Opinión

Elecciones: el retorno de la historia

Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 13 de agosto mostraron que la política argentina parecía encontrarse viviendo un proceso de cambio inédito.

El electorado se definió en tres tercios prácticamente equivalentes. Quedó primero un outsider libertario (29,86%), un fenómeno político nuevo para la Argentina. El segundo lugar lo obtuvo una candidata de centroderecha sustentada por una coalición diversa (28%), donde convergieron sectores liberales con el tradicional partido radical. Y en el tercero se ubicó el peronismo (27,28%), eje principal de la política argentina desde 1946, que se denominó Unión por la Patria para esta elección.

Que una fuerza política con dos años de existencia como La Libertad Avanza, cuya única referencia política para su candidato presidencial Javier Milei, eran el ex presidente Donald Trump de Estados Unidos, Jair Bolsonaro de Brasil y el partido Vox de España, era un hecho realmente novedoso, lo que se sumaba a las características poco ortodoxas de su aspecto y discurso.

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Que al mismo tiempo el peronismo en el poder ocupara un tercer lugar era un hecho también inédito. Esta fuerza política tenía también una particularidad: con una inflación que superaba el 12% mensual y un nivel de pobreza sin antecedentes desde el año 2002, el ministro de Economía era su candidato a presidente. Por su parte, Patricia Bullrich se imponía en el mismo acto en la primaria por la candidatura de su espacio. Pero éste estaba lejos del primer lugar que se había esperado, que era de aproximadamente cinco o seis puntos.

Todos estos hechos en conjunto planteaban que la elección presidencial de 2023 podía ser la disrupción del ciclo político iniciado en 1946, cuando irrumpió el peronismo en la escena política nacional.

La primera vuelta realizada el 22 de octubre mostró todo lo contrario. El retorno de la explicación histórica dominando a las tendencias hacia el cambio que habían emergido en las PASO.

Ante todo confirmó la fenomenal resiliencia del peronismo, que en los setenta días entre las PASO y la primera vuelta pasó del 27,3% al 36,68%. Milei quedó en un segundo lugar, sacando prácticamente los mismos votos (creció sólo 0,12%), mientras que Bullrich bajó al 23,83% y perdió 4,17%.

El peronismo resurgió sorpresivamente, confirmando que sigue vigente como eje principal de la política argentina, y lo hizo pese al saldo negativo de su gestión económica y a las aspiraciones sociales insatisfechas. Es que nunca enfrentó una elección presidencial en una situación tan desfavorable mientras ejercía el poder.

Además, importantes casos de corrupción afectaron a su dirigencia en los días inmediatamente anteriores a la elección.

El peronismo reconstruyó su coalición electoral, que tiene dos componentes principales: el conurbano bonaerense y las provincias del norte del país. En el primero, ganó en treinta y cuatro de los cuarenta municipios del conurbano amplio, mejorando los resultados de las PASO. Al mismo tiempo se impuso en la casi totalidad de las provincias del norte del país, revirtiendo los resultados de las primarias. Es la ecuación de poder tradicional del peronismo durante casi ocho décadas.

La cultura peronista mostró una vez más la fenomenal capacidad que le genera la posibilidad de obtener, retener o recuperar el poder. Quizás hubo una percepción de que un nuevo fracaso electoral podía dejar a esta fuerza política sin el rol que históricamente ha tenido desde 1946.

Mirando hacia adelante, Sergio Massa podrá ganar o perder la segunda vuelta del 19 de noviembre. Pero algo es seguro: el peronismo seguirá siendo la fuerza dominante en el sistema político argentino. Es que ya queda con el control político de la provincia de Buenos Aires, su bastión de poder decisivo en términos territoriales, y un Senado donde está a sólo dos bancas del quórum propio, y en la que ocho senadores independientes estarán proclives a negociar.

A su vez, en las fuerzas no peronistas se mostró un problema constante: la incapacidad de unificarse en términos electorales. Puede decirse que han votado a expresiones políticas antikirchneristas quienes lo han hecho por La Libertad Avanza, Juntos por el Cambio y Hacemos por Nuestro País. En conjunto reúnen el 61% de los votos, veinticinco puntos más que el peronismo. Pero son tres fuerzas políticas diferentes, a las cuales les está resultando difícil conciliar esfuerzos, como lo muestra la reciente implosión de Juntos por el Cambio. No le será fácil sobrevivir a ese difícil momento.

En cuanto a Milei, tiene por delante un desafío con muy pocos antecedentes históricos para observar. Es realmente un fenómeno disruptivo y no le están resultando fáciles negociaciones o acuerdos con el resto de las fuerzas antikirchneristas. Tendrá que confiar en la independencia y autonomía de los votantes para poder imponerse en la segunda vuelta.

La simbiosis entre peronismo y kirchnerismo puede jugar un papel importante en la estrategia electoral de Sergio Massa. Es claro que intenta abrir una nueva etapa política para el peronismo, diferenciándose del kirchnerismo. Parece imaginar que al cumplirse los cuarenta años de democracia, el peronismo se encuentra frente a un tercer ciclo. El primero fue el de Menem, el segundo de los Kirchner y el tercero el que personifica él.

Pero la política es cada vez más volátil y sorprendente, especialmente en Argentina. El "efecto ganador" que jugaba a favor de Juntos por el Cambio, fracasó en las PASO. El mismo efecto que jugaba a favor de Javier Milei en la primera vuelta no tuvo efecto. Ahora, el efecto ganador favorece a Sergio Massa. En la mayoría de la dirigencia predomina la idea de que será el próximo presidente. Pero el tema es que dirán finalmente los votantes.

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Comentarios

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  • RTM

    Ramón Teo Martino

    Hace 5 minutos

    siempre tan claro Rosendo Fraga, evadiendo grietas y analizando objetivamente la realidad política

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