampa de Tucídides puede ser superada”. Su fórmula es que la cooperación sea la corriente principal, la competencia se mantenga dentro de límites adecuados y las diferencias sean manejables para que la paz prevalezca. Es lo que dice públicamente. Rush Doshi, autor de The Long Game, estudió documentos oficiales chinos y sostiene que Beijing sigue desde hace tiempo una estrategia de largo plazo para reducir el poder estadounidense.

La apuesta naval de Taiwán con una nueva generación de submarinos.
La apuesta naval de Taiwán con una nueva generación de submarinos.Fuente: ShutterstockShutterstock

El mejor escenario sería lo que Kevin Rudd llama “competencia estratégica administrada”. No implica amistad ni renunciar a la disputa. Supone reconocer líneas rojas, mantener canales militares y evitar que una colisión entre barcos, un ciberataque o una crisis por Taiwán desencadenen una guerra que ninguno buscaba.

El desacople seguirá avanzando donde cada país considere que está en juego su seguridad. Semiconductores, IA, computación avanzada, telecomunicaciones y tecnologías militares estarán cada vez más restringidos. En el resto puede sobrevivir una interdependencia enorme.

Estados Unidos y la Unión Soviética casi no comerciaban. Estados Unidos y China intercambiaron cerca de u$s 500.000 millones el año pasado. Pero hay un escenario alternativo, el de una competencia no administrada que llevaría a la creación de ecosistemas económicos separados. Un ejercicio del FMI sobre una fragmentación del mundo entre grandes bloques estimó pérdidas permanentes de alrededor de 3% del PBI mundial.

Argentina entre los imperios

China sigue siendo indispensable: en 2025 fue el segundo destino de las exportaciones y prácticamente empató con Brasil como principal proveedor. El intercambio bilateral rondó u$s 27.600 millones y continúa siendo bastante mayor que el comercio con Estados Unidos.

El alineamiento con Washington no obliga a romper esa relación. El swap con Beijing fue renovado y las empresas chinas siguen siendo centrales en el litio.

Donald Trump y Javier Milei en Davos
Donald Trump y Javier Milei en Davos

Pero las líneas rojas aparecen en los sectores estratégicos. Argentina eligió F-16 estadounidenses en lugar de cazas chinos. Una nueva estación espacial china como la de Neuquén sería hoy mucho más difícil. Washington busca además integrar telecomunicaciones, infraestructura digital, minerales críticos y energía al ecosistema occidental.

El acuerdo anunciado esta semana lo muestra. El banco EXIM podrá movilizar hasta u$s 7.000 millones hasta 2027 para minerales críticos, energía, redes, conectividad digital y tecnología. No busca solamente comprar productos argentinos: busca orientar infraestructura y cadenas estratégicas hacia Occidente.